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“Dios estuvo ahí”: ¿Milagro en el subte argentino?

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Pericia, responsabilidad laboral, y según una de sus protagonistas, algo más

Podría haber sido una mañana trágica en el subte (metro) de Buenos Aires. A la altura de la Estación Pueyrredón de la línea D, un hombre se desmayó en el andén, cayó hacia adelante, y empujó involuntariamente a otra pasajera, que cayó en las vías y perdió la conciencia.

A metros ya se oía y asomaba la luz de una formación próxima a ingresar a la estación. Decenas de pasajeros comenzaron a indicar visualmente al conductor del vehículo que inmediatamente activó el protocolo de detención de emergencias y detuvo la formación a no más de dos metros del cuerpo, que yacía desplomado.

 

 

Las imágenes fueron grabadas por las cámaras de seguridad, que retrataron además la valentía de varios pasajeros que expusieron su cuerpo para indicar al conductor, en este caso Roxana Elizabeth Flores, que se detenga. Ella hizo lo que podría haber hecho cualquiera, expresó después, activando los mecanismos de freno según el protocolo de emergencia.

Pero según ella hubo algo más: “Pienso que hubo una ayuda de Dios porque podría haber habido grasa en la vía, podía no haber reaccionado bien yo, o pasado cualquier otra cosa. La forma que ella cayó, se golpeó sobre el riel y no se desnucó. Fue un verdadero milagro”, expresó al diario La Nación.

El engrasado de las vías se utiliza para evitar tradicional chillido, muy molesto para los oídos, al iniciarse su frenado antes de cada estación. En otra entrevista comparó con poner el pie arriba de un jabón, por lo que la frenada podría haber sido un poco más larga. No obstante, pudo frenar a tiempo. “Dios estuvo ahí”, insistió en el diario Clarín.

Más allá de un milagro o asistencia divina o no, resaltó la pericia, el conocimiento de los protocolos, y la rápida reacción de la conductora del tren Roxana. Las normas para evitar accidentes en la conducción de todo tipo de vehículos, sean de uso privado o profesional para el transporte de pasajeros o carga, como estas, son imprescindibles.

Respeto de velocidades prudenciales, atención a la señalización, focalización en la conducción y no en distractores como pueden ser celulares o diálogo con acompañantes, conducir descansado y sin haber consumido ningún tipo de sustancia que altere la concentración, son todas pautas fundamentales que salvan vidas, como fue el caso.

Con ayuda divina o no, la prudencia y la pericia en la conducción, más allá de salvar una vida, resguardó a Roxana de un mal recuerdo que persigue a decenas de conductores que sufren un fuerte trauma cada vez que alguien buscando acabar con su propia vida o por accidente cae en las vías y es arrollado.

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