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Muere Jacques Chirac: Pasó por todo y le pasó de todo

JACQUES CHIRAC
Shutterstock | Oxana Photography
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El exitoso político fue dos veces primer ministro, presidente de Francia y alcalde de París

A pesar de haberse formado en la elitista Escuela Nacional de Administración, se abrió paso en política defendiendo los intereses del campesinado francés.

Siempre fue un político que se movió con habilidad. Militó en las filas del «gaullismo» -los seguidores de De Gaulle- y trabajó con Georges Pompidou y con  Valéry Giscard d’Estaing. No obstante, en las presidenciales de 1981, Chirac dio su votación (18%) en favor del Mitterrand, convirtiéndose el izquierdista en presidente de Francia.

En su larga carrera política, durante la cual pasó por todos los cargos, no faltó un atentado, justamente el Día Nacional de Francia (14-07-2002), cuando un ultraderechista de 25 años realizó un disparo al paso del presidente francés, que iniciaba su revista de tropas de pie, en coche descubierto, por la avenida parisiense de los Campos Elíseos. El agresor era un militante de Gud, un grupo de extrema derecha vinculado a la Universidad de Panthéon-Assas, marcadamente conservadora. El ministro del Interior de la época, Nicolas Sarkozy, confirmó que el detenido había reconocido que intentaba matar al presidente y suicidarse después.

Triunfos y derrotas

Tuvo vivencias gloriosas, pero también dramáticas. La prensa francesa, irónica y punzante, lo llamó “Camaleón Bonaparte” al preguntarse “¿Cuál es el verdadero pensamiento de Chirac? ¿Realmente es el gaullista más brillante de la historia contemporánea francesa? ¿O simplemente es, como le llama la prensa más ruda, La Girouette (La Veleta)?”. Decían que era un auténtico animal político que devoraba las ideas de otros por lo que Brice Lalonde, ex ministra del Medio Ambiente, criticaba a la poca iniciativa ideológica del presidente francés, atribuida a su carencia de ideas propias.

Trayectoria turbulenta

Lorenzo Bernardo de Quirós, analista del Cato Institute, lo define entre indefiniciones: “¿Será Chirac un reformador liberal? En los cincuenta fue un simpatizante comunista; en los sesenta un gaullista a la Pompidou; en los setenta abogó por un laborismo a la francesa; en los ochenta y en los noventa su discurso fue siempre pro marcado en la oposición, aunque jamás lo llevó a la práctica una vez en el gobierno. En el líder del RPR (Reagrupamiento por la República) siempre ha privado, hasta ahora, el deseo de obtener el poder y conservarlo a cualquier precio”.

La carrera ascendente de Chirac – escribe Martin Moreno en Nexos-sorprendía a la sofisticada clase política francesa de los sesenta que lo veía como un valor importante, refrescante, acorde a los nuevos tiempos.

1967 marcaría el despegue definitivo: Chirac alcanzaba una diputación por su natal Corréze, legislatura que solamente ejercería un año porque, a los 36 años de edad, era nombrado secretario de Estado de Empleo, donde demostraría que su capacidad de conciliación era lo suficientemente fuerte para enfrentar las duras embestidas del radical sindicalismo francés. Los primeros años de los setenta, como ministro de Agricultura, comenzó a ganar simpatías entre las organizaciones agrícolas al defender sus intereses en el Mercado Común. Su figura se consolidaba.

Gana en el 2002, compactando a la derecha, con más del 80% de los votos y así Jacques Chirac completa así sus objetivos políticos y ocupa la totalidad del poder.

El poder no es eterno

Pero sus apoyos mermaron debido el choque de posturas entre Francia y Estados Unidos por la guerra contra Irak luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre. El gobierno de Chirac impugnaba la alianza bélica contra Hussein. Otro de los factores que lo rebajó en el reconocimiento popular fue su postura dubitativa y cautelosa de los costos políticos ante la Constitución europea. También vio sus acciones bajar hasta vapuleos electorales que –aunque vivió clamorosos triunfos-  le mostraron el rechazo del pueblo francés.

Pero fue su actuación como alcalde de París la que produjo controversia. Como casi ningún político de nuestros días, no escapó a la persecución de los adversarios ni se salvó de la condena. El Tribunal Correccional de París condenó hoy al ex presidente de Francia Jacques Chirac a dos años de prisión exentos de cumplimiento por malversación de fondos públicos, abuso de confianza y apropiación indebida.

A pesar de la que la Fiscalía había pedido su absolución, Chirac, entonces de 79 años, se convirtió así en el primer ex jefe de Estado francés condenado por la Justicia. La acusación estuvo basada en su supuesta relación con la creación de empleos ficticios en el Ayuntamiento de París con intereses partidistas cuando era alcalde.

Deslices y renuncias

Casado con Bernadette Chodron de Courcel, formó uno de los matrimonios más duraderos de la política francesa y con ella tuvo dos hijas, Laurence y Claude, familia que cerró filas siempre con él. Aunque en su última biografía confesó que había sido infiel a su mujer y que admiraba a Mitterand. Durante el debate por la Eutanasia en Francia, dejó saber su criterio cuando un  joven enfermo  que deseaba morir le envió una carta pidiendo su ayuda. El jefe del Estado «no tiene poder para decidir que se ayude a alguien a morir».

Su amor imposible fue la periodista Jacqueline Chabridon.  Muy a su pesar, pues estaba enamorado de verdad, la dejó para continuar con su carrera hacia la cumbre política. Era inconcebible entonces un presidente divorciado. Las cartas que le envió fueron robadas por la mafia y por ellas se sabe que Jacqueline intentó suicidarse, que luego  se casó con el prestigioso neurólogo Olivier Lyon-Caen quien, a su vez, fue uno de los médicos que atienden a Chirac, aquejado de alzheimer. Ironías de la vida y de la política.

Pasó por todo y le pasó de todo pero,  igual, ya es un nombre escrito con tinta indeleble en la historia de Francia.

 

 

 

 

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