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Venezuela: Los profesores se mueren de hambre

VENEZUELA
Lisandro Casañas
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Impactante testimonio: el educador que pierde hasta 35 kilos por falta de proteínas

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

“Estos son mis zapatos después de servirle dignamente al país durante cuarenta años. Lamentablemente he perdido hasta treinta y cinco kilos de peso porque no he podido consumir proteínas. A veces ando hediondo como un gorila porque no puedo comprar el jabón para lavar los interiores. Vean esto señores, venía del liceo a dar una clase gratuita y se me rompieron los zapatos. Cuando fui a comprar un par nuevo tenía que dejar de comer por 3 años, vi un pedazo de caucho cerca de mi casa, lo trabajé con un esmeril, los fabriqué, y aquí tengo un año con ellos”.

Así describía Ángel Obando, la terrible realidad que viven los educadores en Venezuela. Fue el lunes 16 de septiembre, durante una protesta en la que participó frente al ministerio de educación, en Caracas. El profesional de la enseñanza levantaba su mano derecha y mostraba ante los medios, el calzado hecho con los restos de unas llantas para paliar la imposibilidad de comprarlos nuevos. El sueldo no le alcanza ni siquiera para comer.

En conversación con Aleteia, Obando ratificó su reclamo y dijo que en medio de esta crisis, “aprovechar materiales de desecho pudiera convertirse en manera de dar respuesta a la crisis”; sin embargo, “el Estado Venezolano debe tomar en cuenta nuestras exigencias y respetar nuestra dignidad”. Otros docentes también mostraron sus desgastados zapatos junto a pancartas alusivas a la realidad educativa en Venezuela: “El sueldo sólo me alcanza para pagar el pasaje”; y “Maestros exprés proyecto 2019-2020 que destruye la educación y el futuro del país”, se podía leer entre los muchos carteles que enarbolaron.

Lamentablemente debemos reconocer que nuestra educación se encuentra por el piso”, expresó el profesor Norman Machado. El profesional reclamaba duramente a un grupo de funcionarios de seguridad, que les intentaba cerrar el paso hacia la vicepresidencia de la república: “Igual que ustedes, nosotros queremos salarios dignos y mejoras en las condiciones de trabajo porque esto afecta no solo a los educadores sino principalmente a los escolares. El ministro debe escuchar nuestro clamor”.

Los docentes protestaron en los 23 estados del país, por sus derechos contractuales. En Caracas se apostaron  frente a la sede del ministerio de educación donde forcejearon con un grupo de jóvenes oficialistas que se identificaron como miembros de la “Chamaba juvenil”, el organismo del que están surgiendo los rechazados “maestros exprés”.

Raquel Figueroa, del movimiento educativo Simón Rodríguez, informó a Aleteia que esta protesta estaba denominada “Salvemos la Educación”. Ello, porque el ministro de educación, Aristóbulo Istúriz, ejecuta una política de ilusión en el inicio de clases al hacer ver que todo marcha a la perfección, con infraestructuras bien dotadas, los niños con sus uniformes y útiles escolares listos para empezar un nuevo ciclo escolar.

“La realidad es que “el 70% de la infraestructura escolar no cuentan con condiciones para ser utilizadas: los baños están dañados, hay filtraciones, los pisos están agrietados, no hay pupitres, no hay agua, ni luz, los pizarrones lucen sin pintura”, aseguró.

Lamentó que la crisis del país ha obligado a que muchos profesionales abandonen sus puestos de empleo en búsqueda de nuevas oportunidades y calidad de vida. “Entre 2017 y 2018 hubo una migración de profesores del 20%, y entre el periodo escolar  de 2018-2019 se incrementó a 30%”. “En este nuevo año la situación se agravará”, sostuvo.

“Con hambre y miseria no hay educación”

La profesora jubilada Nubia Febres es otro reflejo de la crisis educativa y humanitaria en Venezuela. En sus manos portaba una pancarta que decía: “con hambre y miseria no hay educación. Aristóbulo Istúriz es un cómplice del abuso de poder en contra de los derechos humanos”. Con tristeza dijo a Aleteia que “los docentes están pasando hambre pareja por los bajos salarios que devengan”, lo cual les impide hacer las comidas de manera balanceada. “Muchos sufren de desnutrición, y visten prendas harapientas”, añadió.

Febres también mostró preocupación por las dificultades económicas que atraviesan los padres y representantes para poder alimentar a sus hijos y enviarlos a las escuelas. Confesó que en su ejercicio de 25 años cumplió los roles de docente, sub directora y directora de varios centros de enseñanza en Caracas, y destacó las excelentes condiciones de vida y de profesión que tenían sus colegas. “Hoy sólo prevalece la decadencia y la politización”.

La educadora acusó al ministro Aristóbulo Istúriz de ser “un vende patria, por introducir en las escuelas personal pirata que no está capacitado intelectual y pedagógicamente”, en lugar de atender las necesidades que impulsaron al éxodo masivo de profesionales de la educación. Iguales criterios planteó a Aleteia Alberto Centeno, profesor jubilado de la Universidad Simón Bolívar, quien denunció la creación desde el despacho ministerial de un diplomado para adiestrar a los futuros “docentes exprés” que sustituirán al personal que ha abandonado sus puestos de empleo por buscar mejoras salariales en el exterior.

Yekcim Otero, con 17 años como docente, contó su drama económico para enfrentar su día a día en medio de la crisis que padece Venezuela. El salario que recibo como educadora no me alcanza para comprar comida, mucho menos para hacer frente a la enfermedad renal que padece una de mis hijas morochas de nueve años; y menos aún para invertir en los útiles y uniformes de ellas en el inicio del nuevo año escolar”.

Funcionarios de la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana impidieron que los educadores se acercaran al Palacio de Miraflores donde pretendían llegar, luego de cumplir su primera fase de protesta frente al Ministerio de Educación. Burlando el cerco militar, decidieron bajar por un costado del Banco Central de Venezuela en dirección a la Vicepresidencia Ejecutiva pero un contingente de la GNB una vez más obstaculizó el paso.

Aunque la protesta se inició de manera pacífica por parte de los educadores, terminó con detonaciones de “motorizados colectivos” que intentaron amedrentarlos. Los manifestantes le reclamaron al piquete de la GNB y la PNB, sin embargo, éstos no impidieron que los violentos grupos oficialistas atentaran contra la vida de los profesionales de la enseñanza.

 

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