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Pareja: Ser para el otro no significa ser “propiedad” del otro

possessive love
Dean Drobot
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En el matrimonio, lo que se entrega plena y totalmente es desde la libertad de ser uno mismo, de construirse responsablemente a sí mismo

En consultoría la joven mujer contaba:

– En mi matrimonio me he esforzado por una entrega plena y total, segura de que de esa manera gozaría de la admiración y amor de mi esposo.

Y… está sucediendo precisamente lo contrario.

– ¿A que le llama entrega plena y total? —Le pregunte.

– Bueno, que por ayudarlo a subir profesional y socialmente, no solo deje mis proyectos personales, sino que he concedido en hacer muchas cosas que no me gustan, algunas contra mi conciencia, como no tener hijos para conservar mi figura y así ser su carta de presentación en su empresa y vida social, entre otras cosas.

– Disculpe, pero eso es lo contrario a una entrega plena y total en el matrimonio —le aclare.

Su silencio y expresión fueron muy elocuentes.

– Por favor explíqueme —sugirió con gravedad en su voz. 

– Pasa que, en el matrimonio, lo que se entrega plena y totalmente es desde la libertad de ser uno mismo, de construirse responsablemente a sí mismo.

¿Cuáles son los malos entendidos que ha comunicado a su esposo?

Busquemos la respuesta en la dignidad de la persona y la inconmensurable libertad en el concurso del amor humano.

  • Dios ha querido que la persona sea libre de y para los demás, pues solo de esa manera puede hacerse a sí misma de la forma que desee hacerlo, para convertirse así en un bien digno de ser amado.
  • Significa que, si se pierde esta libertad, se pierde la capacidad de donación y de amar plena y totalmente.
  • Es por ello que, en el matrimonio, debe tratarse al otro como un fin en sí mismo, respetando y promoviendo su libertad de ser y realizarse, pues si se quiere el bien del otro, esto es lo que hace bueno al otro.
  • Así, en la madurez del amor, los esposos, al reconocer el bien que se han hecho, en esa medida se querrán.
  • Por ello, lo más sensato entre quienes se han propuesto amarse, es respetarse, comunicarse con toda delicadeza y afecto, querer siempre el bien del otro, porque es el medio de asegurarse que el querer entre ellos va a ir en aumento, y se va a optimizar la calidad de su propio amor.

Por el contrario, están sucediendo delicadas cosas como:

  • Está permitiendo que su esposo la vea como alguien que ha rechazado la dignidad de ser un fin en sí misma, y no medio para otra persona, aunque se trate del cónyuge y sea por amor.
  • Con ello está rechazando su libertad personal para construirse a sí misma.
  • Como su esposo no reconoce esa “libre construcción”, la ve simplemente como un instrumento facilitador respecto de sus propios intereses, y eso lo está alejando del amor personal que le debe en justicia.

¿Por qué se acaba el amor?

  • Primero porque la voluntad está hecha para querer el bien.
  • Luego, como solo se ama lo que se conoce, y si lo que se conoce no es un bien, eso dispone a la voluntad para rechazarlo o demeritarlo, en vez de conquistarlo, cuidarlo y acrecentarlo. 
  • Eso explica el que, cuando un cónyuge logra que el otro sea indigno, ya no es capaz de querer lo que él mismo hizo.
  • También que el cónyuge indigno e instrumentalizado no puede verse forzado a amar a quien, por denigrarlo, se ha denigrado a sí mismo, pues finalmente con tan poco no ha de conformarse el anhelo del corazón.

La conclusión es que en la medida en que cambie su enfoque y se perfeccione, más libre será, y podrá conjugar su amor, lo mismo con una sana independencia que con una sana dependencia. De esa manera puede lograr ser sensible y a la vez fuerte, es decir, tener la bondad de decir que si porque conviene y así lo desea, como decir que no tranquilamente.

Conservando su libertad de y para su esposo.

Piense que eso es lo que lo hará verdaderamente atractiva ante sus ojos, pues terminará por reconocer y admirar que, si bien su cariño la hace ser vulnerable, su dignidad en cambio la hace ser fuerte.

Debe por ello superar su forma de comunicar.

Y como comunicar es sinónimo de compartir, debe expresar con claridad lo que piensa, siente y desea, punto por punto, en todo lo que le afecta, admitiendo que mientras se van logrando cambios, se puede conceder sin ceder.  Abordado puntualmente temas como: malos entendidos a superar, proyectos personales, valores a compartir, los hijos… y más.

Se trata de pasar de un y un yo a un nosotros, subrayando lo hasta que hoy los une y no lo que los separa, para ahora si construir un proyecto común y un mismo afán, desde sus mutuas libertades comprometidas por amor.

Mi consultora comprendió, dispuesta a recomenzar por el camino correcto.

Consúltanos en: consultorio@aleteia.org

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