Dulce Jesús, dulce amor, dulce esperanza, dulce corazón mío, dulce Señor de todo mi camino...
José de Cupertino fue un santo muy “distraído” que tenía muchas dificultades en los estudios. Por eso es el patrón de los estudiantes.
Sin embargo llegó a ser muy conocido por sus grandes dotes místicas: dicen que podía “volar” elevándose del suelo cuando se encontraba en éxtasis, tenía el don de la bilocación, podía curar tan solo haciendo la señal de la Cruz, podía exorcizar los demonios, podía comunicarse con los animales, podía leer en los corazones de la gente, y tenía el don de la profecía, llegando a predecir el futuro de tres papas.
Todo esto gracias al gran y humilde amor que el santo tenía por su buen Jesús…
¡Oh, mi buen Jesús!
Dame tu amor,
para que pueda aquí abajo,
servirte con fervor,
y no ofenderte más,
mi querido Señor.
Y en la otra vida después
disfrutar con tus santos
allá arriba en el Paraíso
tu dulce y bello rostro.
Dulce Jesús, dulce amor,
dulce esperanza, dulce corazón mío,
dulce Señor de todo mi camino,
dulce Señor del alma mía,
dulce Jesús, dulce Jesús,
toma mi corazón y no me lo devuelvas más.

Te puede interesar:
5 santos que podían volar
Fuente: «Le più belle preghiere dei santi», Francesco M. Mocelli, pag. 220