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Ecología: Cuando los niños dan la voz de alarma

GRETA THURNBERG
@GretaThunberg
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El fenómeno "Greta Thunberg", más allá de los intereses mediáticos, pone de manifiesto que las nuevas generaciones están muy preocupadas por el planeta

El viaje a través del Atlántico en un velero cero emisiones; la llegada a Nueva York, la protesta frente a Naciones Unidas, las huelgas de los viernes frente a los ayuntamientos de muchos países del mundo para exigir una política de uso de energías cien por ciento limpias, han hecho de Greta Thunberg , de 16 años, una celebridad.

La próxima semana en la que los líderes mundiales se reunirán en Nueva York para discutir el cambio climático que estamos experimentando (la Amazonía y África son pasto de las llamas; Groenlandia se está derritiendo, las Bahamas por poco desaparecen al paso del huracán Dorian…), Greta quiere demostrar el apoyo masivo a los niños y jóvenes que se están movilizando por el clima y a su lucha por un planeta habitable.

“Es un momento crucial –el Acuerdo de París requiere que cada país lance un plan concreto para abordar la emergencia climática– pero no será posible sin una presión pública masiva”, escribe Christoph Schott en la página web Avaaz.

En 2018, Greta y cerca de dos millones de niños y adolescentes lideraron huelgas escolares exigiendo un nuevo modelo de lo que llaman “justicia climática”. La idea es que las autoridades políticas de todo el mundo lleguen a un acuerdo y pongan fin a la era de los combustibles fósiles.

Y Greta no se anda por las ramas. Aprovechando los reflectores que han caído en su persona y el movimiento mundial que encabeza, ha propuesto, junto con miles de movimientos ecologistas, el 20 de septiembre de 2019 una huelga general por el clima.

La idea es que la ONU y los gobernantes de todo el planeta sientan la presión ciudadana, especialmente de los niños y los adolescentes, “para que declaren la emergencia climática y tomen medidas urgentes para que el mundo realice una transición hacia el uso de energías 100% limpias”.

De abajo para arriba

“Digamos que es un momento de enseñanza”, escriben en el periódico inglés The Guardian, Jonathan Isham, profesor de economía y estudios ambientales en Middlebury College y Lee Smithey, profesor de estudios de Paz y Conflicto y Sociología en Swarthmore College, sobre el propósito del viaje de Greta a Nueva York (mismo que seguirá por América Latina).

Los dos profesores ingleses reconocen, en su reflexión, que han aprendido mucho en los últimos quince años de sus estudiantes de Middlebury y Swarthmore sobre justicia climática. “A la vanguardia del movimiento climático, recuerdan Isham y Smithey, lanzaron la campaña mundial de desinversión en combustibles fósiles y fundaron 350.org y el Movimiento Sunrise”.

Pero no solo son estudiantes los que han enseñado justicia climática a sus profesores. También ha habido jóvenes activistas mujeres y hombres “cafés, negros e indígenas, que se han enfrentado valientemente a las poderosas compañías de combustibles fósiles” y que “nos han enseñado cómo se cruzan todas las luchas por la justicia”.

Por ello, dicen los profesores ingleses en su texto de The Guardian, el 20 de septiembre, “planeamos unirnos a la juventud en todas partes, cancelar nuestras clases y hacer huelga”.

Además, con otros siete profesores emitieron una carta abierta “que apela a colegas educadores de todas partes: deje de lado sus notas de enseñanza y únase a sus estudiantes en un evento de huelga climática cerca de ustedes” .

Isham y Smithey reconocen que muchos profesores y directivos pueden oponerse a la huelga argumentando que no enseñar es rechazar el aprendizaje y que el tiempo escolar es precioso, pero no están de acuerdo: “Hacer huelga en nombre de la justicia climática es un rotundo respaldo al aprendizaje”.

¿Por qué? Porque “resulta que los jóvenes del mundo han estado escuchando a sus maestros todo el tiempo” y ahora, a través de su acción, toca a los maestros escucharlos y aprender pues, finalmente, dicen los autores del texto, “todos nosotros, tenemos mucho más que aprender sobre la disrupción climática y la injusticia”.

Sobre todo porque “las campanas de alarma siguen sonando, cada año más fuerte”.

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