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Triduo del Milagro en Salta: Revivir tradiciones renovando la fe

Arzobispado de Salta
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La gran fiesta de la fe del noreste argentino

No es como todos los años, aunque el rito parezca el mismo, porque el corazón de los peregrinos nunca es el mismo. El corazón de la fe de los argentinos por estos días es Salta y no hay duda alguna. Decenas de miles participan del triduo del Milagro, la gran fiesta de la fe del noroeste, preparando el corazón para el acto de renovación del pacto de fidelidad, ese que sella la protección de la Virgen y el Señor.

Primero la Virgen, que ya tuvo su fiesta en este triduo el viernes en la Solemnidad de la Virgen del Milagro, ante quien, como proclamó el obispo Oscar Ojea, presidente de la Conferencia Episcopal llegado a Salta para la celebración, “en este momento tan delicado de la vida de nuestra Patria queremos ponernos bajo su mirada maternal y dejarnos mirar largamente frente a su rostro amoroso”. Su mirada, la misma que dio nacimiento a esta maravillosa fiesta de la fe.

 

 

Fue el día de la Procesión de la Penitencia en torno a la plaza 9 de Julio, acto que se recrea desde 1692 tras los terremotos que dan origen a esta historia de fidelidad entre los salteños y la Virgen y el Señor del Milagro. Acompañó la edición de la procesión de este año, además de obispos locales, Octavio Ruiz Arenas, secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.

Varios días habían caminado para llegar a tiempo para esta procesión los 500 peregrinos desde Molinos. 280 kilómetros a caballo los llegados desde Catamarca. 150 llegaron el jueves también desde Rosario de la Frontera. Y así, grupos de a decenas, centenas, y hasta miles, como los arribados desde Cerrillos. Se esperan más de 30 mil peregrinos, que sumados a los locales, pueden hacer cientos de miles el domingo.

 

 

La llegada es de los momentos más emocionantes del triduo: por el reconocimiento de aplausos que reciben, por las lágrimas en sus ojos que de apoco afloran y barren el polvo en el rostro que confirma el camino realizado dejando un surco que se porta con orgullo, por los abrazos que sellan esas amistades que nacen en las peregrinaciones y marcan la vida, por esas piernas que milagrosamente dan esos últimos minutos de fortaleza para llegar hasta los pies de aquellos por los que se caminó: la Virgen y el Señor del Milagro. “Dios es el que te da las fuerzas”, relata una peregrina de San Antonio de los Cobres.

Peregrinar marca la vida. Pero no es una rutina: cada año hay algo nuevo para agradecer, es eso lo que parece brotar primero del peregrino: agradecer llegar, el trabajo, la salud, en síntesis, el sentirse amado e hijo de la Virgen y el Señor del Milagro.

El triduo corona una preparación de más de 50 días, desde el descenso de las imágenes del altar mayor de la Catedral. Una auténtica pascua durante la que todas las entidades que se hayan registrado, colegios, organismos públicos, grupos parroquiales, entre otros, que se hayan anotado, inician su camino propio ante las sagradas imágenes para preparar su peregrinación personal o grupal que culmina estos días.

El sábado es el día de la Exaltación de la Cruz, y el domingo, el de la renovación del pacto. Ese día, el santuario cerrará sus puertas a las 12 para iniciar tres horas después la Procesión del Milagro. Primero, delante de todo, la Cruz Primitiva, esa adorada por siglos ya. Luego la Virgen de las Lágrimas, seguida de la Virgen del Milagro, y luego, el Señor del Milagro. Con todas las imágenes, se realizará la Renovación del Pacto de Fidelidad.

 

 

Milagro desde siempre

La Caja con el Señor del Milagro enviada para la Iglesia de Salta apareció flotando milagrosamente en las costas del Perú a finales del siglo XVI. Por cien años, ya en Salta, etuvo casi olvidada, hasta que fue sacada en procesión para llevar calma a la ciudad durante los terremotos de 1692. María, con su mirada, desde el piso y sin destrozos, parecía dar a entender que a él había que rezarle. Así lo hicieron. Los terremotos cesaron. Al igual que con el terremoto de 1844, tras el cual se selló un pacto de fidelidad renovado desde entonces. Milagros humo muchos más, la gran mayoría atesorados en el corazón de cada peregrino del Milagro.

 

 

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