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Dagor: “Alguien debe hacer los murales, ¡no nos podemos ir todos de Venezuela!”

DAGOR
Gentileza
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“Este país es increíble”, sostiene el máximo exponente del “abstraccionismo tipográfico” en diálogo con Aleteia. El artista confesó que mantiene una conexión muy fuerte con la capital. Ante la crisis, llevó su arte a las peligrosas barriadas de Petare

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

El arte está en su ADN. Lo lleva en la sangre con la misma pasión que siente por la fotografía inculcada por su abuelo. Defensor a ultranza del grafiti, el joven caraqueño acabó mutando hacia el muralismo, hasta convertirse en claro referente de Venezuela.

Fabian Solymar es el principal representante del “abstraccionismo de la tipografía”. Su trabajo llena de colores pastel los muros de distintas regiones del mundo, mientras les da vida a propuestas en las que el observador se mimetiza.

Firma como “Dagor”. Así se le conoce tras un apodo afectuoso de sus amigos de la infancia, debido a la particularidad y color de sus llamativos ojos. Está convencido de que la inspiración no llega gratis.

Como Picasso, le confiesa a Aleteia que la musa visita únicamente cuando el artista se encuentra trabajando. Es autodidacta. Y aunque sus piezas son reconocidas y gozan de gran prestigio y demanda, afirma humilde: “No tengo el título de artista”.

Es licenciado en Computación, una profesión que le gusta pero que nunca ejerció por falta de tiempo; y quizá de pasión. De la misma tierra de Carlos Cruz Diez y Jesús Rafael Soto, este caraqueño tiene un estilo muy particular que le caracteriza.

 

GRAFFITI
Gentileza

 

El muralismo de “Dagor” en Petare

En su lente todo luce radiante… Hasta los intersticios del peligroso barrio de Petare, donde sus murales han llevado alegría en medio de las ruinosas paredes de las comunidades mirandinas, famosas por su pobreza.

Sus trabajos se reconocen con notable facilidad. No sólo por el registro de colores pastel que incluye su paleta, sino por las peculiares formas que de su mano cobran vida en una “abstracción geométrica”.

 “Trato de mantener un equilibrio. Viajo, salgo del país, regreso, hago una exposición afuera y retorno a mi nación. Pinto murales. Si duro mucho tiempo aquí, me afecta;  porque la situación en Venezuela es muy dura”, admite en diálogo exclusivo con Aleteia.

“Con respecto a la ciudad, ¡el amor por ella y por el país es indudable! Siento una conexión muy grande con Caracas y con toda Venezuela. Este país a mí me parece increíble”, sostiene con una sonrisa en la que se adivina nostalgia.

La tristeza en su tono de voz se desvanece tan rápido como la conversación, la cual se interrumpe por las decenas de personas que pasan a saludarlo. Miran su trabajo y lo comentan… Se le acercan para felicitarle.

Ama la fotografía, pero no le gusta aparecer en ellas, mientras defiende con celo su entorno. Quiere que se conozca su obra, mas no su rostro, el cual suele estar cubierto por una máscara de trabajo.

Más imágenes aquí (hacer click en galería): 

“No apoyo eso de irme y abandonar el país”

Respecto a la migración es claro. “Yo no apoyo mucho eso de irme y abandonar el país, porque al final alguien tiene que hacer algo. ¡No nos podemos ir todos! Siento que hay muchos vacíos y muchas cosas por hacer”, sostiene.

“Hay mucha gente yéndose y ¿qué queda aquí? ¿Dónde está la cultura, dónde están los murales, dónde están las obras de arte?”, señala mientras advierte que no pueden vaciarse “las galerías y los museos”.

“Me he encargado por mi parte con lo poquito que puedo aportar. He hecho exposiciones, sin ninguna inclinación política, porque a veces siento que hay un vacío”, indica el muchacho cuyos trabajos han recibido máximo reconocimiento en países de América Latina, incluido México, donde el muralismo es especialmente respetado.

“Llego y hago mi exposición, que simplemente es arte. Y lo que siento es que hay que apropiarse de esos espacios que están abandonados y tienen un vacío. Hay que hacerlo con sanos intereses. He pintado en museos y galerías”.

“Soy un artista cuyos orígenes vienen del grafiti, lo que implica conocer la ciudad a profundidad. He estado pateando la calle. Hace más de diez años caminaba desde el este hasta el oeste pintando y creé una conexión muy profunda con la ciudad y su gente”.

 

GRAFFITI
Gentileza

“Es mucho lo que podemos hacer con arte”

“He pintado toda la Gran Caracas y mantengo una conexión demasiado fuerte con la capital. Me cuesta decirle: ¡Me voy, te abandono! Siento que el aporte que podemos hacer es importante, aunque también es difícil” para los artistas venezolanos.

“Busco mantener un equilibrio. Y en medio siento que no me puedo desconectar. El país necesita nuestros aportes. El mundo es uno, pero no estoy a favor del abandono. No puedo decir: me voy y no me importa”.

“Hay un vacío y alguien tiene que llenarlo. Estoy haciendo mi ruta de murales en los barrios, especialmente ahora en Petare, y es algo muy muy bueno”.

“Siempre he sido muy autodidacta”, afirma al recordar que el dote artístico también lo cultivó con su padre, un fotógrafo húngaro y coleccionista de arte, junto con su abuelo, famoso por la calidad de su fotografía.

“Mi abuelo llegó aquí en los años 50 porque lo trajo (Marcos) Pérez Jiménez para que formara parte del equipo de fotógrafos de él. Se vino para acá y se quedó en el país. Siempre ha habido un elemento artístico en mi familia”.

“Yo empecé siendo grafitero”, reitera. Pero muchos de sus trabajos icónicos en paredes “los borraron”. Y tras lidiar “con la ley por el grafiti”, decidió cambiar su manera de hacer las cosas.

No abandonó su arte inicial, pero ahora es reconocido como muralista. Y sus piezas gozan de gran prestigio. Tanto que son los museos y las galerías quienes le llaman para que decore sus espacios.

“Si haces el bien, es porque está Dios en ti”

Es alérgico al ego. Casi en susurros confiesa que trata de “no llamar mucho la atención”. La verdad es que “no me gusta mucho salir en fotos”. ¿La razón? “Valoro que la gente aprecie lo que estoy haciendo y no tanto a mí”.

Es en la actualidad el principal exponente del abstraccionismo tipográfico y geométrico. Su trabajo como muralista activo pone color y alegría en la Caracas de la crisis humanitaria.

Su labor es una apuesta al emprendimiento, al “hecho en casa” y a la retribución del arte con amor por el hogar y por la familia. Fabián Solymar “Dagor” cree en Dios, impulsado por el catolicismo de su madre.

Aunque es la fuente primera de su bondad, admite que no lo percibe como ella. Habla muy poco, pero lo hace con profundidad. Piensa cada frase. Es tan silente como prudente, al tiempo que se esfuerza por escuchar cuanto dicen de su labor.

“A veces voy a la Iglesia con mi mamá”, sostiene. No lo hace “regañado”, sino como respuesta a un vínculo familiar al que le da espacio en su vida, también en silencio. Sé que “hay que hacer el bien”, pues “si haces el bien, es porque está Dios en ti”.

 

 

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