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5 pasos útiles para rebajar la ansiedad

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La inquietud y la inseguridad generan un cúmulo de nervios, pero hay remedios sencillos para mejorar la situación.

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La ansiedad es uno de los problemas que más afecta a la población. Tanto hombres como mujeres sufren, en algún momento de su vida, los síntomas: gran preocupación, nervios, excitación, irascibilidad, inseguridad…

Si sabemos que estamos pasando por un episodio de ansiedad, ¿qué podemos hacer para rebajar ese estado? Aquí tienes algunas indicaciones:

Lo primero, ir a las raíces de tu ansiedad

Examina cuál es la causa que te provoca ese estado. A veces el problema está muy claro: un examen para aprobar el carné de conducir, una entrevista de trabajo, los resultados de unas pruebas médicas delicadas… hacen que nuestro cuerpo y nuestro espíritu se sometan a un cúmulo de tensiones que nos llegan a desestabilizar.

Pero no siempre es así.

A veces la causa de la ansiedad está escondida y hay que proceder a un examen más profundo y sincero. Es la ansiedad, por ejemplo, de las madres que acumulan cansancio por una carga excesiva de tareas. Sufren en silencio hasta que explotan. La fatiga y el ver que su horizonte no va a mejorar genera mucho estrés. Pero su deseo de protección, o de ser la mejor madre del mundo, hace que su cerebro tape la raíz de la ansiedad. Simplemente considera que su deber es seguir adelante y entra en un círculo vicioso…. hasta que una se rompe.

Conviene sincerarse consigo mismo para poner nombre a lo que nos ocurre. Ese es el paso indispensable para solucionar la situación.

Comunicar tu problema a quien puede ayudarte

Cuando la ansiedad ataca, piensa quién puede ayudarte. Unas veces será tu esposo o esposa, otras puede ser un hermano o un amigo de confianza.

Procura que sea alguien que puede analizar tu problema con objetividad y que para ti sea una autoridad moral. Además de la confianza, el factor cariño es importante: saberse amado por encima de todo es ya un paso importante para hacer decrecer la ansiedad. Uno recuerda que no está solo.

En el ámbito profesional, no se trata de encerrarse en uno mismo pero tampoco hay que mostrar nuestra situación a todos. Habla con tu superior inmediato o con un colega. Personas que tienen conocimiento de tu entorno y podrán saber cómo tomar medidas para remediar la situación. La ansiedad puede solucionarse a veces con un cambio de turno, con una conversación que aplaca rumores que nos preocupan, etc.

Si consideras que tu ansiedad va más allá de lo que pueden resolver tu familia, tus amigos y colegas, no dudes en consultar con un profesional. Acude al médico y explica qué ocurre. Él  te indicará si es necesario visitar a un especialista.

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Genera espacios de relajación

Si tu problema está en la sobrecarga, pero no puedes dejar de trabajar o de responder a tus compromisos familiares, busca el modo de rebajar la tensión creando áreas de descanso.

Piensa en cómo son las autopistas. Cada ciertos kilómetros uno dispone de un área de servicio para repostar, estirar las piernas, comer o beber algo y seguir luego conduciendo en mejores condiciones.

Los espacios de relajación pueden ser muy variados, según tus gustos y aficiones. Por ejemplo, si haces trayectos en coche para ir al trabajo y regresar a casa, escoge buena música, que te lleve a recuerdos felices, te ponga de buen humor o te tranquilice, según el momento.

Otro espacio puede ser un buen libro de literatura cuando vamos en el tren o en el metro de camino al trabajo. La lectura nos expande la imaginación y la fantasía, lo que nos lleva a un mundo distinto al que tenemos alrededor.

Para reducir la ansiedad también es muy bueno el ejercicio físico. O descubrir aficiones -como la fotografía- que te pongan en contacto con la naturaleza.

Aparta los miedos al futuro

Muchas veces la ansiedad está generada por el miedo a algo que todavía no se ha producido. Tememos quedarnos sin trabajo, no poder cumplir con las expectativas de la pareja o nos hace sufrir el futuro de los hijos. Pero ese sufrimiento no bien gestionado, en vez de hacernos prudentes y encarar el futuro con fortaleza, nos bloquea y nos impide avanzar.

En este aspecto, es mejor que controlemos el miedo para que no juegue en contra.

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Wavebreakmedia - Shutterstock

Para ello, céntrate en la vida real, en los datos que tienes en mano y no permitas que la imaginación te obsesione con algo que no ha sucedido ni tal vez vaya a producirse.

Ceñirse a los hechos es la mejor opción.

Si es necesario, y si te cuesta dejar de tener miedo al futuro, pon por escrito lo que te inquieta. Una vez escrito, lee y tacha lo que no sea real.

Márcate un objetivo positivo

Nada mejor que compensar la preocupación y la angustia con un horizonte que te motive en otra dirección.

Puede ser algo que repercuta en positivo sobre lo que te hace sufrir. Por ejemplo, si te angustia pensar que quizá vas a quedarte sin trabajo, emprende una mejora profesional: un curso de idiomas, la creación de un perfil en Linkedin, la búsqueda de personas que puedan aconsejarte… Saber que te estás moviendo quitará peso a tu angustia.

En el ámbito familiar, el estrés de verte cerrada y desmotivada puede vencerse con pequeñas metas alcanzables: por ejemplo, enseñar a un hijo a hacer una tarea de la casa (será educativo para él y ganarás tiempo).

Conviene también hacer parones de vez en cuando. Un fin de semana de desconexión, una salida en moto o una excursión nos oxigenan y ayudan a encarar los días siguientes con más energía.

 

 

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