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Ayudar a los drogadictos, pero ¿cuál es la manera correcta?

SYRINGE
Shutterstock | lakshmiprasada S
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Filadelfia podrá ser la primera ciudad de Estados Unidos en tener un sitio de inyección seguro

Todos estamos de acuerdo en que lo mejor es no usar drogas. Pero, ¿qué hacer frente a personas adictas que pueden morir por inyectarse drogas en sitios no higiénicos? Son personas en desgracia y los católicos tienen que tener una parte en la discusión.

Sitios seguros

Filadelfia (Pensilvania) podría ser la primera ciudad de Estados Unidos en adoptar la estrategia de creación de “sitios integrales de participación del usuario” (CUES, por sus siglas en inglés), también conocidos como sitios de inyección supervisada o salas de consumo de drogas.

En estas salas –según informa el sitio web de la arquidiócesis de Filadelfia, Catholic Philly—se permite a los adictos inyectarse drogas ilícitas en un entorno higiénico sin temor a ser arrestadas. Se les proporcionan agujas estériles y se monitorea a los adictos para detectar sobredosis, al tiempo que se les ofrece información sobre las opciones de tratamiento.

En la actualidad existen aproximadamente cien sitios de esta naturaleza en todo el mundo, sobre todo en Europa, Australia y Canadá. Los funcionarios de la ciudad de Filadelfia, encabezados por el alcalde Jim Kenney, han avanzado ya en la creación de un CUES muy pronto.

La opinión de los católicos

Ante esta polémica decisión, dos grupos de bioeticistas católicos han publicado documentos para enfrentarla, según escribe Gina Christian en Catholic Philly, uno que respalda y el otro condena el proyecto.

A fines de 2018, el padre jesuita Peter Clark, especialista en ética médica de la Universidad de St. Joseph en Filadelfia, publicó una propuesta detallada en apoyo a la creación de estos centros. Considera que las 1.100 muertes que cada año se producen en Filadelfia por sobredosis de opioides merecen ser controladas.

PETER CLARK
sju.edu

Por su parte, Steven Bozza, director de la Oficina para la Vida y la Familia de la Arquidiócesis de Filadelfia, y Jeffrey Berger, especialista en medicina de adicciones, coinciden en que la crisis exige una acción inmediata. Pero insisten en que los sitios de inyección seguros “no son la respuesta, sino “intervenciones de desesperación de una cultura de abandono”.

Puntos de acuerdo

A pesar de las diferencias, tanto el equipo del jesuita Clark como el de Bozza y Berger tienen varios puntos en común: la sacralidad de la vida humana, la adicción como una enfermedad que impide al individuo tomar buenas decisiones, y la educación como herramienta para prevenir las adicciones.

“Ambos equipos también reconocen que la sobreexpresión desenfrenada de medicamentos para el dolor, junto con los objetivos comerciales de las ‘grandes farmacéuticas’ para maximizar los ingresos, precipitaron la actual epidemia de opioides” en Filadelfia y en el resto de la Unión Americana.

Bozza y Berger reconocen que los sitios de inyección seguros recomendados por el padre Clark “pueden ayudar a reducir las sobredosis fatales, la propagación de enfermedades como el VIH y la hepatitis C, y el estigma y el aislamiento que acompañan a la adicción”. Pero, ¿es suficiente?

Doctrina contra pragmatismo

Para Bozza y Berger los CUES son reflejo de un mal moral muy grave y los sitios de inyección seguros en realidad prolongan la agonía de la adicción al reforzar el proceso de pensamiento distorsionado del individuo afectado.

El padre Clark y su equipo no están de acuerdo y enfatizan que el objetivo de dichos sitios es alentar a los clientes a buscar la recuperación. Pero la verdad es que la investigación sobre sitios de inyección seguros es, en muchos sentidos, incompleta y controvertida.

Aunque hacen referencia a una serie de estudios, el padre Clark y su equipo reconocen que se necesita una investigación más actualizada para respaldar de manera concluyente la idea de que los sitios de inyección seguros no aumentan el abuso de drogas, sino que ayudan a los adictos a dejar su adicción.

Reducir los daños

Ambos equipos apoyan una estrategia conocida como “reducción de daños”, que busca minimizar los resultados negativos del abuso de drogas.

El padre Clark y sus colegas argumentan que los sitios de inyección seguros reducen el daño al prevenir sobredosis fatales, ofreciendo cuidado de heridas y detección de fentanilo de suministros de medicamentos, tratando enfermedades y alentando la recuperación a través de un enfoque sin prejuicios.

Bozza y Berger sostienen que existen mejores estrategias de reducción de daños que se alinean con la enseñanza católica. Solicitan programas de rehabilitación residencial ampliados, mayor asesoría y educación para familias y seres queridos de quienes sufren adicción y una mayor inversión en vacunas contra la hepatitis.

Solo Cristo

En última instancia, ambos grupos de bioéticos de Filadelfia creen que Cristo obliga a sus discípulos y a sus misioneros a acercarse a los que sufren de una adicción.

El padre Clark y su equipo escribieron que “si nosotros, como sociedad, valoramos la vida humana como sagrada, debemos encontrar una manera de prevenir esas muertes”.

“El Papa Francisco nos ha llamado a una cultura de acompañamiento”, dijo Berger. “Y cuando el acompañamiento ve a un hijo de Dios que está cayendo en la ruina, pregunta: ‘¿Qué talentos me ha dado Dios para ayudar a esta persona a mejorar?'”

Con información de Catholic Philly / Gina Christian / 27 de agosto de 2019

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