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Que tu celular no arruine tu relación con tus hijos

MATKA UZALEŻNIONA OD TELEFONU
Shutterstock
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Todos caemos en malos hábitos tecnológicos. Aquí tienen algunos consejos prácticos para cambiar esos hábitos de una vez por todas

El pasado fin de semana, junté a mis cinco hijos y conduje dirección este durante dos horas y media hasta un rancho propiedad de unos amigos de la familia. Nos habían invitado a pasar allí el fin de semana con motivo del noveno cumpleaños de mi hijo Liam.

Los niños esperaban con entusiasmo todas las nuevas experiencias que disfrutarían, desde ir de pesca a dar paseos en quad. Por mi parte, me entusiasmaba la idea de cumplir una promesa que había hecho: apagar mi móvil y dejarlo dentro de un cajón durante todo un fin de semana.

Casi daba miedo la emoción que me causaba anticipar esa liberación de las cadenas que me atan a mi móvil, ese despacho diminuto que llevo en el bolsillo y que reclama mi atención día y noche sin parar. Este verano, ha sido un reto especialmente difícil establecer límites y reservar tiempo de ocio, ya que tenía que hacer malabares con los niños en casa y con algo de trabajo adicional.

Como era de esperar, ni los niños ni el trabajo recibieron la atención debida y para cuando entraba agosto, yo ya estaba agotada. Es más, estaba decepcionada. Nuestro verano ha sido caótico, pero aburrido: no hemos ido a ningún sitio y no hemos hecho gran cosa más allá de salir a jugar al aire libre e ir a nadar.

Sin embargo, el problema real ha sido que mi atención estaba constantemente dividida. Siempre intentaba trabajar y estar con los niños, así que nunca estaba al 100 % con ellos. Sinceramente, siento que apenas les he dedicado tiempo en absoluto. Visto lo visto, la perspectiva de un fin de semana libre de distracciones y empapándome de tiempo con mis hijos era como si se acercara la Navidad.

E igual de mágico que la Navidad también. Durante dos felices días no he tenido ni idea de la hora que era. He mantenido largas conversaciones con mis hijos sobre todo y sobre nada y las interrupciones venían en forma de aventura —como la lubina de más de dos kilos que pescó el cumpleañero— y no en forma de distracción. En el coche de vuelta a casa, mis hijos empezaron a preguntar cómo eran cada uno estando yo embarazada de ellos… Un tema extraño, se lo garantizo. Sin embargo, durante 30 minutos enteros rieron a carcajada limpia y con lágrimas en los ojos con historias sobre quién solía encajar su pie en mis costillas y quién usaba mi vejiga como saco de boxeo.

Cuando llegamos a casa, todos preguntaron si podíamos repetir esto cada fin de semana. “Chicos, no podemos irnos al rancho todos los fines de semana”, empecé a decir. Pero entonces mi hija adolescente aclaró: “¿Podemos hacer findes sin tecnología? ¿O sábados sin tecnología?”.

“¡SÍ!, respondí con toda mi alma. Necesitaba ese tiempo para conectar con mis hijos tanto como ellos, aunque yo era consciente de que la puesta en marcha real de ratos sin tecnología sería algo difícil. Por eso, he estado dándole vueltas a la cabeza y he ideado 4 formas fáciles y efectivas de evitar que la tecnología se interponga entre mis hijos y yo:

1
Disponer un lugar para el celular

Si tu iPhone vive en tu bolsillo (o peor, en tu mano), tienes que darle un hogar. Y no vale con simplemente designar como hogar del smartphone cualquiera de los muchos cargadores de las múltiples habitaciones, algo así frustraría un poco el objetivo. Es necesario crear un espacio en uno de los lugares centrales de la casa (el nuestro está en la cocina, claro está) y establecer un lugar donde poner los celulares.

Expliquen a sus hijos que, a partir de ahora, ahí vivirán los teléfonos y las tabletas, a no ser que se estén usando de forma activa. Se acabó eso de ir con los celulares en los bolsillos o en la mano; si no se está usando en ese momento, tiene que estar en el hogar del celular.

Confieso que esta regla nació con el principal propósito de gestionar mis propios hábitos, cosa que no pasó desapercibida para mis hijos. Disfrutaron de lo lindo previendo momentos futuros en los que me dirían que devolviera mi iPhone a su casa, hecho que me lleva al consejo 2:

2
PEDIR AYUDA A LOS HIJOS

Todos necesitamos rendir cuentas ante alguien y no hay vergüenza en hacer de esto un proyecto familiar. Mantengan una conversación con sus hijos sobre qué tipo de límites con los dispositivos deberían establecer como familia y cuál sería la mejor forma de supervisar el compromiso de los demás desde el cariño.

Si el trabajo de alguno de los padres implica que a veces se producen llamadas a deshora o situaciones de emergencia en las que haya que romper alguna norma de hábito tecnológico, entonces explíquenlo antes a los hijos para que no cunda la frustración en esas situaciones. Lo último que quieren hacer es establecer unas normas y acceder a rendir cuentas entre ustedes para luego romper las normas ustedes mismos. Sean prácticos y hablen del tema con sus hijos.

3
HORA DE APAGADO

Establezcan una hora (idealmente, para todos los días) en la que todas las pantallas deban estar apagadas y los dispositivos guardados. Una vez más, hay que ser prácticos; yo misma terminé pronunciándome en contra de una hora de apagado diaria, ya que sé con certeza que algunas noches voy a tener que usar el celular para terminar cosas de trabajo para la siguiente mañana después de que los niños se acuesten. No quería sentar el precedente de usar el móvil después de la hora de apagado, así que acordamos una hora de apagado para los fines de semana a las 6 p.m., las noches de los viernes y sábados.

También hemos añadido el elemento de una hora de encendido por las mañanas. Tengo el mal hábito de preparar el desayuno con una mano mientras respondo emails con la otra, pero precisamente son esos pocos minutos cada mañana los únicos que tengo con mis hijos en todo el día. Por eso, hemos decidido mantener todas las pantallas apagadas hasta que todo el mundo haya salido de casa camino de la escuela, protegiendo así la primera hora de la mañana para la convivencia familiar.

4
zonas sin pantallas

Instauren límites sin pantallas en ciertas áreas de su hogar. Esto es algo crucial. Por ejemplo, si su hogar para celulares está, digamos, en la mesa del comedor, pueden olvidarse de la charla durante la cena. Lo mismo se aplica a las noches de peli en familia o los ratos de contar cuentos. Cualquier habitación o espacio que su familia emplee regularmente para disfrutar de tiempo de calidad juntos debería quedar protegido a toda costa y con la hora de apagado de los celulares no es suficiente. Establezcan una prohibición estricta de los dispositivos en estos espacios e ideen un procedimiento familiar para la aplicación y respeto de la norma.

En nuestro caso, hemos decidido que la sanción sea perder los privilegios de pantallas durante una hora. Y aquí haré otra confesión: se me olvidó esta regla y la incumplí el primer día. ¿Adivinan donde terminaron mi móvil y mi iPad? Sí, en su casa. Igual que ET. Por suerte, no era un día laboral, pero, de haberlo sido, no tengo el tipo de trabajo en el que un retraso de una hora en responder suela suponer mucha diferencia, razón por la cual establecimos ese tiempo de sanción.

Por encima de todo, no hagan las normas demasiado complicadas. Que sea sencillo, práctico, asumible y luego acordad como familia respetar las normas establecidas. La mayoría de los niños estarán entusiasmados con formar parte del proyecto, pero incluso los adolescentes reacios pueden ser conquistados si explican que estos límites transmiten el mensaje recíproco de que la familia y las relaciones entre ustedes son lo primero.

Están mostrando a sus hijos que son valiosos a sus ojos, que el tiempo con ellos es digno de proteger y priorizar al margen del coste. Mientras sean prácticos desde el principio, les garantizo que descubrirán que el coste queda francamente superado por la alegría de redescubrir las relaciones con sus hijos.

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