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5 películas sobre la lacra del terrorismo

UNITED 93
© Universal pictures
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La lacra del terror a través de cinco dramas ejemplares basados en hechos reales

El 21 de agosto es el Día Internacional de Conmemoración y Homenaje a las Víctimas del Terrorismo, instaurado por la ONU en 2017 como consecuencia de la inmensa cantidad de atentados que se perpetran en el mundo.

El cine, tanto documental como de ficción, puede considerarse no sólo un testigo de los procesos históricos, sino también un agente que crea modelos de representación y a su vez influye en la sociedad, cambiando el modo en que esta se representa a sí misma y moldea su memoria colectiva.

Por tanto, el séptimo arte jamás podía estar al margen de la efeméride, y quiere mostrar al tiempo su inquietud y su sensibilidad con la lacra del terror a través de cinco dramas ejemplares basados en hechos reales.

1
Omagh (Pete Travis, 2004)

Debut del realizador inglés Pete Travis, se trata de una excelente película y una de las mejores sobre el drama del terrorismo en Irlanda del Norte. Aunque Travis aún tiene una corta filmografía que todavía no puede ser valorada, ya presenta algunas obras destacadas como En el punto de mira (2008) o Endgame (2009), dramas políticos o emparentados con el mundo de la política.

Mientras toda Irlanda se preparaba en junio de 1998 para votar en referéndum el Acuerdo de Paz de Viernes Santo, un pequeño grupo de disidentes del IRA Provisional opuesto al acuerdo, se propuso llevar a cabo un atentado de dimensiones suficientes -eran las 15:10 horas- como para obligar al distanciamiento entre Londres y Dublín, a que los unionistas abandonaran el proceso de paz y a que Irlanda del Norte se sumiera de nuevo en un violento conflicto. Este grupo, el IRA Auténtico, eligió para el atentado Omagh, una pequeña localidad en la que católicos y protestantes habían convivido sin mayores problemas a lo largo de los 30 años del conflicto norirlandés. Premio al mejor guión en el Festival de Cine de San Sebastián.

2
Munich (Steven Spielberg, 2005)

El oscarizado director de cine estadounidense, Steven Spielberg, ha tenido que luchar bastante más que otros directores célebres para ser respetado por los que consideran la aventura como algo menor, como un tipo de cine no apto para paladares exigentes.

Munich es una desoladora, eléctrica, descarnada pieza de suspense, que se encuentra entre lo más completo que ha hecho nunca el popular cineasta, y que hace olvidar sus arritmias o sus partes débiles con una fiera visión del mundo y de la política internacional.

Cada 5 de septiembre se recuerda el secuestro y asesinato de 11 atletas de Israel en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, a manos de terroristas palestinos del grupo Septiembre Negro. Resulta difícil juzgar sobre la precisión en hechos tan oscuros, pero Spielberg sale airoso de su meta principal: hablar de la repercusión mediática instantánea del terrorismo actual y mostrar que la venganza justiciera, fría y fuera de la legalidad, no logra sus objetivos y además provoca un vacío interior en sus ejecutores que nada, tampoco la vida familiar, puede llenar. Recibió cinco candidaturas al Oscar, entre ellas, la de mejor película.

3
Trece entre mil (Iñaki Arteta, 2005)

Cinta seca y dura que no deja indiferente al espectador, Trece entre mil pretende ser un necesario antídoto contra el olvido histórico que han padecido el grueso de las víctimas de ETA, sentimiento común entre todos los que han aportado sus vivencias a este impactante documental.

La pérdida de un ser querido constituye el motivo central de un largometraje en el que las voces de los padres, hijos, mujeres, maridos, hermanos o amigos entretejen un discurso de alto componente emocional que pretende estar por encima de cualquier lectura política (que no obstante permanece implícita).

El español Iñaki Arteta no quiere hacer malabarismos y centra su cámara en las 13 personas en cuestión. Así conocemos por medio de entrevistas, y de primera mano, las angustias de los afectados, gente dedicada a la política o simples ciudadanos que arbitrariamente fueron asesinados por la banda terrorista. Tres años después filmaría otra gran historia, El infierno vasco, sobre el exilio forzado de muchas personas obligadas a salir del País Vasco por la violencia de ETA. Trece entre mil fue finalista de los premios Goya 2006 al mejor documental.

4
United 93 (Paul Greengrass, 2006)

Se trata de la primera película de Hollywood sobre los terribles acontecimientos del 11-S, estrenada poco antes de World Trade Center, de Oliver Stone. El cineasta británico Paul Greengrass (Jason Bourne, 2016), también autor del guión, se ha basado en todos los testimonios que han salido a la luz. Desde los ofrecidos por los controladores aéreos, pasando por los de los familiares de las víctimas que hablaron con ellas hasta las grabaciones de la caja negra, que fueron hechas públicas por el Gobierno.

Ciento once minutos de cine que no pueden dejar indiferente a nadie. Nos hallamos ante un cine valiente y contenido con el que Greengrass se mete en un verdadero jardín (el secuestro del vuelo United Airlines 93, el único que no llegó a su destructivo destino aquella fatídica mañana del 11 de septiembre de 2001) y sale no ya con vida de la hazaña, sino como un gran cineasta, con la sensación de no perder el control de tan compleja historia en ningún momento, a pesar de no darse ninguna facilidad. Además Greengrass trabajó con actores completamente desconocidos, pero bastante eficaces, lo que acentúa la sensación de realidad, como el hecho de que el filme esté narrado en tiempo real. Recibió 2 candidaturas al Oscar, entre ellas, la de mejor director.

5
Utoya. 22 de Julio (Erik Poppe, 2017)

El director de cine natural de Oslo, Erik Poppe, firma una obra maestra gracias a un enorme plano-secuencia por el que circula el horror del atentado en Noruega en el 2011.  Aquel funesto 22 de julio, a las 15:17, el ultraderechista noruego Anders Breivik hizo explotar un coche bomba en el barrio gubernamental de Oslo, poco antes de dirigirse hacia la mentada isla de Noruega disfrazado de policía para disparar, durante los 72 minutos que duró su asedio, contra todos los jóvenes del partido laborista que se encontraban allí celebrando su acampada veraniega anual, antes de que las autoridades noruegas llegasen hasta allí y lograsen reducirlo.

Sólo en Utoya se contabilizaron 77 víctimas mortales, la mayoría adolescentes, mientras que los heridos graves ascendieron hasta los 99, y se contabilizaron un total de 300 casos de traumatismo psicológico grave. Tras un prólogo que recoge a través de imágenes de archivo el primer atentado que tuvo lugar en Oslo, la película del director noruego Erik Pope arranca con un encuadre ya en la isla de Utoya cuya única función es esperar a que Kaja entre en el campo de la imagen, ya que esta estudiante de 18 años va a convertirse en el centro de gravedad sobre el que pivotará el drama.

Por su parte, estos hechos también han sido analizados por Paul Greengrass en su película 22 de Julio, emitida por Netflix. A Greengrass no le interesaba tanto la matanza como las consecuencias, y dedicaba una parte fundamental de la trama a analizar la figura del terrorista, convirtiéndose en una película más política, pero no por ello más reflexiva. En el Festival de Berlín Utoya participó en la Sección oficial de largometrajes.

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