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Una bonita y respetuosa película sobre la mujer y la familia, desde Costa Rica

EL DESPERTAR DE LAS HORMIGAS
Betta Films
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El pasado 2 de agosto se estrenaba en cines españoles ‘El despertar de las hormigas’, opera prima de la joven realizadora costarricense de 33 años, Antonella Sudasassi Furniss, jaleada en Berlín y Málaga, y premiada en Seatle, hasta el momento, donde se llevó el Premio del Jurado. A su paso por Madrid, Aleteia la ha entrevistado.

La simpática cineasta pasó su infancia jugando en el patio de su casa o se la podía ver también aupada por los árboles próximos a su domicilio. Su encuentro con el cine es tardío respecto a la media. Ni si quiera tiene televisión. Pero admira el trabajo de la realizadora de cine argentina Lucrecia Martel (Zama, 2017) o los del japonés Yasujirō Ozu (Cuentos de Tokio, 1953).

Tiene una fuerte inclinación por las artes visuales, especialmente por el diseño y la fotografía. Habla español, italiano, inglés y alemán y emplea su formación multicultural para dar salida a sus inquietudes por todo el mundo. Estudió Comunicación Colectiva y cursó la Licenciatura en el énfasis de Producción Audiovisual de la Universidad de Costa Rica.

El despertar de las hormigas es su segunda historia -de las tres que tiene previstas- sobre la trilogía de la mujer, que arrancó con el cortometraje El despertar de las hormigas: La niñez hace tres años. En el caso que nos ocupa afronta la etapa de la madurez y cerrará el ciclo una aventura sobre la vejez. La película es una coproducción entre Costa Rica y España, que recibió la ayuda de Ibermedia a la Coproducción en la Convocatoria 2019.

El despertar de las hormigas narra la historia de una mujer joven que vive con su marido y sus dos hijas en una zona rural de Costa Rica. Para todos, Isabel, esposa y madre de dos niñas pequeñas -nunca habían ido a un cine y es su primera presencia ante la cámara- es una buena mujer. Ejerce como buena esposa, buena madre, buena nuera. Hasta que su familia política empieza a presionarla para que tenga otro hijo, “el varón”. La intimidad y libertad de la familia se convierten entonces en temas de escrutinio público.

Antonella Sudasassi recuerda que comenzó a rodar el filme hace cinco años y que en él mezcló la experiencia personal con la anécdota. Además viene de una familia muy numerosa y conoce bien el rol de la mujer en Costa Rica, que se implica en ayudar a la familia en las tareas, como es costumbre allí, sin esperar nada a cambio. Para la cineasta “la familia es el lugar seguro, un refugio de amor donde las personas que la integran se acompañan en eso que llamamos vida”.

La parte de la anécdota, que también refleja la película, tiene que ver con el pelo de nuestra protagonista. La directora señala que se encontró con un recorte de periódico de Brasil donde comprobó que al marido le gustaba que su mujer llevara el pelo largo, a pesar del calor que hace allí. En este sentido, El despertar de las hormigas refleja con nitidez y claridad expositiva todos estos comportamientos, donde la cámara se adentra en el minúsculo hogar -observamos pasmados hasta el más mínimo detalle- donde se filmaron la mayoría de las escenas, en un ejercicio de preciosismo local, próximo al cine social que ha desarrollado Ken Loach en toda su trayectoria fílmica.

Además se aprecia que el guión no contiene abundantes puntos de giro -porque el drama no necesita tantos-, pero sí pone el acento en los detalles, en las sensaciones que recoge la cineasta con su cámara hasta configurar esta historia mínima, como ella misma califica. Y lo afirma con rotundidad. Credenciales no le faltan: antes de este rodaje se fue a vivir con una familia para apreciar la convivencia en familia.

Por su parte, la película descubre que los roles familiares pueden y deben cambiar, y que las decisiones deben ser consensuadas. Una cosa es el amor y otra los caprichos del amor, en el sentido de que hoy día tener hijos es casi un privilegio, dada la situación económica. Por no decir que resultaría inaceptable, en la cultura costarricense, que la mujer tomara decisiones por sí misma sin que hubiera consecuencias negativas para ella. Lo cual pasa por comprobar lo normalizada que está la violencia. En estos momentos todo pasa por el filtro del marido y de sus decisiones, independientemente que la pareja protagonista tenga un trabajo y de que el varón que aparece en el filme sea un marido atento y cariñoso con su mujer.

Uno de los puntos fuertes de El despertar de las hormigas es el realismo que se desprende de su puesta en escena. No en vano Antonella logró que esa naturalidad que poseen sus personajes es consecuencia de un afinado casting realizado en Costa Rica en un 80%, puesto que la mayoría son actores no profesionales. Eso sí, la actriz protagonista, Daniela Valenciano, que venía del teatro y éste ha sido su primer trabajo para cine, y su marido en la ficción, Leynar Gómez, que ya tenía experiencia en el cine, han demostrado su suficiencia interpretativa con solvencia.

Además la directora optó por realizar talleres con todos los actores para que se generara un vínculo entre todos y después pudieran familiarizarse con la historia y sus personajes -pruebas de cámaras incluidas a las niñas protagonistas para comprobar sus reacciones a pocos centímetros de sus rostros- y también quiso trabajar mucho la improvisación. Es más, no le importaba que los actores no dijeran el texto tal cual, lo importante para ella era que transmitieran con convicción el mensaje final de sus personajes.

Y el resultado final ha sido sobresaliente. En el apartado técnico, Antonella cuenta que la cámara conseguía girar 360 grados para que todos los intérpretes tuvieran libertad absoluta de movimientos y de esa manera pudiera navegar entre ellos en la mayoría de las escenas de la película.

El despertar de las hormigas, que está llena de símbolos y significados, además de grandes silencios elocuentes, deja claro que se tiene que producir un cambio en la mentalidad del hombre respecto a la mujer, como decíamos antes, y que para hacerlo no hacen falta grandes discursos ni grandes hazañas. Basta una buena historia y destellos de esperanza, en el contexto de una vida asfixiante y casi sin salidas, para ser feliz y ponerse en camino para lanzarse a una vida con futuro.

Tal vez sólo con el ejemplo de una familia cohesionada puede alcanzarse este fin. No estaría de más que el cine español volviera a poner en el epicentro de sus historias a la familia, con respeto y elegancia, porque cuando quiere sabe hacerlo muy bien.   

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