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San Cayetano: “Que a nadie le falte el pan. ¡Qué feo es el hambre!”

SAN CAYETANO
Marko Vombergar-ALETEIA
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La señora esperó su turno para abrazar la imagen (tocar o besar son verbos que se quedan cortos). Pidió. No para ella. Para nadie en particular. Para todos. “San Cayetano que a nadie le falte el pan. ¡Qué feo es el hambre!”, murmuró al santo con tierna voz lo suficientemente alta para que los que estaban alrededor de ella escuchen

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SAN CAYETANO
Marko Vombergar-ALETEIA

 

Segundos antes, un joven unos 40 años más joven que ella, unos cuarenta centímetros más alto que ella, con igual ternura aunque más discreto había tocado el pie de la imagen de San Cayetano. Detrás, decenas: jubilados, empleados administrativos, desempleados, religiosas, estudiantes, periodistas.

 

SAN CAYETANO
Marko Vombergar-ALETEIA

 

Como cada 7 de agosto miles se movilizan de todo Buenos Aires hasta el santuario de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo, en Liniers. Ese día es sencillo movilizarse y llegar hasta la zona. Desde el oeste, desde el sur, desde el norte, todos los colectivos que desde el Gran Buenos Aires llegan hasta Liniers imprimen un papel para indicar desde los parabrisas que van hasta San Cayetano.

El viaje puede ser largo, como la espera de quienes desde hace días acampan para entrar ni bien abre. Desafiando el frío de julio, a dos horas de la apertura del templo, había al menos 300 metros de fila para ingresar al templo. Valió la pena. Vale la pena.

 

 

Otros que por obligaciones laborales no pueden concurrir saben dónde encontrarlo: no son pocas las estaciones de tren que conservan su imagen, este día con flores, velas y fotos. Tampoco las capillas y catedrales que conservando una imagen del santo se dirigen hasta ella tras las Eucaristías para una bendición y oración especial.

Por eso, los devotos se cuentan de a mucho más que los decenas de miles que llegaron a Liniers, varios de ellos peregrinos desde otras provincias. El lema que los recibe en el santuario es “Querido San Cayetano, como pueblo y familia, ayúdanos a ver a Cristo vivo en cada hermano”. Los moviliza la fe, con la que piden, con la que agradecen. Los convoca el Santo, al que celebran con alguna de las misas celebradas prácticamente a toda hora. Tanto por el cardenal Mario Poli como por cualquiera de los sacerdotes que celebran en una de las peregrinaciones más importantes que se da en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires.

 

 

Este día de San Cayetano grupos sindicalistas e incluso de izquierda marchan con imágenes de San Cayetano y la Virgen de Luján, a días de las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias. Reclamarán, entre otros motivos, por lo que denominan “política de hambre del gobierno”. Lo vienen haciendo esta jornada desde hace ya varios años. Pero señoras como las que abrazan la imagen de San Cayetano a la que hicimos referencia al iniciar la nota no participan de esa marcha. Los devotos prefieren rezar y compartir con otros devotos que sumarse a una marcha que más de uno juzga, al menos, “inoportuna”.

San Cayetano une, no divide. No hay grietas ni boletas políticas, ni siquiera a días de las elecciones. Pedir o agradecer no es motivo de análisis electoral para interpretar una realidad socio-política. Es la oración del cristiano argentino a uno de sus santos más queridos.

 

 

 

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