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La autora de Sex and The City: ya no me reconozco en ese estilo de vida

CANDACE BUSHNELL, SEX AND THE CITY
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Tiempo de rendir cuentas para Candace Bushnell, y de preguntas serias: No tengo hijos, ¿quién cuidará de mi? ¿No será que el amor era para siempre?

“He colgado los tacones de aguja”, quizás si fuese una declaración mía no movería ni una hoja, pero cuando quien lo dice es la que ha convertido a Manolo Blahnik y sus zapatos en verdaderas divinidades del tercer milenio, deberían temblar todas las revistas de moda del mundo. En cambio, ha habido calma chicha.

Y sin embargo, la noticia se las trae: Candace Bushnell, autora de las historias que dieron vida a la serie TV de culto Sex and The City, ha publicado un nuevo libro que saldrá el 6 de agosto. ¿Cómo no hubo aún terremoto? Quizás porque quien esperaba encontrar tramas picantes de mujeres de éxito y vibradores, vestidos de diseño y sexo ocasional, deberá dar ligeramente marcha atrás… una duda que se insinúa desde el título del libro: Is There Still Sex in The City? (¿Hay aún sexo en la ciudad?).

Por supuesto, no es un “lo siento, pero me equivoqué”, pero es la voz de una mujer de 60 años que hace balance de una vida llena de fama y luces, pero que lamenta la falta de algo más profundo y estable.

¿Sexo ocasional? No, gracias

El Sunday Times ha dado a sus lectores un anticipo del nuevo libro de Bushnell, y me pregunto a cuántas Carrie Bradshaw de mediana edad se nos ha atragantado el café o abierto los ojos como platos leyendo las primeras líneas:

Ya no pienso en mi vida de antes. Ya no pienso en Nueva York. Y sobre todo, ya no pienso en los hombres. No estoy dispuesta a mantener citas. He tenido una relación que ha durado 35 años. He vivido el ciclo completo del amor: enamorarse, casarse, divorciarse. ¿Entrar en el círculo vicioso de una relación es todo lo que puedo hacer en la vida? Me viene a la mente la vieja definición de locura: hacer lo mismo una y otra vez, esperando un resultado distinto. Es hora de cerrar el círculo. Por primera vez en 34 años he decidido estar sin hombres. Lo que significa también estar sin sexo. En este momento de mi vida ya no me va el sexo ocasional (de Is There Still Sex in The City?).

Se percibe la ironía amarga de la desilusión. No son las palabras de una mujer que haya cambiado de idea, sino de una que, aún navegando en una piscina de 22 millones de dólares de facturación, ha acabado con un puñado de moscas en la mano, o con un idioma distinto del que se usaba en su edad dorada.

SARAH JESSIKA PARKER
Shutterstock

Mujeres jóvenes y desinhibidas, amigas libres de jugar con sus amantes y disfrutar de todos los beneficios mundanos de la ciudad que nunca duerme… parecía un sueño feliz, pero ¿adónde ha llevado? No a la felicidad, ni tampoco a algo parecido a la plenitud que da el esfuerzo bien empleado. Ha llevado a la calma de una edad madura muy, muy desorientada, al admitir que las cuentas no salen. Ella sigue riéndose de ello, pero es la sonrisa de quien descubre que el botox no es tan milagroso y que no esponja ese corazón un poco maltrecho. Quizás ni siquiera un buen Cosmopolitan puede ayudar a pasar el trago…

La mujer guru que emanaba los nuevos mandamientos de la femineidad desde las columnas del diario neoyorquino, hoy nos hace un spoiler sobre un futuro menos brillante de lo previsto. ¿Será por eso que Vogue & Co no hablan mucho de ello?

Rejuvenecimiento de la vagina y Tinder, que desilusión

Pobres periodistas, les entiendo. Creen en la copia hecha en laboratorio, no en la realidad. Y es duro no poder titular: “Vuelve la reina de los orgasmos libres con nuevos y picantes consejos”. Lo han intentado, pero se nota que pinchan en hueso… El New York Post publica una entrevista exclusiva a Bushnell, y el título es de risa: La creadora de Sex and the City habla del rejuvenecimiento de la vagina. Pero al leer la entrevista, resulta que Bushnell habla del rejuvenecimiento de la vagina, ¡para reírse de él! 

KIM CATTRELL; SAMANTHA
Music Video | Youtube

¿De qué estamos hablando? Se llama Mona Lisa y es una carísima operación quirúrgica que está de moda entre las mujeres maduras pudientes para restaurar el aparato genital, con la utopia de recuperar una vida sexual de cine. ¿Hay algo más adecuado para describir la relación delirante, desconfiada y obsesiva que la mujer del 2000 ha establecido con el mito del sexo, gracias al montón de mentiras que las mujeres estilo Carrie y Samantha le proporcionaron en los 90? Idolatría de los instrumentos, total ausencia de conexión alma-cuerpo.

A la pregunta llena de expectativas del periodista, Bushnell tuerce la nariz irónicamente sobre Mona Lisa y vuelve a poner los pies en la tierra:

Las cosas funcionan bien sin operación. Sabes, es un músculo que hay que usar y basta. (del New York Post)

Ya sé que no era de esperar un panegírico sobre el valor del acto sexual. Pero si hubiera sido yo quien le hiciera la entrevista, me habría atrevido a preguntarle si “usar” es el verbo correcto para hablar de un músculo que acoge la unión entre hombre y mujer. Y creo que ella no habría respondido con una alabanza efusiva del placer desenfrenado y despreocupado.

De hecho, hay otro momento de la entrevista en el que Candace Bushnell descoloca a sus seguidores, cuando habla de la app de citas Tinder:

Quiero decir, ¿realmente es lo mejor? – se pregunta, respecto a la app – Nosotros, como sociedad, ¿queremos que la gente empiece así sus relaciones? Podríamos hacerlo algo mejor. (Ibid)

Un minuto de silencio también para la periodista del Sunday Times que quería encender la mecha del #metoo preguntándole por qué no lo citaba en el nuevo libro, y que recibió por respuesta un lacónico pero elocuente “no sabía dónde ponerlo”. A buen entendedor…

Hijos y matrimonio, ¡ojalá!

La pars destruens parece prevalecer sobre la costruens. Sí, es verdad, hoy todo va bien, y sin embargo… A los 60 años, Candace Bushnell es famosa, ha superado con éxito un divorcio y desde hace unos años ha encontrado un nuevo Mr Big. La barca, es más, el yate de lujo va viento en popa, pero desde lo alto de un apartamento en el Upper East Side asomado al Central Park hay tiempo para otra valoración, el eco mal disimulado de un lamento:

Cuando tenía treinta y cuarenta años no lo pensaba. Después me divorcié y tuve 50 años, y empecé a sentir el impacto de no tener hijos y de estar realmente sola.

Esta es la noticia; no para señalar con el dedo, sino para darnos cuenta de que las personas somos afortunadamente previsibles. Puedes dar la vuelta al mundo y a las galaxias más lejanas, pero luego sientes la necesidad de volver a casa. Hay preguntas que no se pueden eludir, y detrás del lamento de no haber tenido hijos, está la sombra de una pregunta mucho más sincera: ¿mi vida es solo mía? ¿no debería dar fruto, más allá del egoísmo?

Ha deambulado durante muchos años por las variantes de sexo más extravagantes, modernas y desinhibidas, y hoy su cabeza se tropieza con la hipótesis de que el matrimonio y la promesa de un para siempre sean la antesala de esa felicidad que nada de lo demás ha traído:

¿Me casaré? No lo he planificado. Pero es curioso que el pensamiento siga allí, en un rincón de la cabeza. Nunca se va. (del New York Post)

Sí, es curioso, Candace. Se nos dice que lo mejor está en las novedades y en las últimas tendencias. Y después uno acaba mirándose al espejo por una vez con sinceridad, y vuelve a los viejos queridos principios que acompañaron e hicieron fecundas las vidas de nuestras bisabuelas.

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