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Florencia, Colombia: Una arquidiócesis para la Amazonia

FLORENCIA
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La decisión del papa Francisco de crear una provincia eclesiástica en la selva está dirigida a profundizar la evangelización e impulsar la defensa del pulmón del mundo

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La nueva arquidiócesis de Florencia, en el sur de Colombia, incluye tres diócesis con plena jurisdicción en vastas regiones selváticas de los departamentos del Caquetá y Putumayo y mantendrá una “estrecha comunión”, con apartados vicariatos apostólicos del Amazonas, Vaupés, Guainía, los cuales dependerán directamente del Vaticano.

Monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, actual obispo y designado nuevo arzobispo de Florencia, manifestó a Aleteia que el propósito del papa Francisco es “que la Iglesia camine junto a las comunidades por esos inmensos territorios” que limitan con Perú y Brasil. El arzobispo explicó que, si bien la Iglesia tiene como primer objeto la evangelización y existe para ese finalidad, “también debe preocuparse por la cultura de muchas comunidades que están sembradas en un rincón de Colombia, un lugar geográfico enclavado en la Amazonia”.

 

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“Estar aquí, acompañando y evangelizando a hombres y mujeres, tiene un gran sentido para los católicos y ahora, con esta nueva provincia, se puede impulsar una evangelización centrada en toda la teología de la creación que nos impulsa a cuidar esa casa común que promueve el papa en su encíclica Laudato si”, recalcó este prelado que hace seis años vive en la región.

Según la disposición del Vaticano, la nueva provincia eclesiástica tendrá como diócesis sufragáneas o dependientes a Florencia —capital del Caquetá, llamada la ‘Puerta de la Amazonia’—, San Vicente del Caguán (Caquetá) y Mocoa-Sibundoy (Putumayo). Estas jurisdicciones cuentan con aproximadamente 800.000 habitantes, entre ellos una considerable población de indígenas de diferentes etnias y numerosos descendientes de colonos que llegaron a esas tierras en los años 40, 50 y 60 del siglo XX huyendo de la violencia política que sacudía a Colombia, especialmente a la región Andina.

 

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Una región diversa

En Caquetá viven 16 pueblos indígenas y en Putumayo se han reportado 12 etnias. Muchos de estos grupos conviven con los colonos y se han aculturado con la población mayoritaria, pero unos pocos habitan regiones de difícil acceso a donde no ha llegado la civilización. De acuerdo con informes estatales, algunas etnias conservan sus lenguas y ancestrales modelos de gobierno, familia, educación, medicina tradicional y alimentación nativa. Los grupos más conocidos son los andokes, muruis, paeces, yanaconas, awas, kamtzá, coreguajes, kofanes, tiniguas, ingas, huitotos y makaguajes.

Durante décadas, los territorios de la nueva arquidiócesis han sido brutalmente castigados por diferentes tipos de violencia. A finales del siglo XIX y principios del XX varias regiones padecieron los crímenes promovidos por los caucheros brasileños, peruanos y colombianos. Más adelante, la violencia fue impulsada por los explotadores de la quina, un árbol cuya corteza tiene valiosas propiedades medicinales. En los años 70 y 80 la violencia en estas regiones fue protagonizada por guerrilleros izquierdistas y narcotraficantes que encontraron en el cultivo de la hoja de coca una filón para producir y exportar cocaína.

Los dos departamentos son muy ricos en ganadería y pesca, y también producen grandes cantidades de arroz, plátano y maíz. También hay una notable variedad de especies animales, algunos de ellos en vía de extinción. En sus selvas hay árboles gigantescos que son explotados de manera indiscriminada. Muchos de sus bosques han sido destruidos por narcotraficantes para sembrar coca. Algunos de los ríos más importantes de la cuenca amazónica están en la región: Caquetá, Orteguaza, Guayas y Putumayo, entre otros.

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Presencia de la Iglesia

Desde tiempos remotos ha sido notoria la presencia e influencia de algunas comunidades de sacerdotes, especialmente, jesuitas, franciscanos, capuchinos y misioneros de la consolata.

En el caso del Caquetá, varios pueblos fueron fundados por curas italianos que bautizaron estos lugares con nombres de ciudades de su país como Florencia y Milán. Estos religiosos —recuerda el arzobispo Mejía Giraldo— levantaron hospitales, puestos de salud, iglesias, colegios, escuelas y barrios en medio de la selva y llevaron el Evangelio a lugares insospechados.

A muchos de esos sitios, los misioneros viajaban por ríos fragosos durante largas jornadas, debían permanecer en modestos caseríos y convivir con indígenas que muchas veces fueron hostiles y los obligaron a salir por la fuerza de sus predios para no asesinarlos.

La arquidiócesis de Florencia, además de las tres diócesis asignadas, tendrá “una cercana comunión o relación espiritual” con los vicariatos apostólicos de Leticia (Amazonas), Mitú (Vaupés), Inírida (Guainía) y Leguízamo-Solano (Putumayo y Caquetá). Se trata de regiones cuyas capitales, poblaciones y caseríos están a cientos de kilómetros de distancia entre sí y a las que solo se puede llegar cruzando ríos torrentosos o viajando en avionetas privadas cuyos propietarios cobran altas sumas de dinero por sus desplazamientos.

 

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Al respecto, el secretario general de la Conferencia Episcopal Colombiana, Élkin Álvarez, aclaró que “nada prohíbe que estos vicariatos sean invitados a participar en las reuniones de los obispos de la provincia eclesiástica, pero sin derecho a voto deliberativo”.

Para el episcopado la creación del arzobispado es un excelente regalo de la Santa Sede para Colombia a pocas semanas de la celebración del Sínodo para la Amazonia que sesionará en Roma. El sínodo, que se reunirá del 6 al 27 de octubre, tiene como objetivo “encontrar nuevos caminos para la evangelización de aquella porción del pueblo de Dios, sobre todo de los indígenas, muchas veces olvidados y sin una perspectiva de un futuro sereno, y también por la causa de la crisis de la foresta amazónica, pulmón de fundamental importancia para nuestro planeta”.

 

 

 

 

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