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Los colombianos Cabal y Farah en Wimbledon: el triunfo de la amistad

WIMBLEDON
Atsushi Taketazu | The Yomiuri Shimbun
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Una amistad desde la niñez, la cercanía familiar y la constancia en la madurez, caracterizan a la pareja ganadora del torneo de tenis más importante del mundo

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Juan Sebastián Cabal y Robert Farah se conocieron en Cali, en el occidente de Colombia, cuando apenas tenían ocho años. Su amistad empezó no en las calles jugando al fútbol ni haciendo travesuras en las casas vecinas o en el colegio del vecindario, sino en una cancha de tenis de polvo de ladrillo.

El causante de ese encuentro fue Patrick, el padre de Robert, un inmigrante libanés e instructor de tenis especializado en Francia, que primero llegó a Montreal, Canadá —donde nació Robert— y luego a Colombia huyendo de la guerra civil que desangraba a su país.

En Cali —recuerda Patrick en una entrevista con la revista Match Tenis— les dieron la mano de verdad porque a la señora Eva, la madre, la contrataron como profesora de francés en un colegio y él se vinculó a la Liga de Tenis del Valle y a uno de los clubes sociales más importantes de esa ciudad. En ese momento, el futuro tenista no tenía un año de nacido.

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EFRAIN HERRERA | Presidencia

En un torneo regional, Patrick conoció a Juan Sebastián Cabal, un año menor que su hijo y “un luchador con una buena derecha” para la raqueta. Desde entonces, el mundo de los niños nacidos en 1986 y 1987, no tuvo motivación diferente al tenis porque sus encuentros de fin de semana y los diálogos infantiles siempre eran alrededor del ‘deporte blanco’. Esta evocación la recalcó hace poco Cabal en una entrevista con el ATPWorldTour.com: “Casi todas las memorias que tengo de los dos juntos, a partir de ahí, son en una cancha de tenis”.

La rivalidad no les afectó

Con el tiempo, uno y otro tuvieron que enfrentarse en sencillos durante torneos municipales y departamentales, aunque Patrick dice que eran partidos tensionantes debido a su enorme calidad y el nivel de exigencia que él les había inculcado como entrenador. Unas veces ganaba Sebastián y en otras el vencedor era Roberto, pero al final de cada partido “la rivalidad no les afectó y seguían siendo amigos”, como si nada hubiera pasado.

Esa amistad de los adolescentes, cruzada por campeonatos, viajes y sacrificios, se extendió en la juventud cuando ambos fueron patrocinados por una multinacional española que los fichó en un equipo de alto nivel competitivo en el mundo. Establecidos en Bogotá como jugadores de sencillos —sin pensar que su futuro estaba en los dobles— Juan Sebastián y Robert empezaron el largo y sacrificado camino hacia el profesionalismo, con rigurosos campeonatos dentro y fuera de Colombia.

Los días difíciles

Los nubarrones aparecieron en 2005 cuando Cabal jugaba un torneo en Morelia, México. Allí se rompió el ligamento cruzado de su rodilla izquierda y se le desprendió el menisco lateral, una lesión grave para cualquier deportista por la incapacidad que debe guardar y el riesgo de no volver a practicar su disciplina a nivel profesional. Por su parte, Farah, inseguro sobre su proyección y los malos resultados en el tenis, prefirió colgar la raqueta y viajar a Estados Unidos donde lo esperaba una beca para estudiar Economía en la Universidad del Sur de California.

Dos años después, Juan Sebastián, que se recuperó de la lesión después de que muchos médicos le habían recomendado olvidarse del tenis para siempre, regresó a las competencias y recuperó su seguridad. Mientras tanto, Robert combinó sus estudios con clases de tenis que le dejaban algún dinero y volvió a competir en torneos como el NCAA Championship, campeonato nacional universitario masculino en el que fue campeón individual en 2008 y vencedor de dobles en 2010 y 2011.

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EFRAIN HERRERA | Presidencia

En 2011, al verificar que sus resultados en el campo individual eran inferiores a sus logros en dobles, Juan Sebastián Cabal y Robert Farah decidieron jugar en equipo a nivel competitivo. Así, durante más seis años, recorrieron canchas del mundo ganando torneos ATP, obteniendo medallas y trofeos de prestigio y sumando puntos en el ranking internacional. Ya lo habían hecho muy bien desde que tenían doce años y jugaban en las canchas del Club Tequendama, pero a partir de ese año, con la seguridad recuperada, estaban seguros de que los éxitos no tardarían demasiado.

Su prestigio como doblistas también les permitió armar parejas con tenistas de otras nacionalidades. En un comienzo Cabal lo hizo con el argentino Eduardo Schwan con quien llegó a la final del Roland Garros, exigente torneo en que fueron derrotados por el serbio Daniel Néstor y el bieloruso Max Mirnyi. Mientras tanto, Farah armó pareja con la alemana Anna-Lena Grönefeld con quien disputó dos finales de grand slam, los abiertos de Wimbledon (2016) y Roland Garros (2017). En ambos torneos obtuvieron el subcampeonato en la modalidad de dobles mixtos.

Un honor para Colombia

El triunfo de Cabal-Farah en Wimbledon –el torneo más antiguo del mundo– es el más importante obtenido por Colombia en este deporte. Y lo hicieron frente a la fuerte dupla francesa de Nicolás Mahut y Edouard Roger-Vasselin a quienes vencieron en un épico partido que duró cuatro horas y 56 minutos. Según los comentarios de la prensa especializada este partido, en cancha de césped, ha sido uno de los más disputados de las últimas décadas en el templo londinense del tenis. Los marcadores así lo señalan: 6-7 (5), 7-6 (5), 7-6 (6), 6-7 (5) y 6-3. Esto explica la euforia colombiana despertada por esta pareja en un país donde los reyes del deporte son los futbolistas —ganadores de pocos eventos— y los ciclistas, auténticos héroes que con frecuencia arrasan en competencias internacionales.

Todos los medios sin excepción dieron gran despliegue a su hazaña, sus familias y orígenes y hasta el presidente de la República, Iván Duque, los recibió con honores de estadistas en la Casa de Nariño. En una emotiva ceremonia en la que los condecoró con la Orden Nacional al Mérito en el grado de Gran Cruz Extraordinaria, Duque les dijo: “Ustedes han hecho historia para siempre”.

En medio de los reconocimientos Juan Sebastián y Robert recordaron sus duros momentos de niñez, las dificultades para llegar al más alto nivel del tenis mundial, las lesiones, los altibajos de la competitividad, pero, sobre todo, el valor de la amistad. Y, como lo habían dicho a los periodistas, recordaron que esa buena amistad se forjó en un club de tenis desde la niñez y, pese a las derrotas y triunfos, se mantuvo inalterable fuera de ellas.

 

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