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Las prisioneras con hijos, invisibles al derecho a la alimentación

FENCE
Shutterstock | Ruslan Shugushev
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Un documento informa acerca de la terrible situación nutricional en que se encuentran madres y niños en las cárceles de Uruguay

Lamentablemente ha crecido la violencia en América Latina, a raíz de ello muchos países han tendido a generar mayor nivel de respuestas represivas produciendo un aumento desmedido del número de personas privadas de libertad.

Por esta razón es importante conocer y visibilizar a fondo si, ante este contexto, qué afectaciones hay y/o determinar en qué grado se está cumpliendo el derecho a la alimentación en estos lugares.

Precisamente sobre esto se ha realizado una investigación para conocer en profundidad la situación alimentaria nutricional de las mujeres privadas de libertad y sus hijos, así como determinar el cumplimiento de la observancia del Derecho a la Alimentación (DAA).

Este estudio fue realizado en Uruguay durante el período julio 2018-febrero de 2019, por los Observatorios del Derecho a la Alimentación (ODA) de la Escuela de Nutrición (EN) y la Facultad de Derecho (FDER) y el Laboratorio de Litigio Estratégico de la FDER, con el apoyo del Comisionado Parlamentario para el Sistema Penitenciario. Se puede acceder al estudio completo aquí.

En 2018, los especialistas se centraron en las mujeres privadas de libertad con hijas e hijos en la Unidad 9 en Montevideo, y en 2019 se amplió el campo de estudio a la Unidad 20 de Salto, donde habita la mayor cantidad de niñas y niños del país, y otras cárceles del interior, en las que el observatorio todavía continúa trabajando.

¿Por qué la importancia de conocer la situación alimentaria de las cárceles?

Por el simple hecho de que el derecho a la alimentación tiene como base la dignidad de la persona, es un derecho humano reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que abarca la disponibilidad y accesibilidad de alimentos en cantidad y calidad suficientes para satisfacer las necesidades nutritivas y calóricas requeridas por el organismo en las distintas etapas de la vida.

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Shutterstock | Abir Bhattacharya

Para el papa Francisco, la atención al mundo penitenciario es una de las grandes sensibilidades. Siendo así, que cada uno de sus viajes las visitas a las prisiones son obligatorias para él, porque le gusta quedarse a almorzar con estos hombres y mujeres olvidados, imperfectos.

Porque para él compartir la mesa es vivir un momento especial donde se pueden crear puentes y difundir un mensaje de hermandad universal, y más aún con esta parte de la sociedad que no es aceptada o es mirada con recelo por sus errores cometidos. Pero en los que él confía y cree que son permeables al cambio y tal vez, al aliento del Espíritu.

Es que primero que nada son personas, que tienen derechos como todos nosotros, y deben ser respetados.

¿Cómo debe ser la alimentación recibida en las cárceles?

Los Principios y Buenas Prácticas sobre la protección de las personas privadas de libertad en las Américas, establecen el derecho a recibir una alimentación de calidad y en condiciones de higiene, que asegure una nutrición adecuada y suficiente, considerando aspectos culturales y religiosos, así como también necesidades o dietas especiales.

La alimentación debe ser para todos, suficiente, completa y equilibrada, en cantidades y proporciones, que cubran las necesidades nutritivas y calóricas que requiere nuestro cuerpo.

También debe ser segura, es decir, no ha de contener contaminantes ni tóxicos que conlleven un riesgo para la salud.

Por último, debe ser respetuosa con el medio ambiente, preservando los recursos, generando los menos residuos posibles y potenciando el desarrollo agroalimentario local y los productos de temporada.

¿Que se observó en este estudio?

Las representantes de la Escuela de Nutrición concluyeron que la alimentación ofrecida por la Unidad 9 a las mujeres privadas de libertad y a sus hijas e hijos no garantiza el logro del derecho a la alimentación.

En principio, porque detectaron que la dieta aporta “una cantidad y calidad de alimentos y nutrientes que limitan el goce de una vida sana y no contempla sus preferencias alimentarias”. En este sentido, resaltan que hay una escasa variedad y cantidad de frutas y verduras, una ausencia total de pescado y un excesivo uso de sal, grasas y azúcares refinados.

En el caso de los niños, dicen que esta poca variedad de alimentos podría “comprometer la consolidación de hábitos alimentarios saludables en la vida adulta”, especialmente en los menores de 24 meses.

En el estudio también se destaca que en la planificación del menú no son consideradas las patologías de algunas reclusas, que requieren regímenes especiales.

La mitad de las mujeres sufre mala nutrición

Con respecto al estado nutricional de las mujeres privadas de libertad, el documento afirma que la mitad “presentaba malnutrición tanto por déficit como por exceso”.

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Shutterstock | addkm

Además, se evaluaron las condiciones edilicias de las áreas de preparación de alimentos, la que destaca falencias tales como: espacios reducidos de trabajo, la existencia de procedimientos de elaboración inadecuados y la carencia de un programa de limpieza, lo cual “podría comprometer la inocuidad de los alimentos”

¿Qué se puede hacer ante esta situación?

Su Santidad en sus visitas siempre deja un mensaje de esperanza a estas personas, uno de ellos fue a las madres privadas de libertad y sus hijos en Chile el 16 de enero de 2018, el Centro Penitenciario Femenino de Santiago en Santiago de Chile: “Hoy estás privada de libertad, pero eso no significa que esta situación sea el fin. De ninguna manera. Siempre mirar el horizonte, hacia adelante, hacia la reinserción en la vida corriente de la sociedad”.

Es necesario aunar esfuerzos en la región para visualizar este problema e instalarlo como prioridad en las distintas agendas públicas y de la sociedad civil.

Para que una alimentación cumpla con los requisitos necesarios para ser adecuada, equilibrada, y segura no son necesario alimentos gourmet, costosos, o demasiado elaborados sino una propuesta viable con un presupuesto razonable. Aquel que contemple principalmente a los alimentos frescos, poco procesados o sin procesar y principalmente vegetales, evitando los alimentos de baja calidad nutricional.

Recomendaciones en el documento

Algo interesante de este estudio es que además cuenta con una serie de recomendaciones para mejorar esta situación.

Entre ellas se destaca mejorar las condiciones edilicias del lugar en donde se almacenan, elaboran, sirven y consumen alimentos, diseñar e implementar un plan de limpieza y un programa educativo dirigido al personal penitenciario y a las privadas de libertad encargadas de la manipulación de alimentos.

En lo referente a lo nutricional, sugieren contratar licenciados en Nutrición para realizar un seguimiento de la situación alimentaria y nutricional de las madres e hijos, gestión y supervisión del servicio y diseñar un menú en el que se contemple tanto sus requerimientos como sus patologías.

Hay una necesidad de generar conocimientos que contribuyan al mejoramiento de las políticas públicas de reclusión, especialmente vinculado al derecho a la alimentación, porque esta situación de vulneración no ocurre solamente en este país sino también en otras cárceles de América Latina.

 

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