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La pregunta más aterradora

©ESB Professional/Shutterstock

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Luisa Restrepo - publicado el 13/07/19

¿Te vas a atrever a contestarla?

Entre las clases, el trabajo, las expectativas de los padres, de los demás, las citas, el Instagram y el discernir qué hacer; nuestra vida puede convertirse en una larga lista de cargas y presiones.

Muchos luchan con la ansiedad, la depresión, la soledad y las inseguridades, hasta que se acostumbran a sobrevivir sin la ayuda de Dios y de los demás.

Es que todos llevamos cruces personales que pueden sentirse demasiado pesadas ​​como para ser descubiertas. Y cuando llegamos al borde de la posible desesperación, Jesús nos está esperando. Él quiere llevar nuestras cruces y no abandonarnos en el sufrimiento.

Entonces, ¿cómo lo dejamos entrar en nuestras luchas? ¿Cómo darnos cuenta de lo que Él quiere de nosotros?

La pregunta

Al esforzarnos por lograr una vida en paz, nos olvidamos de hacernos una pregunta básica que puede resultar aterradora: «¿Realmente quiero vivir una vida más feliz?». Puede sonar simple pero responder a ella requiere una honestidad brutal. Implica caer en la cuenta de muchas cosas, ir más adentro, dejar ciertos hábitos y dejarse ayudar.

No es cuestión de vergüenza, sino de un termómetro de cómo está la honestidad en nuestra vida. ¿Nos hemos acomodado en nuestras luchas y estamos esperando a que Dios nos lleve a una mejor vida?

La respuesta

Dar una respuesta honesta a la pregunta ¿realmente quiero vivir una vida más feliz? implica dejar el miedo; pues si la respuesta es sí, lo más probable es que tengamos bastante trabajo por hacer.

Ese sí podría significar ser vulnerable con los otros y pedir ayuda.

Podría significar despertarnos al hecho de que nos hemos establecido en algunas áreas de nuestras vidas.

Podría revelar que nos hemos sentido demasiado cómodos y hemos dejado de crecer.

Y finalmente, podría revelar, que nos hemos metido en nuestra “cueva” para no sufrir.

El camino

Vivir la vida al máximo puede no ser un paseo por el parque, pero es una vida llena de esperanza en Cristo. Él nos da la gracia para llevar nuestras cruces y esta gracia viene con pasos concretos y prácticos.

Dar pasos reales hacia una vida más satisfactoria significa primero aceptar la respuesta a la pregunta ¿realmente quiero vivir una vida más feliz?.

Requiere una mirada honesta a nosotros mismos porque necesitamos entender de dónde venimos y dónde estamos para poder avanzar. Significa tomar pasos concretos y reales. Significa estar dispuestos a amar y en ese esfuerzo cosechar sufrimiento también.

No podemos simplemente decir que sí y esperar a que Dios haga todo el trabajo. Él nos está llamando a seguirlo y eso implica pararse e ir.

Significa hablar con alguien y pedir ayuda. Significa construir una relación conmigo mismo.

Vivir una vida más feliz requiere que entendamos para qué estamos hechos. Requiere darnos el tiempo, la paciencia y la comprensión que le daríamos a un amigo mientras lucha, fracasa, se cae y se recupera en el proceso de crecimiento y curación.

El cambio real requiere una acción real. Para crecer y sanar, primero debemos hacer esa pregunta aterradora y examinar si realmente estamos levantándonos de nuestra comodidad para vivir bien.

También implica no volver una y otra vez sobre nuestros problemas. Implica salir a la calle y mirar a nuestros hermanos, empezar a luchar por ellos. Cuando los hayas amado lo suficiente se habrá estirado tu corazón y estarás curado. Como dice Martín Descalzo: “De cada cien de nuestras enfermedades, noventa son de parálisis y de pequeñez espiritual. «El vicio supremo es la limitación del espíritu», decía Oscar Wilde. Y aún lo decía mejor un viejo santo oriental, San Serapión. «El problema de a qué dedicamos nuestra vida es un problema artificial. El problema real es la dimensión del corazón. Consigue la paz interior y una multitud de hombres encontrarán su salvación junto a ti»”.

¿Estás dispuesto a dejar de limitar tu espíritu? No tengas miedo. Haz la pregunta y ponte a trabajar.

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