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¿Qué es el TIAR? Venezuela y la búsqueda de ayuda militar extranjera

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Aparece en el turbulento panorama venezolano un antiguo pacto, invocado varias veces en el pasado pero nunca puesto en acción

Un pacto interamericano de defensa mutua firmado hace más de 70 años centra ahora el debate en la Asamblea Nacional de Venezuela, controlada por la oposición.

Las tensiones en Venezuela se agudizan mientras reflota esta opción, fundamentada  en el principio de solidaridad y cooperación entre los estados. Básicamente, tiene como objetivo buscar soluciones pacíficas a sus conflictos, pero no descarta otras opciones de defensa mutua.

El jefe del Parlamento, Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por más de 50 países, decidió dar un paso más allá y anunció que promoverá el Tratado de Río -un mecanismo de asistencia militar extranjera- para intentar sacar del poder al gobernante Nicolás Maduro, a quien se considera un dictador.

Según expertos, la reincorporación de Venezuela al TIAR podría hacerse en cuestión de horas, ya que requiere solo de la firma de Guaidó, considerado como presidente legítimo del país en lugar de Maduro por más de 50 naciones, incluidos la mayoría de los países de la región.

La médula del TIAR

También conocido como el TIAR, este tratado, en su  el artículo 3.1, establece que en caso de (…) un ataque armado por cualquier Estado contra un País Americano, será considerado como un ataque contra todos los Países Americanos, y en consecuencia, cada una de las Partes Contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva que reconoce el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.

La oposición a Maduro debe abordar la tarea de buscar y consolidar el respaldo de los países de la región a fin de activar este mecanismo. Es preciso movilizar la presión dentro y fuera de Venezuela con el objetivo de apalancar esta alternativa.

El TIAR ha sido invocado al menos 20 veces durante los años 1950 y 1960. Particularmente durante el bloqueo a Cuba en 1962 y la guerra entre Honduras y El Salvador en 1969. Sin embargo nunca fue puesto en acción debido a amenazas de la Guerra Fría. La más reciente invocación del TIAR ha sido la de EE. UU. , después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), también conocido como Tratado de Río porque se firmó en la ciudad de Río de Janeiro, el 2 de septiembre de 1947, se acordó después de que culminara la Segunda Guerra Mundial. Los países firmantes condenaban formalmente la guerra y el tratado tenía como objetivo buscar soluciones pacíficas a sus conflictos.

15 miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) se mantienen adheridos al TIAR, entre ellos: Estados Unidos, Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú. Se habla ahora, con insistencia, acerca de que funcionarios estadounidenses y latinoamericanos estarían explorando seriamente invocar el pacto.

 No hay soluciones mágicas

“Cumplidos los pasos requeridos, la Asamblea Nacional (Parlamento) aprobará el TIAR “, indicó en Twitter el líder opositor tras asegurar que en Venezuela “ya no queda espacio para la duda” pues el país “vive una dictadura”. No obstante, cono él mismo lo ha declarado, la  transición es irreversible, pero no existen soluciones mágicas. Tanto el TIAR, como los demás mecanismos que usaremos, requerirán aumentar la presión interna y externa.

El hecho real es que el uso de la fuerza o una coalición militar se dará en Venezuela cuando cualquier país, pero especialmente EE.UU., considere que los costos de no intervenir son mayores a los de intervenir, es decir, que la situación sea un riesgo insoportable para EE.UU. u otros países.

A solicitud del Estado o Estados, hasta la decisión del órgano de consulta del sistema interamericano cada parte podrá determinar qué medidas aplicar para salvaguardar la seguridad continental.

Presión diplomática y componente militar

Si bien el TIAR es percibido como un instrumento que tiene implicaciones militares porque se centra en las medidas ante una posible intervención armada extranjera,  también contempla la invocación de otras acciones por la vía diplomática y económica.

El propio representante del gobierno de Trump para Venezuela, Elliott Abrams, le dijo que “el TIAR es mucho más amplio” que un tratado militar.

A lo que agregó: “El TIAR habla de acciones en común, pero pueden ser relaciones diplomáticas, pueden ser de orden económico, o pueden ser sanciones”.

Las opiniones están divididas en Venezuela. Algunos aseguran que el TIAR será el instrumento que le abrirá las puertas a la fuerza militar extranjera para reinstitucionalizar el país y volver a la democracia; mientras que otros especialistas en derecho internacional, sin negar que la reincorporación al tratado es una buena idea, puntualizan que esperar que su invocación haga que actúe una coalición militar internacional es una ilusión.

¿Por qué el TIAR ahora?

 Guaidó, que venía siendo conminado desde hace meses para tomar esta decisión, ha optado por asumir su responsabilidad y encarar el tema de manera frontal. El motivo para que sea en este momento probablemente responda al cierre de otras opciones por parte del oficialismo, bien para provocar elecciones libres o también para escalar otros niveles de presión sobre el régimen. Pero, sin duda, el ariete que animó la decisión fue el lapidario informe-Bachelet que ha desnudado al gobierno de Maduro y expuesto la ilegitimidad de sus acciones: se trata de una dictadura que desconoce toda legalidad.

Guaidó envió en mayo una carta al secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, para iniciar los procesos de reincorporación al TIAR, con el argumento de que “tenemos el legítimo derecho de construir las capacidades y alianzas internacionales necesarias para proteger y defender al pueblo y nuestra soberanía”.

Lo que sigue: el proceso lo aprueba la Asamblea Nacional y se hace efectivo con la firma del Ejecutivo, pero podría concretarse ya que la mayoría de los países adheridos reconocen a Guaidó como presidente encargado.

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