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¿Cómo falleció el Doctor José Gregorio Hernández?

JOSE GREGORIO HERNANDEZ
Cortesía Arquidiócesis de Caracas
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“¡Virgen Santísima!” fue la última expresión que se le escuchó decir al “Médico de los pobres” después del trágico accidente, recordaron los devotos en el centenario de su tránsito al Cielo

¿Realmente el doctor José Gregorio Hernández murió atropellado por el ‘único’ vehículo que había en Caracas en 1919? Esta y otras interrogantes circulaban entre los devotos del “Médico de los pobres”, el sábado 29 de junio, en Venezuela, en el marco conmemorativo del centenario de la muerte del galeno nacido en Isnotú, estado Trujillo, el 26 de octubre de 1864. Todavía a cien años de su muerte, algunas personas desconocen lo ocurrido aquél 29 de junio de 1919, cuando José Gregorio fallecía “en olor de santidad”.

Los feligreses más informados y que conocen con exactitud la trágica historia de los hechos ocurridos en la esquina de Amadores, en la parroquia La Pastora de Caracas, daban gracias a Dios por haber permitido la existencia de “un hombre que pasó por la vida sirviendo a los más necesitados”, como dijo para Aleteia la señora Nelly Puerta. Otros, aunque sin tener a mano los pormenores del caso, no dejaron de honrarlo, al tiempo que la curiosidad les hacía preguntarse: “¿Cómo murió el Doctor José Gregorio Hernández?”.

 

JOSE GREGORIO HERNANDEZ
Public domain

“¡Virgen Santísima!”, su última expresión

Para despejar las dudas se realizaron consultas a importantes investigadores venezolanos. Uno de estos es el doctor Miguel Yáber, que en la obra José Gregorio Hernández (1997) cuenta que el domingo 29 de junio de 1919, alrededor de las 2 de la tarde, solicitaron los servicio del “Médico de los pobres” para atender a una anciana que vivía entre las esquinas de Amadores y Cardones, en Caracas. Primero pasó por la Botica de Amadores para comprar los medicamentos de la paciente “que se encontraba grave”.

Fernando Bustamante, tenía entonces 25 años de edad, ya que había nacido en Mérida  el 30 de mayo  de 1894. De profesión mecánico dental, era casado y padre de un niño, según datos aportados por Alfredo Gómez Bolívar, otro de los biógrafos del doctor José Gregorio Hernández, consultados. Bustamante tenía la licencia de conducir número 444, certificada por la Gobernación de Caracas. El Hudson Essex de 1918 que conducía, era uno de los, aproximadamente, 700 vehículos que había en la ciudad; en el resto del país, existían unos cuatro mil. El Cadillac B 1904 sería el primero en llegar a Venezuela.

Hacía cosa de media hora, que ese 29 de junio, Bustamante había cerrado su taller para ir a comer. El tranvía eléctrico era uno de los medios de transporte público en Caracas. La unidad número 27 era conducida por Mariano Paredes, y rumbo a La Pastora coincide con Bustamante en el lugar del accidente. En Amadores, el tranvía se detuvo y Bustamante lo intentó rebasar según narra el chofer en el Expediente 32 del Juzgado de Instrucción del Departamento Libertador del Distrito Federal, letra B, año 1919, citado por el doctor Yáber.

“El día 29 del mes en curso, como a las dos de la tarde, iba yo manejando mi automóvil subiendo a la esquina del Guanábano a la de Amadores; por delante de mí marchaba un carro de los tranvías eléctricos y, como viniera en sentido contrario un muchacho, manejando una carretilla, le di paso y siguió marchando tras el tranvía”, dice la obra.

Bustamante sigue con su narración: “tomando enseguida la izquierda, aplicando la segunda velocidad, empecé a tocar la corneta en temor de que por el lado de la calle se apeara alguno del tranvía; al llegar a la esquina de los Amadores, y antes de entrar en la bocacalle, el tranvía quitó la corriente y entonces pisé el acelerador para darle un poco de velocidad al carro y embragar la tercera velocidad”.

 

JOSE GREGORIO HERNANDEZ
Cortesía Arquidiócesis de Caracas

 

Sin embargo, en el momento en que Bustamante iba a operar el cambio, ocurre lo siguiente: “vi encima del automóvil una persona que, al pretender esquivar el automóvil y junto con su acción de hacerse hacia atrás y como caminara algún tiempo pretendiendo guardar el equilibrio, el cual no pudo conseguir, hasta que al fin cayó de espaldas”.

La reacción del mecánico dental fue inmediata: “Yo detuve el auto y volví a ver si se había parado pero lo vi en el suelo y reconocí al Dr. José Gregorio Hernández, y como éramos amigo y tenía empeñada mi gratitud para con él, por servicio profesionales que gratuitamente me había prestado con toda solicitud e interés, me lancé del auto y le recogí, ayudado por una persona desconocida para mí, y le conduje dentro del auto, sentándose a su lado la persona que me ayudó a recogerlo”.

Más adelante refiere: “en mi interés de prestarle los auxilios necesarios, le conduje tan ligeramente como pude, al Hospital Vargas y llamé al policía de guardia (…) explicándole prontamente lo que me pasaba”. Cuenta que acudió un interno y entre todos llevaron a José Gregorio a la cama de los enfermos. Pero como en ese momento no se encontraba ningún médico en el hospital, acudieron en el mismo auto por el Dr. Luis Razetti: “encontrándole en su casa, le condujimos inmediatamente al Hospital”. Al regresar, “un sacerdote que venía saliendo nos informó que ya el Dr. Hernández había muerto”, dice en el expediente.

La persona que ayudó a Bustamante a recoger y trasladar al doctor Hernández al hospital Vargas fue identificado como Vicente Romana Palacios, quien había sido avisado por un familiar; entretanto, el sacerdote que le dio la trágica noticia de la muerte fue Tomás García Pompa, quien por muchos años ejerció como capellán de este centro asistencial.

Alfredo Gómez Bolívar precisa que se tomaron 13 declaraciones de los testigos presenciales y otras que no lo fueron. “En el expediente se establece y se concluye en forma irrevocable, que lo acontecido fue un accidente”. “Allí se demuestra con lujo de detalles que José Gregorio queriendo atravesar la calle y adelantar el tranvía que en ese momento se estaba deteniendo; no solo no ve el automóvil que lo impacta, sino que además no lo oye”, indica un trabajo publicado por Aleteia. Explica que José Gregorio Hernández fallece debido a que el “duro golpe le causó traumatismos a su cráneo, al impactar su cabeza sobre la orilla de la calzada del peatón. Botó sangre por la nariz y sus oídos”.

En relación a los hechos inmediatos vinculados al accidente y muerte de José Gregorio, existe un detalle que pasará a la posteridad porque tiene que ver con sus últimas palabras del Venerable antes de fallecer. Así, los historiadores refieren que la señorita Angelina Páez, quien estaba en la ventana de su casa número 29, entre Guanábano y Amadores, contó que al momento de ser impactado, el médico exclamó: “¡Virgen Santísima!”.

 

JOSE GREGORIO HERNANDEZ
Cortesía Arquidiócesis de Caracas

El centenario en Caracas

Con motivo del centenario del importante hecho, la Arquidiócesis de Caracas ha querido dar a conocer la vida y obra de este “venezolano ejemplar, honesto, profesional insigne, investigador, profesor universitario, un médico lleno de inmensa caridad, un extraordinario ejemplo profesional”, como lo definió el vice postulador de la causa Tulio Luis Ramírez.

En ese sentido, el pasado 29 de junio, la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria, en Caracas -donde está la tumba de José Gregorio Hernández- fue el epicentro de algunas de estas actividades. Una marejada de devotos, no se dejaron esperar y acudieron al templo para rendirle honores a José Gregorio, mostrar su gratitud por los favores recibidos, o sencillamente, para pedirle a Dios por su pronta beatificación.

El cardenal Jorge Urosa Savino recordó que la causa de canonización fue iniciada en 1949 por monseñor Lucas Guillermo Castillo, entonces titular de la Arquidiócesis de Caracas; y en 1986, San Juan Pablo II proclamó que “había practicado las virtudes en grado heroico, es decir, de manera perfecta, por lo cual se le da el título de Venerable”.

También se recordó que el 18 de enero de este año, el cardenal Baltazar Porras Cardozo, administrador apostólico de Caracas, entregó a la Congregación para la Causa de los Santos, en el Vaticano, el expediente contentivo de un presunto milagro ocurrido en la niña Yaxuri Ortega, de trece años, tal como informó Aleteia el 19 de diciembre de 2018. Todo esto alimenta la esperanza en la población de que muy pronto el doctor José Gregorio Hernández será beatificado. Solo falta que el milagro sea una realidad inexplicable.

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