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Fundación San Antonio: Una pequeña gran obra que cumple 125 años

SAN ANTONIO

Cortesía Fundación San Antonio

Vicente Silva Vargas - Aleteia Colombia - publicado el 05/07/19 - actualizado el 06/07/19

Esta organización social, la más antigua de la Iglesia colombiana, ha brindado apoyo y educación de calidad a más de 75.000 niños pobres en los últimos 15 años

Los archivos históricos dicen que el sacerdote Manuel María Camargo se inspiró en los doce apóstoles y san Antonio de Padua para crear en 1894 un modesto albergue que diera abrigo y comida a niños pobres que vivían en las frías calles bogotanas.

Todo empezó con una docena de pequeños abandonados a los que reunió en un asilo al que llamó la Obra del Niño Jesús a Favor de la Infancia Desamparada. El padre le puso este nombre porque además de admirar el sentido de la caridad del santo portugués nacido en 1195 y fallecido en 1231, siempre le llamó la atención la icónica figura de un joven san Antonio con un Niño Dios en sus brazos y sentado sobre la Biblia.

Su trabajo durante años como profesor de colegios católicos y formador de niños y jóvenes le permitieron diseñar su proyecto inicial en el que la acogida era muy importante, pero también la enseñanza de valores y de un oficio digno para que en un futuro pudieran valerse por sí mismos. Los comienzos no fueron fáciles porque el cura tuvo que buscar recursos económicos por su cuenta y enfrentar adversidades como la epidemia de tifo que en 1899 azotó a la ciudad.

SAN ANTONIO
Cortesía Fundación San Antonio

Con la venta de tamales y empanadas y las ganancias que producían sus bazares, Camargo fue afianzando su proyecto no solo con el propósito de que los niños abandonados tuvieran pan y techo, sino que se formaran para tener un norte en sus vidas y en el futuro sirvieran a la sociedad. “Con el tiempo —dice Kenny Lavacude, director ejecutivo de la Fundación San Antonio— personas pudientes de Bogotá se dieron cuenta de la importancia de la obra, empezaron a apoyarla y lograron que el proyecto creciera”.

La organización se agigantó y cambió su nombre para adaptarse a las diversas realidades sociales. La Obra del Niño Jesús, su nombre inicial, fue remplazado por el de Asilo San Antonio y más adelante, se denominó Fundación San Antonio para la Infancia Abadonada. Por último, en 1985, se convirtió en Fundación San Antonio.

SAN ANTONIO
Cortesía Fundación San Antonio

Gracias a los aportes de laicos comprometidos, empresarios, la comunidad y las actividades promovidas por el sacerdote, la primera sede —una modesta y estrecha casa construida al sur de Bogotá— fue remplazada entre 1917 y 1932 por un edificio de estilo neoclásico que en la actualidad hace parte del patrimonio urbanístico de la ciudad. En sus más de 5.000 metros cuadrados funciona un colegio en el que estudian niños y niñas pobres cuyas familias pagan de acuerdo con sus posibilidades económicas.

Una de las características de esta obra es la ayuda que la Fundación siempre ha brindado a niños víctimas de los conflictos políticos que ha padecido Colombia. En entrevista con Aleteia, Lavacude recuerda que a comienzos del siglo XX llegaron a Bogotá muchos niños desplazados por la Guerra de los Mil Días y que en los años 40 y 50 también arribaron miles de huérfanos o abandonados por su padres luego de la violenta confrontación entre seguidores de los partidos Liberal y Conservador. A esa oleada se sumaron en los años 80 y 90 decenas de hijos de las víctimas del conflicto armado entre guerrillas, Estado y paramilitares.

Más imágenes aquí (hacer click en galería):

San Antonio hoy

Manuel María Camargo fue nombrado canónigo de la catedral primada de Bogotá y por esa condición recibió el título de monseñor, aunque nunca fue consagrado obispo. Sin embargo, su formidable tarea de 39 años le sirvió para ganarse el respeto de sus superiores y un cariñoso apelativo que le regaló la gente del común: ‘Apóstol de la caridad’.

Monseñor no quiso que su causa desapareciera con él o se diluyera con los años. Por esa razón, antes de morir —en 1933— legó toda su obra a la Arquidiócesis de Bogotá que sin desmayo la ha sostenido en buenas y malas épocas durante más de ocho décadas. Su presencia es tan grande que estableció sedes en doce de las veinte localidades —una especie de municipios— que tiene esta capital con casi ocho millones de habitantes.

Los 1.150 estudiantes que cursan primaria y bachillerato en el Gimnasio Manuel María Camargo son formados con valores éticos y cristianos. Sus programas buscan que sean ciudadanos de bien, tengan una gran formación humana y cristiana y sirvan al país. A ellos se suman 1.550 estudiantes de ‘Redes, Escuela para el Tiempo Libre”, un programa en el que niños y adolescentes complementan su formación académica con actividades que los alejan de los peligros de la calle.

El apoyo de esta institución se extiende a otras organizaciones de la Iglesia que trabajan por la infancia y la adolescencia, entre ellas hogares que acogen a niñas de la provincia, residencias para jóvenes y fundaciones que trabajan en programas de nutrición infantil. También apoya a la Fundación de Atención al Migrante, otra obra de la arquidiócesis que atiende a un alto número de niños venezolanos que huyeron con sus padres hacia Colombia.

El viejo sueño del padre Camargo de no ver más niños sin futuro en las calles, cumplió el pasado 13 de junio —fiesta de san Antonio de Padua— 125 años de vida. Para la arquidiócesis bogotana, este aniversario de la organización social más antigua de la Iglesia colombiana “significa más de un siglo de caridad por los niños, los seres más vulnerables”. Las cifras más recientes lo demuestran: 5.500 niños atendidos anualmente, es decir, más de 75.000 menores arrebatados a la miseria y el abandono en los últimos 15 años.


BOGOTA

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