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Fantásticos ejercicios para sanar interiormente a través de la imaginación

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Recrea estas escenas

Existe un aspecto práctico de la sanación interior que es la composición de lugar, es decir las meditaciones o ejercicio de la imaginación: ir a un lugar con nuestra mente o imaginación, según lo indica san Ignacio de Loyola.

La composición de lugar es una manera de utilizar con sabiduría nuestra imaginación y ponerla al servicio de la acogida de la Palabra y de la Voluntad de Dios, es decir, ser más dóciles a ellas.

Por ejemplo, la Cruz. Cuando meditamos sobre ella decimos: vayamos al calvario a acompañar a Jesús; veamos, presenciemos lo que está sucediendo.

Se llama composición porque es como si con la imaginación yo estuviera recreando la escena.

Otro ejemplo puede ser cuando llega la pecadora al lugar donde yo estoy con Cristo. ¿Cómo reacciono cuando ella llega? Yo me pongo en el lugar de las personas que están ahí y me doy cuenta de mi reacción o de mi pensamiento.

Lo bueno de estas composiciones es que luego yo puedo asumir otro rol. Por ejemplo, ser ahora la pecadora. En la composición del lugar la imaginación es mi aliada en un proceso de sanación.

Estos son algunos ejemplos de la composición de lugar que Fray Nelson Medina sugirió en un retiro de sanación.

La visita

MEMORY
Public Domain

Imagina la línea de tu vida. Descubre los días luminosos y los oscuros. Cuando descubro los días oscuros yo le digo a Jesús: “Ven a visitar esa parte de mi vida y sánala”.

Lo maravilloso de este ejercicio es que se puede hacer muchas veces. El único requisito es que uno nunca va solo, siempre va con Cristo y obviamente Cristo siempre va con su Madre. Hay que invitar a Jesús a sanar esas épocas de mi vida.

Si uno lo hace solo, corre el riesgo de revivir rencores y remordimientos. O sea, revivimos una memoria en el sentido que no era.

Cuando reconstruimos esa escena que queremos sanar no hay necesidad de darle tanto detalle porque corremos el riesgo de darle poder al enemigo.

La entrega

pixabay

Eso que tiene que ver mucho con el sacramento de la confesión. Este ejercicio es muy bueno hacerlo a los pies de la Cruz, entregar a Jesús todas mis heridas, mis agobios, mis cansancios. Es el momento de liberarse de esa carga y entregársela a Jesús a los pies de la Cruz.

Imagínate eso que tú estás cargando, rabia, rencor, resentimiento. Hace cuánto tiempo lo tienes. Es ir con Jesús y decirle: «Yo te presento, Señor, esto que he vivido, este recuerdo, te presento esta persona, yo no sé cómo tratarla, yo no sé ni siquiera cómo recordarla sin dolor ni cómo pensar en ella. De hecho, yo quisiera que esa persona ya estuviera fuera de este mundo».

Es entregar al Señor eso que tú ya no puedes ni quieres llevar a cuestas. La oración de entrega es renunciar al síndrome de la discusión interna y eterna.

La operación

stefanolunardi

La composición de lugar de la operación es compararla con una sala de cirugía.

En esa cirugía es decirle a Jesús: “Aquí tú eres el único experto, Señor. Yo no sé cómo se puede quitar esta infección de mi vida, pero tú sí puedes sacar cualquier podredumbre de mí, tú si puedes limpiar y desinfectar”.

Es como hacer una cirugía total de corazón y reemplazarlo por uno nuevo.

Es pensar que uno está en cuidados intensivos porque cuando uno está ahí prácticamente no podemos hacer nada más que recibir. Así que a tener esa actitud ante Jesús.

El bronceado

FEET, BEACH, RELAX
Zolotarevs | Shutterstock

Es ponernos en la presencia de Dios. Puede ser en nuestro oratorio, delante del Santísimo, de su imagen o Cruz.

Esto parte de un texto bíblico de San Lucas que dice: Jesús es el sol que nace de lo alto.

Lo hermoso del bronceado es que uno nada más se pone delante del sol y el bronceado comienza, es decir, Jesús comienza a sanar y uno no se da cuenta ni a qué hora vino esa sanación.

Este ejercicio es muy práctico para las personas que viven un duelo o pasan por el síndrome del nido vacío o para aquellas que sienten que las esperanzas se agotaron.

Por ejemplo, en un duelo uno no puede decir: a partir de hoy me deja de doler. Pero si uno está en este ambiente, de dejarse iluminar y amar por Dios el proceso se va dando y uno se da cuenta de que va adquiriendo cierta tranquilidad que antes no tenía.

El sol, en este caso Jesús, hace todo el trabajo. Es ponernos en frente de la luz de Dios y decirle:” Señor, haz tu obra y báñanos con tu luz”. Poco a poco el Señor nos va sanando sin que nos demos cuenta.

La casa

ST. AUGUSTINE TERRACE
MAGNUSSON ARCHITECTURE + PLANNING

Imaginar que todo yo soy una casa es invitar a Jesús a que entre. Pero que entre a toda la casa, no nada más en la sala ni dejarle estar en sólo ciertas áreas. Uno le está dando permiso a Jesús que recorra la casa.

Darle permiso a Jesús a que entre es permitirle que llegue más y más a nuestra vida, es permitirle que llegue hasta lo más profundo de nuestro ser.

En las casas también esta el lugar de la basura. Pues también hay basura en mi vida y deseo que Jesús la conozca y la saque de mí.

La imagen de la casa es preciosa porque es darle permiso a Jesús de que no sólo sea un visitante en mi vida, sino que sea el dueño y señor de ella, de mi historia de mi cuerpo, de mi alma, de mi mente y corazón.

La pastilla

REKLAMY LEKÓW
GBALLGIGGSPHOTO | Shutterstock

Uno toma pastilla cuando se siente enfermo, para aliviarse.

Las pastilla son dosis de la Palabra de Dios que alivian el alma y se combate el mal.

Después de toda esta información sobre la sanación interior, ¿cuánto tiempo toma sanar?

Nadie sana de la noche a la mañana. El tiempo para sanar varía de persona a persona. No es un acto que se dé por arte de magia ni ipso-facto, sino pasito a pasito.

En este proceso habrá veces que demos dos pasos adelante y tres hacia atrás, pero es importante que eso no nos tumbe, que no nos desmotive para llegar nuestra meta que es la sanación.

Mientras transitamos el camino de la sanación este puede resultar muy doloroso, pero ese dolor no puede ser una sentencia de muerte, sino una lección.

Por lo mismo, el sanar exige que seamos amorosos, gentiles, pacientes y compasivos con nosotros, solo así podremos además de sanar aprender, crecer y comenzar nuevamente.

El paso más importante es comenzar a hacerlo y hay herramientas para que puedas lograrlo. Recuerda que Dios y tú son mayoría.

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