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Sagrado Corazón en Barracas: una joya arquitectónica europea en Buenos Aires

BARRACAS
@basilica.barracas
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Emblema de la generosidad de muchas emblemáticas familias porteñas del siglo XIX

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

Fue lo primero de consideración en erigirse en un barrio al que vio crecer en edificios y tránsito, como si una porción del arte religioso europeo se hubiese trasladado a principios de siglo XX hasta un pantano de Buenos Aires. Centenario edificio, la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús es otro emblema de la generosidad de muchas emblemáticas familias porteñas del siglo XIX, que legaron a la ciudad y a la perpetuidad auténticas joyas, refugio para la espiritualidad urbana y también atractivo turístico.

La Basílica del Sagrado Corazón de Jesús de Barracas fue construida en apenas cuatro años, entre 1904 y 1908, por más de mil operarios. Erigida por Leonardo Pereyra Iraola en terrenos de su propiedad a los que frecuentemente llegaban aguas del Río Riachuelo, conserva en su interior piezas que trasladan al visitante a otro continente. Inmensos rosetones de 8.50 metros de diámetros, más de 30 vitrales, son magnífica decoración para un amplio templo que posee siete altares, todos de mármol francés. Sorprenden las dimensiones de esta iglesia en Barracas, con 80 metros de largo, y 30 metros de extremo a extremo del crucero.

Como gran parte del arte religioso y el mobiliario conservado en este templo neorománico, el órgano mayor es un Mutin Cavaillé-Coll traído de Francia, preciado por los organistas de la Ciudad. Los 165 bancos, supervivientes a los tiempos, también fueron enviados desde el viejo continente, y en algunos hasta puede verse todavía el número para el ensamblaje del carpintero francés que los envió a principios del siglo XX.

Sorprende además el baldaquino sostenido por 4 columnas decoradas con bajorrelieves, algo no muy frecuente en templos porteños, que bien permite una catequesis sobre la historia de la liturgia del siglo XX en la infaltable visita a este templo.

Están a cargo de la vida parroquial los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, quienes acogerán para las patronales, como desde hace casi 60 años, la Peregrinación y procesión con la imagen del Sagrado Corazón desde la Catedral Metropolitana, algo más de 6 kilómetros.

Santidad en la familia

Curiosamente, el Papa Francisco está unido a esta Basílica, más allá de haberla conocido por ser porteño y por haber presidido como Arzobispo de Buenos Aires las celebraciones por su centenario. Uno de los hermanos de Leonardo Pereyra Iraola, mecenas de la edificación, era Martín Pereyra Iraola, padre de Martha Pereyra Iraola, hermana del Sagrado Corazón a quien el Papa no sólo conoció, sino que incluso confesó y admiraba. Martha había estudiado en el colegio de la sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, y luego ingresó en su noviciado. Como religiosa, mostró un permanente celo apostólico que la llevó a distintas partes del país.

El padre Bergoglio y la hermana Martha se conocieron mucho, desde que el hoy Papa Francisco era muy joven. Compartieron misiones en La Rioja, y ya en Buenos Aires, fue su confesor, y la visitaba en su comunidad de Almagro, donde la religiosa pasó sus últimos días. Fue el propio Bergoglio quien dio el puntapié para la causa de canonización en 2004, y la definió entonces como “la ternura de Dios que nos visitó”. “No quisiera morime sin verla beata”, escribió en 2012. En 2015 el Arzobispo de Buenos Aires, cardenal Mario Poli, clausuró la fase diocesana de su causa de beatificación.

La generosidad de la familia Pereyra Iraola en torno al Sagrado Corazón legó un maravilloso templo en el barrio de Barracas y un reconocido testimonio de santidad consagrada en la hermana Martha Pereyra Iraola.

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