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Berrinches: ¿tu hijo está siendo malo o siente inseguro?

Red pepper | Shutterstock

Anna O'Neil - publicado el 26/06/19 - actualizado el 26/06/19

Conoce lo que puede estar detrás de este comportamiento de los niños

Recientemente, hice un descubrimiento desafortunado: siempre que le levanto la voz a mi hijo de 4 años, su comportamiento empeora. Yo digo «desafortunado», porque levantar mi voz es muy sencillo, pero encontrar la paciencia y la amabilidad necesarias para lidiar con él cuando está poniéndome loca…bien, es necesario un poco más de esfuerzo.

Pero no es el tono de mi voz lo que es contraproducente. Me di cuenta que cuando amenazo con mandarlo al cuarto o dejarlo sin postre, sus ataques de rabia también aumentan. También he observado que le gustan los refuerzos positivos (léase: sobornos). Pero, para mi sorpresa, ofrecerle recompensas por buen comportamiento parece exactamente lo mismo: hacer que un niño que ya está fundido pierda aún más el control. Y ahí, ¿cómo proceder?

Yo ya estaba preparada para decir que los «niños están locos». Pero leí algo que juntó todas las piezas. Es del nuevo libro «Beyond Behaviors» (Más allá de los comportamientos), de la psicóloga infantil Mona Delahooke. Ella presenta la distinción entre dos tipos de comportamiento: el comportamiento «top down» (de arriba a abajo) y el comportamiento «buttom up» (de abajo hacia arriba). El comportamiento de arriba a abajo es deliberadamente escogido – el niño decide qué hacer y después lo hace. El comportamiento de abajo hacia arriba no es una elección consciente – y lo que pasa en el cerebro y en el cuerpo de un niño cuando se siente amenazado.

¿Nosotros no tendemos a pensar que nuestros hijos hacen berrinche a propósito? ¿Para llamar la atención, manipular, alcanzar algún objetivo? A veces eso es verdad (más frecuentemente con niños más grandes que con chicos), pero es importante considerar que lo que parece ser desobediencia es realmente el comportamiento «de abajo hacia arriba», bajo el cual el niño tiene menos control de lo que parece.

Delahooke dice que todo depende del concepto crucial de «neurocepción», que es el «monitoreo subconsciente constante del cerebro y del cuerpo en relación a la amenaza y la seguridad». Cuando el niño se siente inseguro, intentará instintivamente defenderse de la amenaza «luchando, huyendo o encerrándose. Por otro lado, cuando un individuo experimenta la neurocepción de seguridad, se relaja y puede acercarse a los demás, comunicarse e involucrarse».

Puede ser que el berrinche del niño derive del hecho que quiera desesperadamente calmarse y hacer lo que le has pedido, pero literalmente no sabe cómo. Su neurocepción está diciendo que no está seguro y sus instintos básicos de supervivencia, al intentar protegerlo, asumen el control.

Entonces, ¿cómo puedes ayudar a un niño que está dominado por un comportamiento «de abajo hacia arriba»? Tienes que hacer que se sienta seguro. Incluso cuando esté seguro todo el tiempo, tienes que ayudarlo a entenderlo. Lo que el niño necesita no es motivación, es educación. Es nuestro trabajo enseñar a nuestros hijos, con palabras y acciones, como ellos estarán seguros.

De esta manera, modelas la calma que quieres que ellos encuentren. Verifica que estás respirando normalmente, hablando en volumen normal y tu postura está relajada. Lo que estás haciendo se llama «co regulación emocional», la base que permite que el niño aprenda a auto regularse.

Nosotros siempre queremos razonar con el niño, ¿cierto? Decimos «¡Cálmate! No hay nada de qué preocuparse!». Y cuando eso no funciona, nos quedamos frustrados. Delahooke dice que sí, podemos razonar con el niño, pero eso debería ser el tercer paso. Ella establece tres «Rs» para guiarnos. Un niño que no está sintiéndose en calma y cuidado no es capaz de ser lógico.

Nosotros, padres, necesitamos hablar la lengua de nuestros hijos. Necesitamos educar sus mentes y sus cuerpos. Y, no debemos castigarlos por un comportamiento fuera de control o pedirles que hagan lo que no pueden hacer. Al comprender lo que está sucediendo en el cerebro de nuestros hijos, podemos abordar mejor lo que está por detrás del comportamiento y obtener mejores resultados.

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