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¿Quién era Walter Lubcke, el político pro-migrantes asesinado?

WALTER LUBKE
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El reciente asesinado de un político alemán recapitula en tensiones, amenazas y posturas extremas en la regulación del flujo migratorio

En Alemania viven, según publica la ONU, 12.165.083 de inmigrantes, lo que supone un 14,69% de la población de Alemania. En el ranking de inmigración vemos que es el 36º país del mundo por porcentaje de inmigración. Los inmigrantes en Alemania proceden principalmente de Polonia, el 16,08%, Turquía, el 13,80% y Rusia, el 9,00%.

Alemania necesitará 266.000 migrantes cada año hasta 2060 por la falta de mano de obra. El aumento de la natalidad y de la edad de jubilación seguirían sin cubrir las necesidades laborales, según estudio presentado el pasado febrero por la Fundación Bertelsmann.

“La migración es una de las claves del éxito futuro. Alemania necesita trabajadores cualificados, también provenientes de regiones de fuera de Europa”, dijo Jörg Dräger, miembro de la junta ejecutiva de la Fundación.

La digitalización, según el estudio, no reducirá las necesidades de mano de obra sino, por el contrario, aumentará la demanda de trabajadores altamente cualificados.

En diciembre del 2018, la coalición de Gobierno que conforman en Alemania la Unión Cristiano Demócrata (CDU) y el Partido Social Demócrata (SPD) anunció la aprobación de dos proyectos de ley para reglamentar la inmigración de trabajadores de países de fuera de la UE y cubrir las carencias de mano de obra que afectan a la economía alemana.

“Es un día histórico. Hemos logrado dejar atrás treinta años de debates ideológicos sobre una ley de inmigración”, dijo entonces el ministro de Economía, Peter Altmeier, quien  presentó los proyectos de ley junto con sus colegas de Interior, Horst Seehofer, y Trabajo y Seguridad Social, Hubertus Heil.

El objetivo era claro: rechazaban a los solicitantes de asilo político que no revelan su identidad y país de origen; quieren  inmigrantes que ocupen puestos de trabajo y no que vengan a cobrar el seguro de paro; y señalaban que “lo fundamental es que no expulsemos a la gente equivocada”.

 

WALTER LUBKE
Swen Pförtner | dpa Picture-Alliance/AFP

 

Y es que, el año pasado, se produjo una crisis dentro del Gobierno alemán a cuenta de la política de inmigración la cual pasó factura entre la opinión pública alemana a sus protagonistas, la canciller Angela Merkel y su ministro de Interior, Horst Seehofer. La crisis, en la que Seehofer amenazó con dimitir, se zanjó con un acuerdo entre ambos para endurecer la regulación de flujos migratorios.

A pesar de estos riesgos de costo político, que el gobierno alemán atribuye a “campañas orquestadas desde medios hostiles”, la política de asilo aparece en el cuarto lugar de las preocupaciones de los alemanes. Antes figuran la sanidad pública, las jubilaciones y la política social y la criminalidad.

No obstante, la resistencia contra los migrantes se mantiene. De hecho, la CSU, formación hermanada con la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller alemana, Angela Merkel, exigía de esta un giro derechista en la política de asilo, con ocasión de las elecciones de otoño del 2017. En julio de ese año, miles de manifestantes marcharon por el centro de Múnich, en protesta contra el giro derechista de la Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), la fuerza mayoritaria en ese Land, y contra la línea dura en materia migratoria del ministro alemán del Interior y líder de esa formación, Horst Seehofer.

La canciller Angela Merkel anunció en octubre que no se presentaría a una quinta reelección después de que su partido Unión Democrática Cristiana (CDU, por sus siglas en alemán) y su partido hermano, la Unión Social Cristiana (CSU) obtuvieran malos resultados en varias elecciones estatales. Eso se atribuye  a la agenda antiinmigrante. Las llegadas de solicitantes de asilo e inmigrantes siguen cayendo y, mientras las ONG criticaron aspectos del sistema de deportación de Alemania, los ataques contra refugiados y solicitantes de asilo siguieron siendo motivo de preocupación.

“Las manifestaciones xenófobas en la ciudad de Chemnitz provocadas por el asesinato de un hombre alemán, presuntamente por dos ciudadanos extranjeros, en agosto –escribió Kenneth Roth, director ejecutivo de HRW al presentar el Informe Mundial sobre Alemania 2019-  y la explotación del asesinato por la extrema derecha, protagonizó escenas violentas, incluyendo ataques contra personas percibidas como no alemanas”.

Hoy, el objetivo ha sido el popular político cristianodemócrata (CDU) Walter Lübcke,  a quien su familia encontró el domingo pasado muerto en la terraza de su jardín con un tiro en la cabeza. Los medios locales hablan de “misteriosa muerte”, pero las autoridades parten de la hipótesis de que fue un asesinato en toda regla.

Llevaba diez años de servicio como presidente de distrito en Kassel y su trayectoria política se caracterizó por una postura abierta hacia la acogida de refugiados. Era un político conservador, vinculado a la organización de  Angela Merkel. Tenía pensado retirarse en marzo, pero extendió su servicio a petición de sus colegas.

Aunque el  fiscal considera que por el momento no hay indicios que permitan relacionar el asesinato con las amenazas de muerte recibidas anteriormente por el político,  el hecho cierto es que, en consecuencia y durante periodos prolongados de tiempo, Lübcke se vio obligado a llevar protección policial las veinticuatro horas del día.

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