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Lucas Cantor, el pajarito que llegará a tu corazón

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Shutterstock-animalphotography.ch

Maria Paola Daud - publicado el 17/05/19

Un emotivo cuento sobre un ave llamada a cantar para quien dude de la importancia de su tarea cotidiana

Un querido lector ha querido compartir este hermoso y significativo cuento. Trata de un pajarito cantor, y un anciano señor, que sin saberlo los dos, estaban muy conectados gracias a Jesús Eucaristía presente en el Sagrario.

Lucas Cantor

Lucas Cantor era una pequeña ave que nació a inicios de la primavera hace algunos años. Desde su nacimiento, el Señor le encargó como tarea acercarse todas las tardes poco después del mediodía a cantar a la par de una iglesia en un pueblito cercano a su casa.
Todas las tardes se apresuraba a cumplir su tarea, ya fuera que hiciera sol, hubiera viento o lloviera. No importaba lo que pasara; cada día sin falta llegaba a cantar.
Pero pasó el tiempo y ya no estaba seguro de si realmente el Señor era quien le había encargado esa tarea o era su imaginación.
Lucas pensaba que ya era suficientemente difícil tratar de llevar comida todos los días a su familia como para ir a perder el tiempo a cantar junto a la iglesia.
Así que poco a poco esa idea se adueñó de su mente, hasta que un día viendo una moña negra en una de las casas cerca de la iglesia, decidió tomarlo como una señal y dejar de cantar.
¿Qué puede pasar? De todas formas, después del medio día nunca hay personas en la iglesia, ni cerca… ¿quién me escucha cantar? ¡NADIE! ¡Basta! No lo haré más, me dedicaré a mis cosas y cantaré cuando quiera.
Por si fuera poco, a eso de las 3 de la tarde, comenzó a llover y se mojó todo. Y así terminó la tarde del primer día empapado y enojado.
En el segundo día, Lucas amaneció con una fuerte fiebre. No podía ni hablar. La fiebre era tan alta que si no hubiera sido por el cuidado de su familia quizás hubiera muerto.
Esa noche casi delirando en el más profundo sueño vio venir a un hombre de mediana edad, pelo largo y con una mirada dulce que atravesaba el alma.
Querido Lucas, haces un buen trabajo en las tardes después del mediodía cantando alegremente como lo has hecho hasta ahora. ¿Por qué no lo quieres hacer más? -le preguntó tomándolo entre sus manos.
Señor, nadie valora lo que hago -dijo Lucas entre triste y asombrado.
– ¡Yo lo hago! Y no te quedarás sin recompensa por tan buen trabajo -dijo con una sonrisa
¡Gracias Señor! No faltaré más, lo prometo. -respondió Lucas muy conmovido, con una alegría desbordante.
Era la mañana del tercer día y Lucas Cantor se volvió a levantar tan feliz como siempre. Sus habilidades cantoras no habían menguado y se preparó muy bien para regresar a su trabajo en las tardes. Se acercó a la iglesia y sin falta comenzó a cantar.
Mientras cantaba vio a través de la ventana y en una de las bancas a un viejito sentado frente al sagrario.
Don Mateo tenía 85 años, vivía solo con su esposa. Se amaron durante muchísimos años y aun con problemas y dificultades la felicidad nunca faltó en sus vidas. Él siempre dijo que el amor que se tenían venía de Dios.
Hacía algunos años había iniciado a frecuentar la iglesia que se encontraba cerca de su casa. Iba todos los días para rezar frente al sagrario. Su esposa se había empezado a enfermar frecuentemente y temía que muy pronto ya no podrían estar tiempo juntos. Cada día cuando llegaba, su saludo era:
¡Buenas tardes Jesús! Vengo nuevamente a pasar un ratito contigo.
Y sin falta una pequeña ave cantaba cerca y alegraba su corazón. Se sentía escuchado por el Señor.
Un día su esposa falleció y don Mateo dejó de ir un par de días a la Iglesia. Sin embargo, cuando todo pasó, al tercer día, decidió no faltar a su cita al Sagrario donde Jesús le recibiría.
¡Buenas tardes Jesús! Vengo nuevamente a pasar un ratito contigo. ¿Sabes? Me he quedado solo… Quizás ya solo me quedes Tú mientras terminan mis días aquí en la Tierra. ¿Estarás conmigo hasta el final?
Y como cada tarde, sin falta, una pequeña ave cantó más feliz que nunca cerca de la Iglesia y alegró su corazón.
Diego Gutierrez

La narración nos recuerda que aunque pareciera que nuestra labor cotidiana a veces no es reconocida y se ve insignificante ante los demás, quizás tiene en realidad un gran sentido para alguien, o simplemente para Dios, que nos toma como instrumento para llegar a quien lo necesita…

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