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¿Sabías que la miel de abeja tiene varias propiedades curativas?

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Las abejas fueron la primera actividad ganadera del hombre, antes que las ovejas y las cabras

Hablar de las abejas, de la miel y de la cera nos sitúa históricamente en los primeros pasos del hombre. Es más, la primera actividad ganadera (ganadería menor) del hombre fueron las abejas, antes incluso que las cabras y las ovejas. El hombre, el apicultor como se le llama, cuida de las abejas y en la llamada apicultura pastoril o trashumancia de las abejas, las traslada de un lugar a otro en busca de las mejores y más aromáticas flores para garantizar la producción de la miel. 

Hemos hablado de este tema con fray Valentí Serra de Manresa, un franciscano capuchino de barbas largas y blancas, que por su actividad como historiador y archivero de los capuchinos de su provincia (Cataluña y Baleares) acaba de escribir un libro “El llibre de la mel” (El libro de la miel, Barcelona, 2019) recogiendo una buena parte de las tradiciones monásticas y capuchinas en torno a la miel y las plantas melíferas.

La cera se ha utilizado abundantemente a lo largo de los siglos para los cirios de las iglesias. Ahora, por ejemplo, según establece el ritual de Pascua de Resurrección, el Cirio Pascual ha de estar hecho de “cera de abeja”.

Según fray Valentí, existen en la Península Ibérica unas 250 flores distintas sobre las que las abejas elaboran su cera y su miel. “Dice el refrán que ‘la buena miel por san Miguel’ (29 de septiembre), porque en esa fecha se recoge la miel que las abejas han elaborado durante el verano de flores especialmente arbóreas”, señala fray Valentí. Sin embargo, añade, la mejor miel es en mayo, cuando ha sido elaborada con las flores de los almendros, los cerezos, el romero, el tomillo y otras plantas aromáticas del bosque. Aunque la miel no se pasa, es mejor consumir la miel nueva”.

¿Cuáles son las propiedades curativas de la miel? La miel es antiquísima, cuenta fray Valentí, y sus propiedades son conocidas desde tiempos muy remotos. La Tierra Prometida a los judíos, según el libro del Éxodo (33, 3), manaba leche y miel. La miel era ya un producto básico en la época de los faraones. Pues bien, dado que la miel ha sido digerida antes por las abejas, tiene una fácil digestión para los humanos, y se usa a veces para aliviar los dolores causados por las úlceras de estómago, ungüentos para curar heridas, desinfectantes, etc.”, añade.

De las abejas, dice fray Valentí, se aprovecha “la cera, la miel, el polen, jalea real, el propóleos o resina cérea, incluso el veneno, para combatir la artritis, el reumatismo, la gota, la tendinitis, las quemaduras, y también se recomienda como antibiótico natural para superar algunas infecciones. Es la medicina natural llamada apiterapia”. Por hay que ir con cuidado, la miel si se toma en exceso (más de 200 gramos al día) es perjudicial para el aparato digestivo.

La miel de romero, por ejemplo, se usa no sólo para el mal de garganta y de oído, y para aclarar la vista, sino para embellecer el rostro. Es un cosmético, cuando es fresca.

La miel era usada en la Edad Media por los peregrinos del Camino de Santiago para robustecer sus músculos y seguir caminando.

¿La mejor miel? Sin duda, la miel de la Alcarria, dice fray Valentí.

¿Todas las flores son buenas? ¿Hay mieles que son malas? “Hay que ir con mucho cuidado –dice- pues hay miel nociva o tóxica. Es la miel producida por las abejas de flores de plantas tóxicas o narcóticas o incluso venenosas, como las flores del acónito, adormidera, adelfa y belladona. La ingestión de esta miel produce delirios y fuertes trastornos gástricos”.

El hombre siempre ha admirado el trabajo de las abejas, por su minuciosidad, por su perfecta coordinación y por su perfección en la realización de las celdas de cera hexagonales, las cuales deben mantenerse a temperatura constante de 35 grados centígrados. Hay “abejas ventiladoras” –cuenta fray Valentí Serra—que se encargan de refrescar las celdas cuando hace mucho calor. Rocían un poco de agua y con las alas refrescan el habitáculo. Son una maravilla”.

¿Cómo curar rápidamente una picadura de abeja? Diré primero lo que no conviene hacer: intentar extraer el aguijón que se ha clavado presionando la carne con los dedos, porque entonces se esparce el veneno por el cuerpo. Según la tradición capuchina, la picadura de abeja se alivia con cebolla cruda picada o con perejil. También se usa una mezcla de tierra y vinagre, como hacían los antiguos., o bien untar con aceite y miel, comenta el fraile. No dice fray Valentí –porque es un poco “sucio”, comenta– que mojar la picadura con orina hace reaccionar el veneno con el ácido úrico y pasa el dolor.

¿Cuál es la diferencia entre una abeja y una avispa? Una abeja vive y trabaja en sociedad, y una avispa vive en solitario. La avispa además construye sus aposentos de barro, mientras la abeja lo hace con cera. Las abejas polinizan las plantas saltando de flor en flor, mientras que las avispas se alimentan de cazar otros insectos.

El libro de fray Valentí Serra ha salido precisamente unos días antes de la fiesta de san Ponce (11 de mayo), patrono de los herbolarios y apicultores.

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