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La guerra de guerrillas en Latinoamérica, ¿en qué está?

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Va quedando solo el ELN, con frentes rurales y un 40% de mujeres incorporadas a sus filas

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La guerrilla existe en América Latina desde los años 60. Antes, eran grupos en la ancestral lucha por la tenencia de la tierra. Existían en México, en Centro América con Sandino en Colombia.

La moderna guerrilla adquirió connotación política y, en Colombia, se organizaron seriamente luego del asesinato del líder político y combatiente social, Jorge Eliécer Gaitán.

Se trata de formaciones militares, no organizadas en ejército, activadas con el fin de imponer un determinado sistema político, económico y social en un lugar o país. Esa es la definición convencional que, en la actualidad, no podría ser utilizada para grupos que defienden territorios de cultivo de drogas, la práctica del contrabando y parcelas de tráfico de estupefacientes, en lo que en realidad se han convertido.

 

Julián Ortega Martínez-CC

 

Es muy poco el ingrediente ideológico que subsiste entre sus filas. Sobre todo, a partir de los años 80 la guerrilla se hace más urbana pues sus prácticas para financiarse requerían de hacer presencia en las ciudades y ejecutar allí sus operaciones.  Se valen de  “herramientas” como el secuestro, la colocación de bombas, robos espectaculares -a bancos, por ejemplo- y el ataque al enemigo por sorpresa, con destacamentos irregulares y dispersos. Sus móviles son pecuniarios aunque sus tácticas militares sigan siendo violentas.

La guerrilla –diminutivo de “guerra”-  es emboscada, voladura de instalaciones, puentes y caminos, así como el robo de armas y provisiones, todo ello con la finalidad de debilitar al enemigo. Luego de la Revolución cubana (1959), las guerrillas de izquierda se multiplicaron en América Latina. Con el respaldo de la Unión Soviética, el régimen de Fidel Castro las alentó buscando expandir la internacionalización de su revolución comunista a este continente.

El atractivo de las ideologías socialistas, debido a los problemas de marginalidad e injusticias siempre presentes en América Latina, empujó a cientos de estudiantes, campesinos y trabajadores a formar guerrillas. La violencia revolucionaria afectó a políticos, empresarios, militares e incluso diplomáticos. Pero la reacción anticomunista no se hizo esperar y en algunos países llegaron los golpes de Estado. En Brasil en 1964, Argentina en 1966 y 1972, Chile en 1972, Uruguay en 1973, Guatemala en 1982 se instalaron los militares en el poder, resueltos a liquidar a los grupos irregulares.

Por estos lares, a partir de la segunda mitad del siglo XX, las guerrillas se plantearon, pues, como organizaciones de lucha armada para enfrentar los regímenes dictatoriales y las injusticias sociales del continente. Como tal, se valieron de ambientes tanto rurales como urbanos para la lucha. Algunos movimientos guerrilleros, como en el caso de Cuba, resultaron victoriosos y tomaron el poder e implantaron el modelo socialista, y otros, como en el caso de Colombia, con las FARC o el ELN, o de México, con la guerrilla zapatista, se mantuvieron vivos, pese a no haber ascendido al poder.

 

 

En conversación con periodistas, muchos años atrás, el hoy desaparecido Carlos Castaño, fundador del paramilitarismo en Colombia -conocidos como “los paras”– en los años 80, revelaba que el movimiento se organizó para enfrentar a las Farc. Su motivación personal era la venganza contra quienes habían eliminado a toda su familia. Se definían como “autodefensas”. No obstante, fueron tan sanguinarios y violentos como los grupos a los que adversaban. Carentes de todo planteo ideológico, también hicieron terrorismo del más puro y duro.

El ELN (Ejército de Liberación Nacional) es una guerrilla con 55 años de existencia, siempre con presencia en varias regiones rurales, con combatientes en su gran mayoría ubicados en zonas campesinas que se nutrían de militantes de izquierda, de movimientos estudiantiles, sindicales o del ámbito comunitario y popular. Atrajo a sus filas a intelectuales como el polémico sacerdote católico Camilo Torres.

Del seno del ELN  salió el grupo que posteriormente se hizo llamar M-19, famoso por su múltiple secuestro de un nutrido grupo de embajadores en la capital colombiana. A pesar de haber transcurrido 40 años, el 27 de febrero de 1980 ha quedado grabado en la memoria de los latinoamericanos cuando la guerrilla del M-19 tomó como rehenes a un grupo de diplomáticos en la embajada de República Dominicana en Bogotá. Fueron 61 días de cautiverio y tensión.

Los grupos más significativos han sido la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (Nicaragua) y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (El Salvador). Asimismo, en Colombia surgieron, luego del asesinato del líder Jorge Eliézer Gaitán, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional mientras que en Perú están Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru. En el Cono Sur destacan los Montoneros en Argentina, Tupamaros en Uruguay y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria en Chile.

Varias organizaciones guerrilleras fueron vencidas por los gobiernos militares. En Brasil Vanguarda Popular Revolucionária (VRP), la guerrilla de Araguaia, VAR- Palmares; Argentina el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Los Montoneros; Uruguay los Tupamaros.

Las democracias electorales, como la venezolana hasta 1989 o el Frente Nacional colombiano también lucharon contra grupos guerrilleros. Es el caso de los gobiernos venezolanos de Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campíns y Jaime Lusinchi combatieron a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). Y ni hablar de las etapas más fuertes, que correspondieron a las administraciones de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, con los grupos irregulares pugnando por desestabilizar el orden democrático durante esos dos primeros gobiernos del comienzo de la etapa democrática, luego del derrocamiento de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez en 1958.

No obstante, la situación más compleja la vivió Colombia, que debió enfrentar a un importante contingente de organizaciones guerrilleras. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Movimiento 19 de Abril (M-19), el Ejército Popular de Liberación (EPL) las cuales lucharon contra el Estado colombiano.

 

Nelson Cárdenas - SIG

 

A finales de la década de los ochenta, el colapso socialista implicó el fin del apoyo a las guerrillas latinoamericanas. A su vez, los gobiernos de los Estados Unidos perdieron interés en apoyar a gobiernos dictatoriales. Como resultado, gobiernos y guerrillas decidieron sentarse a negociar. En este momento, las guerrillas guatemalteca, salvadoreña y algunas guerrillas colombianas—M19 y EPL— entregan sus armas.

No obstante, hacia comienzos de los noventa, ciertos movimientos guerrilleros no solo no se desmovilizaron sino que se fortalecieron. Es el caso de las FARC y el ELN en Colombia. En Perú el Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amarú (MRTA) revivieron. Hacia 1994 se formó en México el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) nace en un contexto diferente al de la mayoría de guerrillas latinoamericanas. En diciembre de 1993, cuando ya no existía la Unión Soviética, un grupo inició un levantamiento armado en el Estado de Chiapas, sur de México.

La organización rebelde reivindicaba mejoras sociales para los indígenas mexicanos. El EZLN consideraba que el gobierno de Salinas de Gortari aplicaba medidas «neoliberales» a las que la organización se oponía. La fecha elegida para comenzar su lucha tuvo que ver con la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Las Farc optaron por el desarme y la paz y se ha constituido en partido político. El proceso fue complejo y aún está sometido a cuestionamientos. Cuarenta años de guerra en Colombia no es cualquier cosa, sobre todo tomando en cuenta el costo en vidas. El propio ex presidente Alvaro Uribe perdió a su padre asesinado por las Farc.  Se pide justicia pero se mantiene el anhelo del pueblo colombiano de vivir en paz.

 

En enero de este año, el experto Álvaro Villarraga,  directivo del Centro Nacional de Memoria Histórica, aseguró  a La Razón de España, que el ELN tiene entre 3.000 y 4.000 combatientes. “Tras la disolución de las FARC –explicó- ha intentado ocupar parte de su espacio.  Así que continua la guerra irregular con el ELN, obviamente con mucho menos impacto del que tenían las FARC antes de su acuerdo de paz, pero seguirán siendo una guerrilla rural con presencia de frentes en varias regiones, con alguna capacidad de actuación y ante una fuerza pública estatal más fortalecida, aún con dificultades para recuperar el control total del territorio. La dirección del ELN –aseguró Villarraga- lleva 20 años planteando la posibilidad de acordar la paz con el Gobierno con la exigencia de que ello se condicione a una forma de consulta y participación de la sociedad sobre las reformas que se requieren para la paz, pero esta convicción aún no es suficiente en las bases y en todos sus frentes.

 

 

 

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