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“No imponga su ideología sexual ni a mí y ni a mis hijos”

ANA SAMUEL-PETE BUTTIGIEG
canavox.com-Pete Buttigieg's campaign website-(CC BY 3.0)
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Un mensaje de una mamá latina para un alcalde demócrata sacude las redes en EE.UU.: "Mi familia también merece respeto"

Este ensayo apareció originalmente en Public Discourse, la revista online del Witherspoon Institute en Princeton, NJ, Estados Unidos. Fue traducido y reimpreso con permiso por la edición española de Aleteia. Pinche aquí para acceder al original.

Me gustaría responder a un tweet de Peter Buttigieg, recién anunciado candidato presidencial demócrata. La semana pasada, tuiteó:

A menudo alguien que es amable con uno en persona esta, al mismo tiempo, promoviendo políticas perjudiciales para uno y su familia. Uno puede ser amable a su vez, pero no necesita soportar esos ataques: debe defenderse de manera honesta y enfática. Así debe ser en la plaza pública.

— Peter Buttigieg (@PeteButtigieg) 9 de abril de 2019

Buttigieg, el alcalde de South Bend, Indiana, es un hombre en un matrimonio del mismo sexo. El subtexto del tuit es que cualquiera que se rehúse a apoyar el matrimonio del mismo sexo y la ideología sexual de la izquierda es un fanático intolerante, alguien buscando dañar al alcalde Pete y su familia.

Alcalde Pete: nos sucede lo mismo. Soy una mamá Latina en contacto con muchas otras latinas con valores familiares tradicionales. Nosotras también nos enfrentamos todos los días con gentes “amables en persona” pero promoviendo y ejecutando políticas que asaltan nuestros valores, dañan a nuestras familias y hieren a nuestros hijos.

Ya basta

Estoy hablando de políticas que socavan nuestros derechos y deberes de padres, adoctrinando a nuestros hijos en la ideología sexual progresista sin nuestro consentimiento y -a veces- contra nuestra protesta explícita. Considere tan sólo algunos ejemplos:

  • En las escuelas públicas de mi área, entre las lecturas asignadas del programa de Lenguaje, preguntan: “¿Qué es la heteronormatividad y cómo es perjudicial?” (Importante: esta es una pregunta del currículum recomendado por el distrito escolar para estudiantes de octavo grado, no de un solo maestro o consejero. No es raro que el tema LGBT encuentre su camino en las clases de historia, de idiomas extranjeros, e incluso los cursos STEM. El objetivo explícito es hacer normal el estilo de vida LGBT a lo largo de los estudios).
  • Hay pediatras que insisten en ver a nuestras adolescentes a solas y las presionan para recetarles anticonceptivos; otros les preguntan de sus comportamientos sexuales, lo cual nos resulta ofensivo. Nuestras hijas mismas nos informan sobre la inapropiada conducta de estos pediatras. (Un ginecólogo sigilosamente recetó un anticonceptivo oral a la hija de 14 años de una amiga mexicana, pese a haberle dicho explícitamente no querer anticonceptivos orales para su hija.)
  • Clases de educación sexual en las cuales enseñan a nuestros hijos doctrinas freudianas-Kinseyanas no probadas, tal como “la represión sexual es causa de neurosis” (“exprésate, no te reprimas”), en las cuales se predican el aborto, la masturbación, el uso de preservativos, juguetes sexuales, estimulación oral, y el sexo anal, con todo el humor y la base científica de un sketch de una comedia de TV y, en cambio, mientras se niegan abordar seriamente los riesgos médicos y psicológicos de tales actos, tanto a corto como a largo plazo.
  • Los programas de las bibliotecas públicas incluyen constantemente arcos iris, personas de pan de jengibre, cuentacuentos de Drag-Queen, y otros símbolos de la ideología sexual progresista, obligándonos a estar pendientes y proteger a nuestros hijos pequeños de toda esa propaganda. Con los adolescentes, es mucho más difícil escapar la propaganda. Los libros preferidos en las escuelas secundarias (publicados después de 2015) aún bajo su apariencia inocua, con frecuencia incluyen chicos LGBT o una pareja gay, siempre presentando como normal ideas en conflicto con nuestras conciencias. (No es fácil evitar estas historias: los sitios web de revisión de libros regularmente eliminan las opiniones de otros padres previniéndonos del contenido LGBT; así pues, ni siquiera podemos alertar a otros padres del material de esos libros.)
  • Por último, pero no menos importante, la reciente ronda de violencia contra los niños: los esfuerzos para infundir en los niños dudas sobre la realidad de su sexo, bien sea por las ceremonias de transición de género en la escuela, el entrenamiento de sensibilidad al uso de los pronombres y otra propaganda transgénero. Los padres siempre han tenido el derecho de dirigir la educación y crianza de sus hijos, por ser ellos los primeros y mejores educadores de sus hijos, por encima de consejeros, psiquiatras, maestros, burócratas o cualquier otra persona ajena. Ahora, los activistas están presionando a los tribunales para permitir que los menores reciban drogas para bloquear la pubertad y hormonas de sexo cruzado, aun en contra de las objeciones de sus padres.

Señor alcalde, es hipócrita que usted se queje de políticas que “perjudican a usted y a su familia” mientras los de su bando presionan por aumentar la intrusión del gobierno en la relación padre-hijo hasta los niveles más fundamentales.

Llega el momento de decir: ¡Basta!

Tolerancia para usted, pero tolerancia también para nosotras

Las madres nos ocupamos primordialmente del bienestar de todos los niños, sin importar su origen o circunstancias familiares. También ponemos énfasis en el cuidado de cada persona LGBT, reconociendo nuestra humanidad común, incluso cuando no estamos de acuerdo con su estilo de vida. Cuando somos amables con ustedes, lo hacemos desde la profundidad de sólidos principios morales y con autenticidad. No estamos disimulando ocultas creencias sobre ustedes. Reconocemos que son personas con derechos (como todos nosotros) por estar todos dotados de la misma dignidad humana.

Aunque nuestros países de origen se dieron a menudo conductas viciosamente anti-gays, entre las madres hispanas se da un profundo entendimiento para cuantos se identifican como LGBT sabiendo cuanto han sufrido; sabemos de sus dolores, entendemos sus sufrimientos y tenemos una grande y sincera compasión por ello.

Sin embargo las ideas generadas bajo esas dolorosas experiencias no siempre son válidas. Podemos distinguir entre la  preocupación afectuosa por ustedes como personas y, a la vez, estar en desacuerdo con las ideas erróneas. Así pues, por favor, paren de dejarnos fuera de la conversación con la excusa, intelectualmente deshonesta, de calificarnos como intolerantes. Somos precisamente lo contrario a intolerantes.

Estamos preparadas para coexistir pacíficamente y tolerar gran parte de lo que ustedes proponen, pero no a expensas de perder nuestra propia capacidad de practicar y predicar nuestros propios valores y libertades. Estamos encantadas de trabajar codo a codo con ustedes y tenerlos como nuestros entrenadores, vecinos y amigos, pero no crucen la línea y nos dicten cuáles valores sexuales debemos apreciar y mantener.

El privilegio financiero

Los negros, los pobres y los niños han pagado un precio desproporcionadamente alto por la desintegración del matrimonio y el resquebrajamiento de la moralidad sexual en la sociedad. El matrimonio entre marido y mujer es, e históricamente ha sido, la institución mejor capacitada para ofrecer a mujeres, niños y pobres, una verdadera oportunidad de vivir no sólo una vida pacífica y estable, sino –también- financieramente segura y socialmente conectada.

Tenga en cuenta esto: no estoy culpando al movimiento LGBT por la erosión del matrimonio. No, es resultado del estilo de vida de nuestra sociedad en general. Sin embargo, el movimiento LGBT ha deteriorado aún más el matrimonio, y de una manera más impactante. No es una buena idea decirle a la sociedad ser innecesario un miembro del sexo opuesto para tener un bebé o que los niños no necesitan una madre y un padre porque crecerán bien en cualquier tipo de arreglo. Eso no es cierto, y hay datos empíricos de sobra para probarlo.

Respetar la verdad sobre la sexualidad y el matrimonio es también más barato. Amigo, se necesita mucho dinero para eludir la naturaleza. Es necesario un seguro de salud de lujo para cubrir el costo de las visitas a urólogos, ginecólogos y otros servicios médicos adicionales derivados de ese tipo de vida, como el sexo anal y las hormonas para cambiar de sexo.

Se necesita mucho dinero para “alquilar” un útero y que dos hombres puedan tener un bebé. Incluso si viajan a un país del tercer mundo –donde es más fácil explotar a esa mujer– aún así es muy costoso (y éticamente no se ve bien). También se necesita mucho dinero para la fertilización in vitro, para lo cual –normalmente- requieren hogares con doble ingreso.

El hecho es que el matrimonio permanente, monógamo y exclusivo entre marido y mujer es la opción más barata y de mayor calidad en el mercado. Es la forma más accesible financieramente para tener un hijo y la manera más segura de experimentar placer sexual. El matrimonio entre hombre-mujer proporciona naturalmente la necesaria complementariedad sexual en todo; así se da un ambiente familiar capaz de educar en la diversidad sexual con el ejemplo y es más probable que ofrezca un cuidado equilibrado de los niños, pues ambos sexos aportan sus perspectivas peculiares sobre la forma óptima de criar a los niños.

Amigo, lo siento, pero estas son las verdades de la naturaleza. El secuestro de la naturaleza con tecnología de vanguardia puede sonar atractivo para quienes pueden permitirse los lujos de la vida de clase alta, pero no para aquellos que trabajan para satisfacer sus necesidades diarias básicas. (¿Acaso un cambio de sexo es barato? De cierto los pobres tienen otras cosas en que pensar.) Su agenda requiere un montón de dinero extra, o eso, o medicina socializada. Y muchos hispanos hemos huido de países como Cuba y Venezuela (y cada vez más Argentina y México) precisamente por las políticas socialistas de nuestros países: políticas despóticas e inefectivas.

Pregúntese si el estilo de vida propuesto por usted para otros es replicable y sostenible. ¿Acaso no es evidente que esas ideas desestabilizaran aún más la forma familiar tradicional, la cual ha brindado la mayor estabilidad financiera y social a las mujeres, los niños y los pobres?

Usted juega el papel de víctima, pero sólo las parejas del mismo sexo en la mejor situación económica pueden permitirse el lujo de amortiguar, para sí mismos y sus hijos, los efectos de ese estilo de vida sexual. Tal vez consiga redirigir la atención de sus hijos ante la enorme ausencia de una madre o un padre, sea por medio de ropa agradable, experiencias memorables, recreación y buena educación. Sin embargo, su estilo de vida no puede ser sostenido por los millones de personas con ingresos menores. Las madres en mis círculos lo saben, y nos preocupamos por esos pobres hijos, y sus madres… y por sus padres, también.

El peso de las evidencias aportadas por las ciencias sociales de los últimos 50 años es virtualmente unánime en su conclusión: los niños — y las sociedades — están mejor cuando aquellos son criados por sus padres biológicos, casados y en un matrimonio estable. Separe a un niño de su madre o padre biológico y aumentan las probabilidades de que ese niño pueda experimentar un conflicto interno, dolor y sufrimiento significativos, luchas relacionales y una serie de otras dificultades.

Desafío aceptado

En conclusión, sea cortés con nosotros, y seremos amables con usted. Pero –insisto- estamos en una intensa batalla por los corazones y las mentes de nuestros hijos. Las madres podemos ser calladas y tranquilas; quizá no estemos marchando por las calles, y quizá no estemos debatiendo en público, pero estamos reunidas tomando café en nuestros hogares, hablando en privado con nuestros maestros de escuela, difundiendo ideas sin cabida en los medios de comunicación; seguiremos hablando libremente mientras todavía tengamos la libertad de expresión. Nos seguiremos reuniendo y organizando para hablar y enseñar.

Las madres somos muy buenas para educar y proteger a nuestros hijos cuando los creemos en peligro. Esta vez, el peligro es la dañina ideología sexual de la izquierda.

Finalmente, para mis hermanas latinas, este es mi mensaje: ¡Encuentren su voz! ¡No le permitan a la ideología de genero de la izquierda borrar nuestros valores culturales sobre la familia! ¡No dejen de ejercer sus derechos de madres! ¡Mamás del mundo: únanse!

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