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La nueva familia “Instagram”, ese mito que no existe

Family Instagram
Syda Productions - Shutterstock
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Los top 10 influencers sobre maternidad y crianza llegan a un público de 13 millones de personas. Pero ¿en realidad transmiten mensajes que ayudan a las familias?

Fotos de viajes a la playa, vestuarios coordinados, o niños modelos, imágenes perfectas de platos de comida con opciones sanas, coloridas y creativas, recetas o consejos sobre cómo vivir mejor: este es el día a día de las cuentas de Instagram sobre crianza y familia que tienen millones de seguidores. Un estilo de vida al que todos aspiramos, pero que es muy difícil de alcanzar en la vida real.

En un reciente estudio de la revista Forbes, los top 10 influencers sobre maternidad y crianza llegan a un público de 13 millones de personas. Pero ¿en realidad transmiten mensajes que ayudan a las familias? ¿o se han convertido sencillamente en un nuevo medio de hacer publicidad?

En primer lugar hay que aceptar que la mayoría de estas cuentas son aspiracionales: muestran a sus seguidores situaciones perfectas, niños que hacen actividades enriquecedoras en cada momento del día, alimentación que no es sólo saludable sino que es estéticamente perfecta y divertida para los niños, familias que coordinan y sonrisas sin parar. Muchas veces puede ser difícil distinguir estas fotografías de la realidad, y nos olvidamos que para la mayoría de estos influencers estas cuentas son una forma de ganar dinero y de hacer publicidad. Comienzan entonces las comparaciones y nuestra vida no parece tan perfecta como la de estas familias.

Esta comparación puede generar una presión por imitar estos estilos de vida y emularlos en nuestras redes sociales. Nos encontramos entonces buscando el mejor ángulo para las fotografías en el parque, inventando nuevas recetas solo por la foto, o coordinando los vestuarios de nuestros hijos para que se vean bien en cámara. Pueden generar también sensaciones de inconformidad o de pensar que no hacemos las cosas bien porque nuestros almuerzos no tienen suficientes vegetales, o porque las actividades vespertinas de nuestros hijos no tienen suficiente estimulación.

Llega un momento en el que debemos parar y alejarnos de este mundo de perfección. En primer lugar entender que es un negocio y que no necesariamente lo que se publica refleja a realidad de esas personas. También sería bueno sincerarnos y separarnos por un tiempo de nuestras redes para revisar con qué fin las estamos usando. Las redes sociales son un buen método de acercar a los que están lejos, de compartir con familia y amigos nuestras alegrías y momentos memorables. Pero debemos parar si nos damos cuenta de que se esta convirtiendo en una manera de “publicitar nuestra imagen” o de demostrar algo que no somos.

Esta obsesión también nos puede alejar de experimentar la vida real: de disfrutar de una tarde de parque sin preocuparnos por las fotos, de enseñar modales a nuestros niños en vez de tomarle fotos a los platos, o de estar realmente presente en una función de la escuela.

No existen las familias perfectas, y menos las vamos a encontrar en Instagram. Es hora de que nos alejemos de nuestros móviles por un rato y nos concentremos en descubrir lo que nos hace únicos y diferentes, lo que tenemos que mejorar y lo que nuestros hijos necesitan. Seguramente nos daremos cuenta de que no es necesariamente una ensalada de quinoa y manzana en forma de dinosaurio en un plato perfectamente decorado; sino mas bien más tiempo desarrollando aptitudes como la generosidad o el orden y el saber disfrutar de las cosas sencillas de la vida.

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