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La Iglesia venezolana, samaritana y testigo

VENEZUELA

JUAN BARRETO | AFP

Macky Arenas - Aleteia Venezuela - publicado el 08/05/19

Un repaso por el crucial rol que desempeña en medio de severas carencias y dificultades

La Iglesia católica, dondequiera que se encuentre, lleva una propuesta de testimonio evangélico,  que debe tener concreción en la vida cotidiana de las sociedades donde está inserta. Ofrece notables contribuciones  y,   sin importar si es mayoría o minoría, tiene un papel importante en la vida de las personas y de los pueblos.

Viene a colación el caso de Bulgaria, donde el papa Francisco se encuentra en estos momentos. Para una Iglesia en minoría -a pesar de estar  allí  desde hace 500 años-  deben a prelados de la Iglesia búlgara la primera historia escrita de la nación, la fundación del primer taller tipográfico y una ardua además de riesgosa tarea en defensa de la dignidad de la vida humana durante  el oscuro periodo del régimen comunista.

En Venezuela, el escenario que nos ocupa, el cristianismo ha estado presente desde  la constitución de América hasta nuestros días, y la religión católica permanece arraigada en el corazón de la gente como creencia e identidad.

Independientemente de la manera como cada quien  viva la fe, más del 90% de los venezolanos declaran ser católicos. Su presencia  a través de la historia  es la más asentada y de mayor implante en el país entre las religiones consolidadas.

El ser mayoritaria no significa que los problemas y las debilidades estén ausentes; implica una mayor responsabilidad de coherencia y compromiso. Los antecedentes históricos son indispensables para comprender la dimensión de la  vicisitudes a las cuales hubo de hacer y  hace frente.

CARACAS
Fotos: Jose Cohen

La Iglesia ante la adversidad

Comencemos por recordar que al terminar la guerra de independencia, la Iglesia quedó diezmada, humana y materialmente. Como bien recuerda el cardenal Baltazar Porras Cardozo, historiador y hoy Administrador Apostólico en la Arquidiócesis de Caracas, la Iglesia permaneció a través de las enseñanzas impartidas en los hogares y la familia, liderada básicamente por mujeres.

Los varones habían muerto en combates y  fueron las madres quienes mantuvieron las prácticas que conservaron la fe.  Fueron ellas las que sacaban a la calle procesiones, fomentaban el rezo del rosario, cumplían el calendario litúrgico de festividades y educaban a los hijos en  la importancia de cultivar la fe como parte de la identidad histórica y moral. Luego, al inaugurarse la República, fueron los mismos patriotas quienes alentaron la formación en los valores cristianos por considerar que “generaban ciudadanía”.

Más adelante, para 1873,  el conflicto entre la Iglesia y el poder civil hizo picos (máximos)  durante el mandato del presidente Guzmán Blanco (1870 – 1888).  Famosos fueron sus desencuentros con la jerarquía de la Iglesia Católica  durante su primer gobierno. Era un autócrata ilustrado ante el cual, literalmente,  el país y sus instituciones se arrodillaron, excepto la Iglesia Católica, la más poderosa de todas ellas,  la cual ejercía una inmensa influencia sobre el país, desde la era colonial.

Entre otras medidas devastadoras, decretó  la suspensión de los conventos de monjas, la expropiación de templos y extinción de los seminarios, prohibió celebrar bautizos y matrimonios,  y eliminó la religión del pensum de estudios. Cerró seminarios, claustros y templos y transfirió las cátedras religiosas a las Universidades Laicas.

Del 20 de febrero de 1859  al  24 de abril de 1863  se produce la Guerra Federal, el enfrentamiento militar entre tendencias conservadoras y liberales en aquella  Venezuela del siglo XIX,  considerado el desarrollo bélico más largo y  costoso para la nación tras su independencia.

Ambos desgastaron terriblemente al país, y a la sociedad venezolana  le costó un esfuerzo de muchos años recuperar las instituciones, y salir de la ruina general de la economía, pues  las dificultades  fueron enormes y los recursos exiguos, ya que  Venezuela era completamente rural, con sus campos exhaustos y su gente empobrecida. Para la Iglesia, el paisaje era el mismo. Tan es así que hasta 1920 se puede decir que no existía socialmente.

Las posteriores dictaduras de Juan Vicente Gómez, hacendado y general venezolano que gobernó de manera autoritaria  el país desde 1908 hasta su muerte en 1935;  y de Marcos Pérez Jiménez, otro general que impuso un régimen dictatorial de arraigo nacionalista, fundado en el pragmatismo ideológico entre los años 1952 y 1958, encontraron valiente resistencia en sacerdotes y obispos que se destacaron por atreverse a desafiar al poder omnímodo y opresor.

Portavoz del pueblo

Hoy, – y desde hace ya tiempo – entre las instituciones de la sociedad venezolana, altibajos incluidos, la Iglesia católica es la que reúne mayor  autoridad moral y reconocimiento social en el país. A lo largo de estos años de crisis y pese a sus debilidades internas, a su composición heterogénea –pues hasta no hace mucho dependió de factores no endógenos, baste el dato de que hasta los años 70 del pasado siglo la proporción sacerdotal era de 25% a 75% a favor de extranjeros-, su propia fragilidad , y el hecho de que es una Iglesia fundamentalmente pobre comparada con otras iglesias en América Latina y el mundo, no obstante ello, goza del mayor  respeto moral en el país. Eso es un trasfondo real en este análisis y no puede ser pasado por alto.

La Iglesia ha sido – durante estos tiempos tan duros-  la portavoz de las gentes, la que encarna la denuncia y   las descripciones más significativas y de mayor repercusión  ética  en el país. No ha permanecido callada frente a lo que ocurre; ha sido “voz de los sin voz”.

TULIO RAMIREZ
@CEVmedios

De ser una Iglesia que históricamente permanecía en buenas relaciones con el establishment del país, básicamente armónica con el Estado, ha pasado durante las dos últimas décadas y progresivamente,  a ser una Iglesia – en personas, situaciones y temas – con unas relaciones prudentes por no decir sustancialmente distantes y hasta tensas, con el poder político, por fidelidad a su misión y a su cercanía con el pueblo sufriente.

En efecto, al comienzo  el poder intentó, por estrategia, llevar unas relaciones relativamente normales  con la Iglesia, basado en  la existencia de un modus vivendi – desde 1964 – entre el Estado venezolano  y la Iglesia, una especie de marco legal que configura relaciones que no se dan de la misma manera en otros países.

En virtud de ello, por ejemplo, el Estado venezolano dispone aún hoy de un poder anacrónico de veto en lo relativo al nombramiento de los obispos de este país, una muy amplia excepción con respecto a la gran mayoría de los países del mundo, incluso de aquellos Estados que aún mantienen concordatos con la Santa Sede.

Esto representa un elemento muy condicionante ya que el actual régimen  venezolano ha ejercido esa atribución, de manera discreta, pero fácticamente, en más de una ocasión. Es un factor limitante pues, en otras palabras, la Santa Sede está obligada, con un mes de antelación, a participar al gobierno los nombramientos previstos, luego de lo cual éste dispone de 30 días para responder aportando sus objeciones. Si no las expresa, tácitamente se asume que el nombramiento se hace efectivo. De lo contrario, o bien se busca otro candidato o se debe  abrir un período de conversaciones, y hasta negociaciones, a fin de lograr definir la conducción de las diócesis.

Otro asunto significativo es que la Iglesia en Venezuela ha llevado adelante algunas obras en las cuales los gobiernos han estado involucrados, lo cual  representa un tipo de relacionamiento peculiar.

En un país donde no hay oficialmente una religión de Estado, la Iglesia, desde principios de los años  noventa,  ha tenido – y formalmente se mantiene-, un convenio con el gobierno que  compromete a éste a liberar y  financiar los maestros que la Iglesia designe, e para asegurar  dos horas de religión a la semana, en la educación primaria del sistema escolar, a solicitud de los padres, concretando así una antigua previsión de la Ley de Educación. .

Esto fue concebido y desarrollado como algo benéfico para ambas partes y, al margen de toda controversia sectaria, como un proyecto de ejercicio de la libertad de conciencia y de religión, de provecho ético cultural para el conjunto de la población estudiantil dentro de un marco de gran libertad, pues no es obligatorio. Todo ello ligado al prestigio que iniciativas de la Iglesia acumulan en el ámbito estudiantil como, por ejemplo, el sistema de Fe y Alegría con su irradiación  e implante más allá de nuestras fronteras.

Presente en momentos complejos

La Iglesia ha tenido un protagonismo indudable en los momentos más difíciles y trágicos que llevaron a la implantación del régimen que ahora sufre Venezuela.  Es públicamente reconocida la asistencia y el apoyo moral que ella, en la persona de algunos de sus clérigos distinguidos,  prestó a algunos de los líderes, comenzando por Hugo Chávez, en los momentos en que cayeron presos y temían por sus vidas.

El patrón general de la Iglesia se impuso y estuvo cerca del necesitado, del que se encontraba en situación de peligro y fragilidad, al margen de motivaciones o responsabilidades.  Ello muestra que no se ha tratado de una oposición histórica ni sistemática  en contra de quienes hoy mandan en Venezuela, sino que ha sido el alejamiento del régimen del respeto a la dignidad de las personas , así como de las constantes y flagrantes violaciones a los derechos humanos, lo que ha colocado a la Iglesia en la necesidad de, una vez más, tomar partido por los necesitados, los excluidos, por el débil, por la gente concreta que sufre, para brindarles su acompañamiento espiritual y moral.

VENEZUELA
@CEVmedios

La gran samaritana

Como ya dicho, desde el inicio del actual régimen han estado presentes tensiones, en el fondo sensibles, pero que han terminado por ser grandes indiferencias,  de parte oficial, política y administrativa, del gobierno venezolano hacia la Iglesia. Cuando ha entendido que le interesa y le conviene, por distintas razones, ha acudido de manera abierta o reservada a la ayuda de ésta. Dos momentos lo confirman. Cuando en  2002 se produce el alejamiento del poder de Hugo Chávez por unos días, fue patente y visible el recurso a la institucionalidad de la Iglesia para mediar en protección del presidente y su entorno, así como también para conseguir  serenidad y la vuelta de las aguas a su cauce los días subsiguientes, con reconocimiento gubernamental de errores y oferta de diálogo.

Igualmente, la Iglesia ha persistido como portavoz e intérprete de las necesidades más sentidas de la gente,  al  servicio a la sociedad venezolana  durante de todo este proceso traumático -en términos más permanentes y cotidianos- en su acompañamiento al lado del pueblo a través de las obras sociales que anima y mantiene como el «buque insignia» que es Cáritas, siempre ofreciéndose para colaborar solidaria y subsidiariamente.

Se ha esmerado en el seguimiento de los casos difíciles de las personas fallecidas, heridas o detenidas, fruto de los enfrentamientos de calle, específicamente desde el año 2014 hasta hoy.

Ha sido actor de primera línea en su labor samaritana. Ello explica el reconocimiento y la repercusión internacional del desempeño  tan eficiente de la Iglesia venezolana,  en medio de un proceso extremadamente enmarañado, como la más significativa y amorosa acompañante de la gente aliviando los efectos tan negativos y más urgentes de la crisis.

Ha sido un verdadero “hospital de campaña”, gracias a la colaboración y la solidaridad de iglesias hermanas del continente  y otras instituciones en el mundo que han hecho de agencias de ayuda. En Colombia y Brasil, países fronterizos y receptores naturales de la migración, el respaldo ha sido generoso y continuo.

VENEZUELA
Foto: RAMÓN A PÉREZ

Venezuela recibe de vuelta

En tiempos pasados, muchos países del continente y el mundo pasaron por momentos duros mientras Venezuela gozaba de estabilidad y prosperidad. Ello motivó distintas  oleadas de inmigrantes que fueron recibidos con los brazos abiertos.  Querían futuro y  anhelaban horizontes más amplios y aquí los encontraron.

Europa vivió guerras y América Latina dictaduras de todo signo que aventaron hacia estas tierras acogedoras contingentes de personas perseguidas que buscaban la tradicional bonhomía y espontaneidad del venezolano. Nuestra Iglesia es igual. Siempre acoge y presta su servicio con humildad, sin exhibir ni cacarear lo que  hace, sino que lo asume como parte de su responsabilidad cotidiana, sin orgullos ni petulancias,  sino con toda normalidad, como algo que, sencillamente, debe hacer.

No está en el ADN venezolano ni de su Iglesia presentarse como modélica ante otros, por lo que frecuentemente pasa desapercibida. No pretende protagonismo alguno y opera de la manera en que puede hacerlo.  Está en su manera de ser vivir su realidad sin pretensiones.  Es sencilla y sin aspavientos.  Así ha sido y así es.


YRAGORRI

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Testigo fiel

Si hay un consenso en este país de desencuentros, se afinca en que nadie puede reprochar a la Iglesia venezolana falta coraje y persistencia en señalar, con frecuencia y reiteración, los núcleos  problemáticos en la relación del gobierno, durante estos 20 años, con su pueblo.

La capacidad de crítica y previsión, y fundamentalmente de unidad,  de la Iglesia no se compara con la de ninguna otra institución, como tampoco la manera como la ha preservado intacta y constante en el tiempo,  en medio de  adversidades que han nublado tantos entendimientos.

Para algunos, puede parecer que la Iglesia, a ratos, se introduce en asuntos que no le conciernen como los temas políticos. Otros tal vez resientan que sus pronunciamientos son más denuncias morales que verdaderos análisis de pertinencia social y económica en profundidad.  En rigor, no correspondería a la Iglesia  algunas de esas tareas, pero sí es asunto de su competencia involucrarse  cuando la dignidad humana y el Bien Común esencial están en riesgo, tal y como lo señaló pertinentemente San Juan Pablo II.

No es “política”, pero sí es “Política evangélica”, atención a lo radicalmente humano a ejemplo y en nombre del Dios que se encarnó en Jesús. Quizá por ello, el poder y especialmente el régimen chavista la  ha visto como opositora  y no como puente entre unos y otros, lo que es función tradicional de la Iglesia.

El hecho es que estas apreciaciones forman parte de las ambivalencias de la presencia institucional de la Iglesia en determinado ambiente social,debiendo actuar en el marco de complicadas realidades históricas. Ella no está a salvo de cuestionamientos de parcialización, pero, habida cuenta de la degradación de la situación venezolana, no es éticamente nada fácil reprochar a la Iglesia por su vigilia y coherencia  al denunciar, fustigar y también sugerir al régimen escuchar al pueblo y reorientar sus opciones y políticas.

Hay poco o casi nada que  se pueda mostrar como un logro positivo del gobierno en dos décadas y la ruina en que ha sumido al país  ejemplifica sus planteos y postura. Es un fracaso patente imposible de ocultar y menos justificar. Es «moralmente intolerable», como los mismo obispos lo han escrito en sus exhortaciones pastorales.

VENEZUELA
Caritas Venezuela @caritasdevzla

No posee nuestra Iglesia un perfil particularmente  incisivo en términos de presencia institucional, pues carece de la compañía de personalidades descollantes, de  intelectuales o de valientes laicos que se destaquen por su sólida formación católica en la escena pública.

Pero ha sido una testigo permanente y fiel al lado de su pueblo, moviéndose en su ámbito, defendiendo la libertad religiosa y de conciencia para todos , sirviendo de estandarte en la lucha por la libertad educativa y los derechos ciudadanos, por la libertad de expresión y opinión para el conjunto de la sociedad, particularmente atendiendo a la gente más sencilla.

Puede ser que una cierta tradición ilustrada liberal exprese deficiencias en relación a planteos teóricos, científico-técnicos, culturales o sociales de la Iglesia; es más que probable, pero la gente sencilla y cotidiana la ve como quien está a su lado, cercana e infundiendo valor y esperanza. En otras latitudes no es tan común esa cercanía tan espontánea del personal eclesiástico con la gente sencilla.

En Venezuela se hace realidad lo que el Papa Francisco pide, pastores con olor a oveja que guíen a una Iglesia en salida. En Venezuela esto se vive con sencillez, con normalidad,  es de cada día.

Iglesia en Venezuela imágenes (hacer click en galería):

El reto de la Iglesia venezolana en los tiempos por venir

Los cambios en la sociedad venezolana, cuando sea que ellos lleguen, no serán cuestión de días sino probablemente de años. Lo más  sencillo de acometer será la recuperación económica. Pero la Iglesia está llamada a jugar un papel crucial restañando heridas – reconciliando – y coadyuvando en la reconstrucción del tejido social deshilachado por tantos años de fomento de divisiones,  la prédica de odio y la incitación a la violencia.

Ello será lo más difícil, pues el daño es amplio y profundo, y son irreparables –y eso hay que asumirlo-  por los efectos negativos, sociales y humanos producto de la crisis.  Hablamos de una sociedad que está “tocada” gravemente  tanto en su desarrollo personal como en su capacidad de ser agentes promotores de bienestar, de equilibrio, de pacificación y de fraternidad. Hay gente que quedará muy herida y esos son elementos sociales  complejos de manejar. Potencialmente veremos personas y comunidades  muy desajustadas.

En este marco, la Iglesia tendrá una labor de mano extendida, amiga, a mediano y largo plazo, siempre solidaria para acompañar familias divididas, extrañadas, irreconciliadas, asuntos que ella sola no podrá afrontar, pero que son ineludible componente de su obrar, por su prestigio moral, su experiencia educativa, su red de organizaciones comunitarias  y de servicio, y  en las que se pueda confiar para cumplir mínimamente esa labor colosal.  La presencia social de la Iglesia será una tarea histórica, hoy pendiente, que deberá acometer.

VENEZUELA
@CEVmedios

La realidad venezolana tendrá que reestructurarse  en el imaginario social. En otras palabras, sanar en su jerarquía de valores, rescatar su memoria histórica, retomar el sentido de su futuro y trabajar para vencer las tentaciones de retaliación y venganza. Procurar la inclusión, luego de haber inoculado exclusión a una generación completa.

Soñar imposibles, como volver al pasado, a descansar en las riquezas del país y no en el esfuerzo laborioso de nuestras gentes, es otra tentación a enfrentar. Hay que estimular una ética del trabajo,  el cultivo de las virtudes cívicas  y reforzar una estructura familiar endeble. Es un trabajo intensivo, ligado a puntos muy fundamentales para la vida del país. Se trata de una pedagogía, un magisterio que solo una madre como la Iglesia puede impartir sin sesgos ni exclusivismo, sino servicial y solidaria.

Esta oportunidad histórica que se ofrece para que emerja una nueva ciudadanía con conciencia propia y sentido de justicia, libertad, paz y fraternidad, representa la meta más desafiante y es inimaginable abordar esa titánica labor sin el concurso de la Iglesia. En otras palabras, el futuro no puede pensarse sin la Iglesia en Venezuela.


VENEZUELAN NATIONAL GUARD

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