Aleteia logoAleteia logo
Aleteia
martes 27 julio |
San Pantaleón
home iconEspiritualidad
line break icon

¿Dijiste no conocer a Jesús y te arrepientes? Mira a Pedro

Public Domain

Carlos Padilla Esteban - publicado el 08/05/19

Mira tus negaciones, tus silencios culpables, y perdónate

Pedro negó a Jesús en la oscuridad de la noche. Cuando el miedo fue más fuerte que la esperanza. La noche más oscura que el día. Y la frustración se apoderó de sus fuerzas. Y sobrevino la angustia.

Pedro quería salvar a Jesús. Quería regresar con Él a Galilea. No quería que todo se acabara en esa Pascua, en esa semana bendita. Por eso quiso defender su vida con la fuerza, con la violencia.

Pero no pudo. No hubo batalla. La muerte parecía tener más fuerza que la vida. El odio que el amor. El mal que el bien. Vencía la rabia. Se hacía fuerte la injusticia.

Y en medio del caos Pedro sólo pudo negar que amaba, que creía, que soñaba. La batalla estaba perdida y Pedro negó lo evidente.


CHRIST AND THE SINNER

Te puede interesar:
Oraciones para rezar cuando te sientes miserable

¿Para qué perder su vida en vano? No podía salvar a Jesús. Pero al menos podría salvar su propia vida. Estando vivo podría seguir haciendo tantas cosas. Daba miedo la muerte. Era injusta.

La muerte arrasa con todo y no respeta la vida, ni los sueños. Es devastadora y no se puede enfrentar.

¿Cómo se puede hacer morir a la muerte? Lo que está muerto ya no puede morir. Pero lo vivo se puede defender. Y Pedro lo hizo. No quiso morir ese día y negó a su maestro.

Tuvo que negar la verdad más sagrada de su vida. Lo hizo con la voz, no con su corazón. Muy dentro de su alma no renegó de Él, eso no podía hacerlo. El amor es más fuerte.

Pero negó a Jesús con palabras. Dijo lo que no creía. Lo que no vivía. Dijo que no era de los suyos. Mentira. Que no tenía su acento. El mismo. Que no lo conocía. Lo amaba.

Y en esa triple negación quedó roto por dentro. Porque la mentira siempre rompe. Acaba con mi integridad. Me debilita. Me hace vivir la doblez. Digo una cosa y luego vivo por dentro otra muy diferente.




Te puede interesar:
Arrepentimiento y remordimiento: un silencioso diálogo entre san Pedro y Judas

Pedro negó su verdad más sagrada, su historia santa. Negó el amor que lo rescató del lago. Era de Cristo y lo era para siempre. Porque el amor no se elige.

Escribe Julio Cortázar: “Lo que mucha gente llama amor consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio”.

Pedro no eligió amar a Jesús. Sobrevino en su vida, de repente, un rayo. Y se vio roto por un amor más grande, infinito. Traspasado. Esa era su verdad.

Su historia de amor no había sido en vano. Él amaba a Jesús con toda su alma y para siempre. Pero el miedo hiere por dentro. Es poderoso.

¿Cómo fue capaz de negarlo en esa hora crucial? El miedo fue más fuerte.




Te puede interesar:
Cardenal Sarah: «El miedo es la gran debilidad de la Iglesia hoy»

A veces en la vida parece que no hago lo que quiero hacer. Digo amar a Dios y lo niego. Digo amar a ciertas personas y luego las dejo solas, las olvido, las abandono. Digo muchas cosas y no tengo fuerzas para ser fiel.

Brota entonces un dolor profundo y sordo. El dolor de mis silencios o de mis negaciones. ¿Cómo puedo vivir después de haber mentido? ¿Cómo salvar mi alma después de haberla perdido?

Lo contrario al amor no es siempre el odio, con más frecuencia es el olvido. Tal vez no odio, pero no amo. No tengo ira, sólo indiferencia. No busco la venganza, simplemente olvido.




Te puede interesar:
Papa Francisco: La indiferencia y la hostilidad nos ciegan

El corazón de Pedro tal vez tenía más odio hacia los que traían la muerte y la injusticia. Pero seguía amando a Jesús en un silencio culpable y frágil.

Sus negaciones le hicieron ver la verdad de su vida. Era muy débil. No resistió la tentación. No pudo.

Y su orgullo herido lloró amargamente. El salvador de Jesús era un fracasado. El defensor herido. Su orgullo herido lo sumió en un llanto triste y oscuro.

¿Cómo volver a sonreír? ¿Cómo ser capaz de mirar el cielo de nuevo? ¿Dónde quedó oculto el reino de Dios que venía a salvar el mundo?

¿Qué sentiría Pedro, la roca, después de sus negaciones? Se sentiría roto, en guerra. Leía el otro día:

“Lo contrario de la paz es la frustración, el vacío, la insatisfacción. Nuestras frustraciones muchas veces alimentan nuestros conflictos con los demás. No soportamos a los demás porque no nos soportamos a nosotros mismos[1].

El vacío, la insatisfacción, la frustración. La falta de amor a mi persona. Lo que me divide por dentro es mi orgullo herido que no acepta los fracasos, ni las pérdidas debidas a mi debilidad.

Hoy quiero mirar mis negaciones. Quiero hacerme eco de mis silencios culpables. Quiero perdonarme a mí mismo.

Quiero sentir que valgo más que mis pecados, límites y debilidades. Sólo así podré acoger junto al lago la mirada de Jesús.

Sólo entonces podré escuchar su invitación a cuidar de sus ovejas. Sólo cuando he ido, he fracasado y he vuelto herido de la batalla. Herido pero reconciliado con mi pasado, con mi vida.

Quiero sentir que estoy donde tengo que estar después de muchas batallas perdidas. Después de muchas muertes. Y entonces sonreír al saberme amado en mi verdad. Perdonado y salvado para siempre.




Te puede interesar:
¿Por qué será que Jesús le preguntó a Pedro tres veces si lo amaba?

[1] Jacques Philippe, Si conocieras el don de Dios

Tags:
arrepentimientoperdon
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia se publica a diario en siete idiomas: Inglés, Francés, Italiano, Español, Portugués, Polaco, y Esloveno
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

Oración del día
Hoy celebramos a...





Top 10
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.