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La Virgen del Valle, patrona del Noroeste argentino, que se «escapaba» a una cueva

VIRGEN DEL VALLE
Facebook-Morenita del Valle de Catamarca
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Conoce una de las más solemnes fiestas de la Argentina

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Cerrando el trienio preparatorio para el jubileo por los 400 años de su aparición, y viviendo ya el preludio del Año Mariano Nacional y el Congreso Nacional Mariano que acogerá en 2020, la Virgen del Valle renueva su historia de amor con los catamarqueños. Desde antes de que exista la ciudad, la “morenita” ya recibía a sus peregrinos.

Se trata de la advocación mariana más popular del Noroeste argentino, tal como se vio en la beatificación de los Mártires Riojanos, cuya celebración tuvo una imagen suya presidiendo el altar.

Las Solemnes Fiestas en Honor a Nuestra Madre del Valle comenzaron las vísperas del 28 de abril con el lema “Discípulos Misioneros, como María”. El Septenario comienza todos los años el segundo domingo de Pascua y culmina con la Solemnidad (en Catamarca) de la Virgen del Valle. Desde el inicio y tras la solemne bajada de la imagen, y hasta el 5 de mayo, es incesante el peregrinar a la Catedral Basílica del Santísimo Sacramento, Santuario de la Virgen.

Las distintas diócesis y provincias, agrupaciones por oficios y áreas de trabajo, gauchos, pueblos originarios, el poder político provincial, el mundo del deporte, de la cultura, etc., han tenido o tendrán su momento para ponerse en manos de la Virgen.

Cada día del Septenario se cambian los arreglos florales que engalanan a la Virgen en su lugar temporal, y decoran el retablo y las las distintas capillas del Santuario. Por eso, si se está en Catamarca por estos días, bien vale darse una vuelta cada día para saludar a María.

La Solemnidad que en la Catedral albergará el Homenaje de la Vida Consagrada y de las Familias, entre otros, y la Serenata en el Paseo de la Fe, por la noche. El domingo, la Virgen saldrá del santuario para marchar en procesión con el Santo Pueblo Fiel, que durante una semana la honró desde su propio carisma y realidad, tras la cual con una nueva Eucaristía se cerrarán las solemnes fiestas.

Mucho tienen para pedir los catamarqueños para el largo año que tienen por delante preparándose para ser casa de los marianos argentinos en 2020. Pero también para agradecer, por un trienio en el que renovaron su historia de amor con su patrona.

En una gruta de Choya

El origen de la Virgen del Valle se remonta a entre 1618 y 1620, en una gruta de Choya, lugar en el que también se la celebrará estos días. Allí vivían españoles y habitantes originarios, en su mayoría cristianos, uno de los cuales en una ocasión oyó voces que llamaron su atención.

Fue entonces que vio un grupo de mujeres, aborígenes como él, caminando con recelo cargando lámparas y flores. Pero no las siguió ni recorrió el lugar hasta la mañana siguiente, y en el mismo lugar encontró huellas y un sendero, que recorrió 5 kilómetros hasta llegar a un nicho en el que vio asientos y fogones recientemente apagados; también señales de que incluso hasta habrían danzado en ese lugar.

Presidiendo el lugar de reunión, encontró una imagen de la Virgen María, pequeña, con las manos en oración, igual que las que veía en la casa de su jefe Don Manuel de Salazar, pero morena, como él.

Al tiempo el aborigen comentó a su patrón el hallazgo y cómo los indígenas veneraban a la Santísima Virgen en esta alejada gruta. Salazar fue hasta la gruta, y contra la voluntad de los indígenas, se llevó a la Virgen hasta su hogar. Pero como es habitual en María, aún en el cobijo de la casa del patrón, comenzó a regresar a la gruta, desapareciendo misteriosamente una y otra vez.

La Virgen del Valle enamoró en sus inicios a indígenas y españoles, y lo mismo ha hecho, sin ningún tipo de distinción, con todos sus hijos durante estos 400 años: independientemente de su origen, profesión, clase social, u cualquier otra división.

Expresión de esto es cada día del Septenario, vivido con devoción por hijos suyos tan distintos entre sí pero tan unidos a su madre Nuestra Señora del Valle.

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