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El feroz ataque de vándalos a la Catedral Primada de Bogotá

BOGOTA
Juan David Moreno Gallego | Anadolu Agency
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Una marcha pacífica de estudiantes, sindicalistas, maestros, campesinos y trabajadores que protestaban contra el Gobierno, terminó en ataques a la iglesia más representativa de Colombia

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

Los colombianos quedaron atónicos al observar por televisión y en las redes sociales el violento ataque contra uno de los símbolos más respetados del país: la Catedral Primada, una hermosa edificación de estilo neoclásico construida entre 1807 y 1823, y en la que se conservan valiosas obras de arte y ornamentos litúrgicos de las épocas colonial y republicana.

Esta iglesia, que posee uno de los órganos más bellos y sonoros del mundo, fue declarada Catedral Primada por el papa León XIII en noviembre de 1902.

 

 

Aunque la histórica Plaza de Bolívar —en donde está el templo— es el lugar en el que siempre concluyen las cada vez más frecuentes y violentas marchas de protesta, no hay referencias de agresiones de este tipo contra la Iglesia en los últimos 70 años. Según algunos registros, los hechos más graves se remontan al 9 de abril de 1948 cuando fue asesinado el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán e incendiadas y saqueadas varias iglesias y conventos bogotanos. Además, fue destruido el Palacio Arzobispal, justo al lado de la Catedral, y reducida a cenizas la nunciatura apostólica.

 

 

En los años recientes, la ira de los manifestantes siempre se ha dirigido contra otros símbolos ubicados en la misma plaza, entre ellos el Capitolio Nacional —sede del Congreso de la República—, la Alcaldía Mayor de Bogotá y el Palacio de Justicia, reconstruido después de la cruenta toma del grupo guerrillero M-19 y la desmedida reacción del Ejército en 1985. También han sido blancos predilectos de los desadaptados —según la Policía— innumerables establecimientos comerciales y bancarios del centro histórico, en particular, de la carrera Séptima.

Por eso a las autoridades y a la gente del común les sorprendió que en una jornada nacional de protesta pacífica, grupos de jóvenes de ambos sexos, encapuchados o con el rostro cubierto por pañuelos, lanzaran piedras y bombas explosivas a los piquetes policiales que custodiaban los diversos edificios. Primero lo hicieron contra el Palacio de Justicia —en donde funcionan las altas cortes judiciales— y luego agredieron a policías apostados en el atrio de la Catedral y el Palacio Cardenalicio.

 

BOGOTA
Daniel Garzon Herazo | NurPhoto

 

Varios agresores descolgaron con fuerza las mallas de tela puestas por las autoridades para proteger los edificios y luego las quemaron. Otros activaron explosivos, se armaron con objetos contundentes y arrancaron ladrillos de las calles para arrojarlos contra los policías y la iglesia. También se observó a muchachos pintando grandes letreros en los muros de la Catedral, el Palacio Cardenalicio y el Sagrario Nacional, una pequeña capilla aledaña a estas edificaciones.

Al término de la jornada, el presidente Iván Duque Márquez condenó “los actos de violencia y vandalismo contra la Catedral Primada de Colombia” y pidió a las autoridades que avancen rápidamente en la judicialización de los responsables. Por su parte, el ministro de Defensa, Guillermo Botero, rechazó “los actos vandálicos contra un patrimonio histórico de la ciudad” y anunció la captura de 35 atacantes, entre ellos 17 jóvenes que estarían seriamente comprometidos con los disturbios y el ataque al templo.

 

 

Los daños causados a la Catedral no son muy graves ni costosos ya que los ataques afectaron superficialmente los muros y las puertas y no alcanzaron a llegar hasta el interior del edificio. No obstante, debe cubrirlos la ciudad capital, según dijo el alcalde Enrique Peñalosa quien recordó que “el pago de estos y otros perjuicios saldrá de los impuestos de todos los colombianos”.

 

Razón de las protestas

La jornada, denominada ‘Paro Nacional’, reunió a diversos sectores sociales, entre ellos, sindicatos, campesinos, empleados hospitalarios, organizaciones indígenas, maestros, estudiantes y trabajadores judiciales. Todos protestaban por medidas o acciones adoptadas recientemente por el Gobierno.

Una de las protestas estuvo dirigida con el Plan Nacional de Desarrollo, una voluminosa ley promovida por el Gobierno en la cual se abordan numerosos aspectos de la economía y la sociedad y cuyo trámite está en manos del Congreso de la República. En el paro también participaron profesores y estudiantes de universidades públicas que acusan al Gobierno de incumplir promesas y acuerdos suscritos recientemente.

 

 

En el mismo sentido se pronunciaron los cultivadores de café que llevan meses pidiéndole al Gobierno de Iván Duque soluciones inmediatas a la crisis de precios que viven debido a las fluctuaciones del mercado en el exterior. En el movimiento estuvieron indígenas del Cauca que durante tres semanas bloquearon la carretera Panamericana para exigir mayores presupuestos estatales en sus territorios.

Según el Ministerio de Defensa, el paro, publicitado como una actividad pacífica, transcurrió con relativa normalidad. No obstante, los organizadores estiman que todo se tornó confuso por la acción indebida y abusiva de “grupos de desadaptados que juegan a la anarquía”.

Lo sucedido en Bogotá en las últimas horas sorprende, pero no es para nada exclusivo en América Latina. Haz click a continuación para ver otras iglesias en manos de vándalos, ataques y manifestaciones, fiel ejemplo de algo que parece repetirse en el tiempo: 

 

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