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¿Mi pareja es violenta? Detéctalo así

ABUSE
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El abuso, físico o psicológico, no es algo excepcional: se da en muchas parejas de jóvenes. Te ayudamos a detectarlo y a salir de él

La percepción de los expertos es que ha aumentado la violencia psicológica y también física dentro del noviazgo adolescente. La incapacidad de muchos jóvenes para establecer vínculos sanos es algo cada vez más frecuente y quienes investigan el fenómeno afirman que las causas no son solo de orden sociocultural, sino especialmente en la falta de desarrollo de habilidades emocionales para vincularse con otros.

Esto se ve aumentado por la descomposición familiar que afecta el sano desarrollo de niños y adolescentes, especialmente en lo que tiene que ver con aprender a amar, a respetar y a cuidar de los otros y de uno mismo.

Las redes sociales no son un problema, sino que amplifican los problemas ya existentes.

El control del otro por medios digitales desarrolla posibilidades insospechadas y un acoso permanente, hasta la extorsión a través de la publicación de la intimidad del otro.

Muchos adolescentes y jóvenes ingenuamente, como un juego, envían fotos y vídeos de su intimidad a los demás sin tomar conciencia de hasta dónde pueden llegar esos contenidos.

Esta violencia repercute gravemente en la salud física y psicológica de las víctimas y en sus relaciones interpersonales. Los mitos sobre lo que es “el verdadero amor” pueden hacer mucho daño y hacer crónico el problema, como cuando muchos ingenuamente afirman: “los celos son una muestra de amor”, “él me cuida mucho porque me quiere, por eso me controla tanto”, y cosas por el estilo.

VIOLENCE
Shutterstock-Photographee.eu

En realidad, los celos cuando son muy evidentes son una muestra de una gran inseguridad psicológica y una tendencia a la posesividad. También algunos estereotipos machistas sobre la relación con la mujer tienden a naturalizar la violencia psicológica como algo normal y esperable.

Para hablar del tema, consultamos a la psicóloga uruguaya Alejandra Fernández, quien además de especializarse en psicología educativa, lleva muchos años trabajando con adolescentes y ha estudiado en profundidad las diferentes formas de abuso y violencia que existen entre los jóvenes a través de los medios digitales.

¿Cómo podríamos definir la violencia en el noviazgo?

Este tipo de violencia tiene diferentes manifestaciones, que van desde conductas controladoras, amenazas, humillaciones en público o aislamiento, hasta agresiones verbales y físicas. Cuando se percibe al otro como un objeto sobre el que yo descargo mis deseos y también mis broncas, cuando se vuelve “natural” el destrato y la falta constante de respeto.

No hay que confundir un episodio puntual de conflicto con una violencia sistemática y permanente. Hay que tener en cuenta que hoy en día las relaciones tienden a ser más superficiales, efímeras e intensas, y por ello es más frecuente que el otro no importe demasiado más que como una experiencia de consumo.

Para ver al otro como alguien digno de respeto, alguien a quien amar y a quien cuidar, se necesita desarrollar empatía y aprender que el otro no es, ni será, ni tiene que ser “mío” o “mía”.

Las personas no son objetos, no son pertenencias. El amor nos hace fieles, nos hace amigos, nos hace confiar el uno en el otro, pero no nos da derechos sobre el otro como si fuera mi propiedad.

La posesión del otro como objeto de consumo es hoy más frecuente, además de la inmadurez afectiva y los miedos a ser abandonados o no ser amados, se viven los vínculos con un mayor dramatismo y sin perspectiva, sin capacidad para aceptar una realidad más allá de mis deseos.

El mundo de los medios digitales donde los demás pueden ser bloqueados o eliminados, se traslada al mundo real y el miedo a desaparecer de la vida del otro crea nuevas formas de dependencia y violencia psicológica.

WOMAN VIOLENCE
271 Eak Moto I Shutterstock

¿Se puede salir de estas situaciones? ¿Cómo superarlas?

Si bien se puede salir de esa situación, el primer paso es denunciarla como algo que no es normal ni aceptar que se naturalice.

Las personas suelen salir muy heridas de estas relaciones y les cuesta volver a comenzar una nueva relación o construir un proyecto de familia.

Hay que ayudarles a saber que somos nosotros quienes elegimos ese tipo de personas que nos hacen daño.

Si somos padres y educadores, ¿cómo lo detectamos?

Cuando les controlan los horarios, la forma de vestirse, esperan al otro de sorpresa para ver con quién habla o con quién sale. Estar conectado para ver si está en línea o no. Cuando la persona no quiere salir con amigos o con la familia si no está la pareja, da para sospechar.

La paranoia y los celos exacerbados hacen sentir culpable a quien sufre violencia psicológica y se siente responsable de hacer sentir mal a quien en realidad es una persona posesiva que no entiende del respeto y de la libertad.

Las víctimas de estas relaciones suelen no contarlo, ya sea por miedo a hacer enojar a su pareja o por culparse a sí mismos. Sufren mucha presión psicológica y hasta extorsiones con respecto a su privacidad.

El diálogo frontal los ayuda a darse cuenta de que eso no es lo “normal”. Muchos adolescentes creen que lo que conocen es lo normal y dan por natural el maltrato, la posesividad y una relación llena de tensiones y culpas.

Peor aún si eso también lo conocieron normalizado en su contexto familiar. Es muy importante estar alerta para que ellos sepan pedir ayuda cuando la necesiten. Una forma es hablar de esto explícitamente en el hogar y en la escuela.

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