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¿Es bueno deber tres veces lo que somos capaces de producir en un año?

MONEY
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El debate sobre la sostenibilidad de la deuda mundial

Si usted se ha comprado una vivienda es posible que haya contratado una hipoteca con una entidad financiera que le permita pagar a cómodos plazos un precio que no puede hacer frente con el sueldo de un solo año.  Usted necesita la vivienda desde el presente, pero irá pagándola a lo largo de los años, amortizando poco a poco el préstamo que le han concedido.

De igual manera, para poner en marcha un proyecto empresarial se precisa constituir un capital inicial y hacer frente a muchos gastos, gastos que excederán los ingresos de varios periodos iniciales de la empresa. Por eso mismo, lo normal es disponer de un contrato financiero por el cual la entidad financiera adelanta ese dinero y la empresa va retornándolo con parte de los ingresos futuros. 

Hace poco se dieron a conocer los datos del Instituto Internacional de Finanzas (IIF) sobre la deuda global: la deuda de los hogares, empresas, bancos y gobiernos de todo el mundo medida a finales del 2018.  El dato arroja la no despreciable cifra de 243,2 billones de dólares ( unos 217,3 billones de euros). Esta cantidad ha crecido en un año a la par que lo ha hecho el Producto Interior Bruto así que esa ratio se ha mantenido estable en torno a 317%. Es decir, globalmente debemos más de tres veces lo que somos capaces de producir en un año.

DEUDA
Cesar Nebot-Aleteia
Datos IIF

Del conjunto de la deuda mundial más de la mitad se corresponde con el endeudamiento de la Administración Pública y el Sector Financiero, 125.1 millones de dólares mientras que sólo 1 de cada 6 dólares es deuda familiar.

Bajo el prisma que un individuo se endeuda en tanto que tiene un proyecto cuyo rendimiento futuro va a permitir devolver el préstamo, que la parte más importante sea la financiera y la administración pública no deja de ser preocupante.

Uno esperaría que, de acuerdo con el sentido de economía real, los rendimientos futuros provengan del sector empresarial y, por lo tanto, sea éste el que acumule mayor porcentaje de deuda. Pero no es así, y eso no deja de ser inquietante. Salvo que la Administración Pública y el Sector financiero permitan que los proyectos empresariales puedan rendir de forma significativa y diferencialmente mejor, la correspondencia de peso en la deuda no se podría justificar por vía económica.

La cuestión preocupante no es si el mundo se endeuda mucho o poco, sino si la deuda que contrae es para proyectos que en el futuro van a permitir su devolución o intervienen otros factores de otro orden que a la postre van a comprometer a las generaciones futuras en una especie de Ponzi game, una especie de juego de la patata caliente en el que cada uno tiene beneficio por pasarle la patata a la siguiente generación y así de paso evitar que nos explote en nuestras propias narices en la generación presente.

En diez años esta deuda total ha aumentado un 45%. Está claro que los bajos tipos de interés han propiciado el aumento de la deuda. Cuando el precio de un bien baja la cantidad demandada y en equilibrio la cantidad de mercado de ese bien aumenta. 

Si el bien es el crédito y el precio es el tipo de interés del crédito, la bajada de tipos da lugar a un incremento considerable, pero se precisaría desde el punto de vista de sostenibilidad que los ingresos futuros deben haber incrementado de forma descontada para todo este periodo en ese porcentaje.

Si vemos la evolución del PIB y las previsiones del mismo que realiza la OCDE no parece que vaya a ser así. En consecuencia, se precisa de una reflexión profunda sobre la sostenibilidad de la propia deuda mundial, porque si no esto se puede convertir en un naufragio en el que todos y cada uno tendrán incentivos a saltar primeros del barco con flotadores de crédito salvavidas que simplemente acabarán pagan los demás y las generaciones futuras.    

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