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¿Qué piensas cuando ves los muñequitos de tu tarta de bodas?

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Mira qué hizo esta mujer al ver las figuritas de plástico en el mueble del comedor de su casa.

Hace unas pocas semanas, una amiga puso en su estado de Facebook la imagen de los muñequitos que suelen coronar la tarta nupcial. Él con sombrero y frac y ella de blanco con tiara. En el comentario decía algo así como: “De nuevo he visto hoy los muñequitos de nuestra tarta de bodas y he pensado en cuántas cosas hemos pasado juntos. Gracias por estos años. Te quiero. Feliz aniversario, mi amor“.

Las felicitaciones y los “megusta” le llovieron. Y no es para menos. Todos sabemos que mi amiga ha tenido un matrimonio nada fácil porque ya desde el comienzo no faltaron los problemas de salud. En el segundo año de casados el marido, un hombretón fornido, sufrió una lesión importante en el trabajo y desde entonces hubo que luchar a brazo partido para sacar adelante la familia. Los hijos, ahora ya profesionales, han pasado por la Universidad con mucho sacrificio por parte de todos.

A mi amiga se le desinfló pronto el globo de la ilusión que había puesto en el matrimonio. Ella ha sido quien ha sacado adelante la economía familiar, a base de horas aceptando cualquier tipo de trabajo, incluso muy por debajo de sus aptitudes. Ha sido una esposa y madre que no ha reparado en hacer lo que fuera necesario: vendió las poquitas joyas que tenía para pagar la matrícula de estudios de uno de los hijos, muchos meses hizo horas de madrugada para llegar a pagar la hipoteca…

“En la salud y en la enfermedad”

Y la ves, y está feliz. Cuando las amigas le preguntamos cómo lo ha hecho, siempre dice lo mismo: “es que estoy casada con el hombre de mi vida”. Para ella es más guapo que George Clooney y más alto que John Wayne. Pero sobre todo, dice, “es un hombre bueno”. Porque cuando se dieron el “sí”, era ella la que estaba mal de salud y él decidió que iban a casarse para estar al lado de ella las 24 horas del día. Luego, por aquellas cosas de la ciencia, pudieron aplicarle un tratamiento y aquello se solucionó. Pero para entonces él ya había demostrado primero que la quería “en la salud y en la enfermedad”, contra viento y marea, a pesar de que sus padres se oponían porque -decían- se iba a enterrar en vida.

Aquella parejita de novios de plástico que hoy está en la vitrina del mueble del comedor reúne la película de su vida juntos. Y lo que produce en quienes los conocemos es lo que en publicidad llaman “el efecto wow”. Wow, cuántas pruebas han pasado estos chicos y se quieren cada día más.

 

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