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Pastor López, “El Indio” que lloran Venezuela y Colombia

PASTOR LOPEZ
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Nacido en Barquisimeto, radicado en Villa del Rosario y famoso en toda Latinoamérica, este músico era un ícono musical de las festividades navideñas

Su importancia en la vida cultural de los dos países está reflejada en el abundante registro noticioso de los principales medios de comunicación. “Murió Pastor López, el rey de la fiesta decembrina”, tituló el Canal Caracol; “Luto en la música popular, fallece Pastor López”, señaló la revista Semana; “Pastor López, el venezolano que se enamoró de la cumbia”, escribió el matutino El Nacional, de Caracas.

Su deceso, como consecuencia de “un accidente cerebrovascular que le causó un grave daño”, se produjo el 5 de abril en la Clínica Norte, de Cúcuta, en la frontera con Venezuela.

 

Nacido el 14 de junio de 1944 en Barquisimeto, estado Lara, en Venezuela, José Pastor Pineda López —su nombre de pila— estaba radicado hacía varios años en Villa del Rosario, ciudad ubicada a pocos kilómetros de Cúcuta.

Al confirmarse su fallecimiento, como si fuera un diciembre de los últimos 50 años, las emisoras de radio empezaron a transmitir su música de trompetas, saxofones, tambores, maracas y piano, instrumentos tropicales acompañantes de unas letras que muchas veces mezclan tristezas y alegrías o hablan de decepciones amorosas, romances imposibles o describen lugares, regiones y personajes de las dos naciones.

En Cúcuta, una de las ciudades que más ha sufrido el impacto de la diáspora venezolana y en la que ambas nacionalidades se confunden, millares de personas se congregaron en las afueras de la clínica para acompañar el féretro hasta la sala de velación. Muchos de ellos, sin importar su origen, cantaron “a grito herido” sus canciones y con las manos saludaron el paso del coche fúnebre.

 

 

En las redes sociales, desde diferentes lugares del mundo, sus seguidores expresaron el afecto y la admiración que le tenían. “En la Navidad del 2019, tú serás el ausente, que descanses en paz”, señaló una ecuatoriana. “Viva Venezuela. El cielo esta de fiesta porque llegó nuestro orgullo nacional”, afirmó un joven de Ciudad Valera. “Eres y serás un colombiano de corazón”, escribió un pensionado de Neiva, Colombia. “Te ganaste un lugar especial en el corazón de muchos mexicanos”, indicó una señora residente en Puebla.

Nacido para la música

A los cinco años tocaba maracas y cuatro y por unas pocas monedas cantaba con un hermano en bares de Caracas. Cuando tenía siete años dejó su casa para dedicarse a cantar música de los llanos de su país, grabó un disco que pasó desapercibido y debutó en la televisión, aunque él reconocía que su vida como profesional de la música —tan solo con cuarto de educación elemental— empezó a los 17 años. Primero estuvo con la agrupación de los Hermanos López, luego pasó a legendaria orquesta de Emir Boscán y más adelante hizo parte del combo de Nelson Henríquez, todos venezolanos. Sin embargo, fue en Colombia donde encontró una enorme veta musical que él supo explotar: la cumbia y el porro, dos de los ritmos folclóricos más importantes del Caribe colombiano.

 

 

En Barranquilla, Medellín, Pereira, Cúcuta, Santa Marta, Bucaramanga, Cali y Bogotá se hizo famoso no solo por la sencillez de las letras de sus canciones y una música muy pegajosa, sino por su apelativo: El Indio Pastor. No se trataba de un apodo más ni de un nombre artístico sino de un reconocimiento a su padre indígena, descendiente de la etnia los gayones. Una canción compuesta por Alfredo Varela, El Indio Pastor, se convirtió en su carta de presentación y con ella, orgullosamente, siempre empezaba sus multitudinarios conciertos.

A mediados de los 70 creó su propia orquesta, Pastor López y su Combo, con la cual empezó una interminable carrera de éxitos que lo llevó a grabar infinidad de elepés y a firmar contratos para amenizar grandes fiestas en las principales capitales de Venezuela y Colombia. De esa época son obras como Las caleñas (una adaptación de la canción peruana Las limeñas), Golpe con golpe, Lloró mi corazón, Dios te bendiga Helena, La venezolana, Traicionera, Mentirosa, El ausente y El hijo ausente.

Quizá fue esta última canción la que lo ayudó a encumbrar como símbolo de los festejos de Navidad y Año Nuevo en gran parte de Latinoamérica. Su letra es un nostálgico diálogo de una madre y un hijo distante, en el que este pide una bendición: “Y al llegar la medianoche / cuando risas y regalos se confundan en la gente / mándame un abrazo fuerte / y pídeles a todos los presentes: / Vamos a brindar por el ausente / y que Dios lo guarde de la muerte”.

 

 

No había fiesta navideña en los hogares colombianos, venezolanos y de otros países en la que López no fuera el invitado especial con su música y su inimitable voz nasal. Como expresó Liliana Martínez Polo, especialista en cultura del diario El Tiempo, “quienes son muy jóvenes o niños y no les suena su nombre, estoy segura de que en las navidades recientes escucharon, al menos, una de las canciones de Pastor López”. Esa trascendencia en la vida de varias generaciones también la recalcó el Ministerio de Cultura de Colombia al señalar en su cuenta de Twitter: “fue un hombre que se convirtió en sinónimo de las fiestas decembrinas”

 

 

El Indio Pastor, que solía vestir atuendos de llamativos colores y lucir en público varios anillos en oro, ya había tenido una grave enfermedad a finales de 2010. Complicaciones en la aorta ascendente y la válvula aórtica, obligaron a someterlo a una cirugía de corazón abierto. Al salir de la Clínica Shaio declaró que “gracias al Dios Padre Todopoderoso, voy a seguir cantando a Colombia, Venezuela y el mundo entero”.

Aunque tenía la nacionalidad colombiana, el artista siempre se consideró “un hijo de dos naciones que pese a las diferencias políticas siempre han estado unidas por la música”. Por eso, en una de sus últimas entrevistas al periódico La Opinión reafirmó: “Venezuela me vio nacer y Colombia me vio crecer. Todo lo que tengo se lo debo a este país”.

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