Aleteia

Dos profesoras y hermanas, las nuevas ‘princesas’ de la canción colombiana

DUETO ENTRE CANTOS
Camilo Yepes-Suena Mi Tierra
Comparte

Las jóvenes, que enseñan música folclórica a universitarios y niños de preescolar, superaron en un exigente concurso a 19 duetos de diferentes regiones

Haga click aquí para abrir el carrusel fotográfico

“24/7”, es la consigna que tienen las hermanas Paula Andrea y Aura María García Gutiérrez para explicar el sorprendente éxito que obtuvieron el pasado fin de semana en Ibagué, en donde, pese a los pronósticos de los especialistas, ganaron el Concurso Nacional de Duetos Príncipes de la Canción, un prestigioso festival que se celebra hace 33 años en Colombia.

Su consigna significa dedicación total a la música andina colombiana, no solo como una pasión, sino como norma de vida. “Es toda la semana con sus días completos los que dedicamos a nuestra música. Es una actividad que comprende nuestros trabajos, la vida diaria y los ratos libres, todo está dedicado al canto y a la música de nuestro país”, sostiene Aura María, segunda voz y guitarrista del dueto.

Paula Andrea, primera voz y tiplista, anota que además de la dedicación, el triunfo del dueto ‘Entre Cantos’ también es el reconocimiento al amor que ella y su hermana le tienen a una música ancestral que identifica a la zona Andina, la céntrica región que atraviesa al 70% de la geografía colombiana, desde la frontera con Ecuador hasta los límites con Venezuela.

 

 

Su pasión por bambucos, pasillos, valses y otros ritmos folclóricos se la deben a uno de sus abuelos que aprendió a tocar y a cantar de manera empírica y a sus padres que desde niñas, en su pueblo del Espinal, las apoyaron para que aprendieran esta música y la difundieran. Sin embargo, las dos fueron más allá del querer paterno y decidieron ingresar al Conservatorio del Tolima, una prestigiosa institución universitaria reconocida internacionalmente por sus altos niveles de calidad musical, y en donde se graduaron como licenciadas en música.

Terminados sus estudios —sin abandonar su vocación de intérpretes—, se dedicaron a la docencia tanto en instituciones educativas privadas como en programas pedagógicos promovidos por instituciones estatales. Su tarea la enfocaron en el aprendizaje de la música a partir del canto y la ejecución de la guitarra, pero también del tiple, el más auténtico de los instrumentos musicales colombianos, pero de muy difícil manejo ya que se deben pulsar doce cuerdas metálicas, todas muy finas.

Aura María, quien trabaja en la Universidad Cooperativa como instructora en técnica vocal, sostiene que la enseñanza de ritmos andinos le ha servido como “una gran herramienta pedagógica”, porque ha familiarizado a jóvenes con una música diferente al reguetón. Esta profesora le contó a Aleteia cómo lo hace: “Antes de cantar o tocar los pongo a leer las letras de canciones nuestras y veo con asombro que perciben la gran diferencia entre un reguetón —que no les dice nada o no entienden—y una música que los impacta por su mensaje, incluso, muchas veces me dicen que se trata de poemas hermosos”.

Paula Andrea, quien se desempeña como profesora en un preescolar auspiciado por la Alcaldía de Ibagué, explica que ese repertorio de música colombiana “sirve como herramienta para enseñarles a los niños el funcionamiento e interpretación de instrumentos como la guitarra, el tiple y la voz”. Según la profesora, esta metodología “funciona muy bien y ha dado resultados”. Y lo dice con la certeza de alguien que conoce la fama de Ibagué como ‘capital musical de Colombia’.

 

 

Expertas en tarima

Las jóvenes García Gutiérrez son unas fogueadas artistas que han participado y ganado otros importantes concursos celebrados en pueblos y ciudades colombianas, en los cuales, hasta hace pocos años solo participaban duetos u otros grupos conformados por hombres.

Las dos saben que nada de lo obtenido hasta ahora en los escenarios les ha sido regalado. “Estos concursos son muy exigentes, nada es fácil, la presión es grande, las jornadas son extenuantes y el cansancio es muy fuerte”, señala Paula Andrea. “Además, complementa Aura María, todas las propuestas musicales de los otros concursantes son muy buenas y de gran calidad vocal e interpretativa”.

Las integrantes de ‘Entre Cantos’ sostienen que esta clase de eventos, debido a su componente cultural y al alto nivel artístico de sus participantes, son muy diferentes a los reallity shows de la televisión en los que afloran las envidias, los chismes y los deseos de figuración sin importar a quien hagan daño. “Aquí —dicen ambas— nos conocemos muy bien porque participamos en muchos festivales, hay una familiaridad entre los participantes, somos amigos, la pasamos muy bien y vemos cómo cada dueto va mejorando en su propuesta musical. Todo es muy distinto porque no hay rivalidades”.

Pese a su experiencia, las artistas afirman que ningún éxito sería posible sin la ayuda divina. Ellas y Jesús Morales, su director, arreglista y requintista (intérprete del requinto, otro instrumento muy colombiano), no dudan en confesar que antes de salir a un escenario se toman de las manos, elevan una oración y piden iluminación a Dios y la Virgen. “Todo el tiempo nos encomendamos… es Dios quien nos dio nuestras voces y estas manos”, señala Paula Andrea, la menor del dúo.

El nombre del galardón obtenido por las profesoras se debe a un apelativo cariñoso dado en los años 40 del siglo pasado a Garzón y Collazos, un famoso dueto que es considerado el ícono mayor de la música andina de Colombia, una modalidad que no quiere perder trascendencia cultural en un país en el que el reinado está en manos del vallenato comercial, el reguetón y otras músicas urbanas.

Por esta razón Paula Andrea y Aura María, las nuevas “princesas de la canción colombiana”, están convencidas de que el triunfo obtenido en la capital del Tolima, además del significado como empoderamiento de la mujer artista, debe ayudar al fortalecimiento de la música de su tierra y para que sus estudiantes las vean “como ‘profes’ ejemplares, modelos de esfuerzo y superación”.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.