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El mundo está muy mal, ¿puedo hacer algo más que quejarme?

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Surapol Usanakul - Shutterstock
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Es importante tomar conciencia de que debemos poner algo de nuestra parte; cada uno lo que tenga a su alcance

La crisis en la que nos encontramos se deja notar cada vez más y, lo que es peor, se está haciendo larga. Se trata de una crisis sobre todo de valores, una crisis social y humanística. Creo que es importante tomar conciencia de que debemos poner algo de nuestra parte; cada uno lo que tenga a su alcance. Puede contribuir a ello asumir y difundir buenos valores; ya sean valores contrarios a aquello que está en el origen moral de la crisis, ya sean valores refrescantes y animosos que puedan ayudar a superar la situación actual. 

1. Ver el mundo con objetividad y no dejarse hundir por las dificultades

Se trata de no quedarse con ver el vaso medio vacío, ni tampoco medio lleno, aunque esto último es preferible. Más bien ver lo que hay dentro del vaso y tomar conciencia de su valor. Valorar lo que se tiene es un buen inicio para superar un momento de crisis en todos los campos. Los recursos materiales son necesarios, pero insuficientes para una vida buena. El ser humano necesita ver tambien sus recursos de valores, afectivos, espirituales, sociales. Somos una comunidad. 

2. Actuar con magnanimidad y espíritu emprendedor

Lo contrario a esperar pasivamente o resignarse a situaciones insostenibles es tener “grandeza de ánimo”, proporcionado por la virtud de la magnanimidad, y espíritu emprendedor. La magnanimidad no es soñadora sino realista, pero con sentido positivo, altura de miras y creatividad. No se queda en la queja sino que mira cómo afrontar la situación y, si puede, mejorar su entorno y el de otros. Una persona magnánima reacciona así: si no encentro trabajo en mi oficio, voy a ir pensando en otro; si me falta preparación, me dispongo a conseguirla; si no hay trabajo aquí, trato de crearlo.  

3. Ante la crisis económica, ser solidarios con los más necesitados

Mientras salimos de la crisis, existe el riesgo que muchos se queden en la cuneta. Probablemente, todos saldremos económicamente más empobrecidos de la crisis, pero estas pérdidas pueden llevar a necesidades extremadamente básicas. Es necesario considerar que otros pueden estar peor que nosotros y necesitar nuestra generosidad. Las necesidades pueden ser perentorias: alimentación, servicios básicos, vivienda, pero no es sólo eso: también hay personas pobres en afecto, en bienes culturales, en esperanza, en confianza y otros valores espirituales que llenen sus vidas.

4. Fomentar una cultura de cooperación

Entre las causas morales de la crisis, subyacía un marcado individualismo egoísta y una despreocupación por las consecuencias sociales de la búsqueda desenfrenada del propio interés. Ahora se trata de superar esta visión fomentando una cultura de cooperación, generadora de capital social. Nadie es independiente de los demás; de algún modo, todos somos interdependientes. La voluntad de cooperación ha de ser también contagiosa; y todo es empezar.

Centrarnos en las prioridades de la vida. El sentido del ser humano. El crecimiento sano y lleno de valores de los propios hijos es una de las grandes prioridades de la vida. Las crisis económicas con frecuencia encuentran su causa en carencias de dimensión social y humana. Todos podemos contribuir desde con nuestra pequeña luz para superar este momento de oscuridad. 

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