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Abusos a menores, Cardenal Pell condenado a seis años 

KARDYNAŁ GEORGE PELL
AFP/EAST NEWS
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La sentencia en el sexto aniversario de la elección del papa Francisco, jamás, hasta la fecha, el jefe de un dicasterio vaticano había sido condenado por abusos a menores

El cardenal George Pell ha sido condenado a 6 años de cárcel en Australia por agredir a dos niños del coro a final de los años noventa en la Catedral de Saint Patrick en Melbourne, cuando era obispo auxiliar de la archidiócesis en 1996. 

El ex tesorero del Vaticano es el prelado con más alto rango en el Vaticano encontrado culpable por delitos sexuales contra dos niños, 12 y 13 años de edad, en ese momento. 

Una sentencia que las asociaciones de víctimas consideran mínima, dado que 50 años de prisión prevé la ley frente a las cinco imputaciones por abusos sexuales a menores. 

Pell es culpable de “crímenes atroces”, según el juez que leyó la sentencia en directa televisiva internacional cuando en el Vaticano el reloj marcaba la media noche e iniciaba el sexto aniversario de la elección de papa Francisco, 13 marzo 2019, mientras 63 obispos y cardenales de la Curia romana acompañaban al Papa en los ejercicios espirituales en Ariccia, fuera de Roma. 

El juez de primera instancia Peter Kidd, sostuvo que la condena es casi de por vida debido a la edad del condenado, 77 años, y que no saldrá de la cárcel bajo palabra antes de que pasen 3 años y 8 meses. Además, la ley australiana marcará de por vida a Pell como agresor sexual.  

Al sentenciar a Pell, el juez dijo que el clérigo había cometido “un ataque sexual descarado y forzado contra las dos víctimas”. “Su conducta fue marcada por una arrogancia asombrosa”, añadió.

El cardenal escuchó la sentencia resignado en un sobrio vestido gris y sin cuello clerical desde el Tribunal del Condado de Victoria en el centro de Melbourne. 

Pell se declaró inocente y apelará el veredicto como ultima posibilidad. El resultado podría llegar a final de junio. Actualmente, se encuentra detenido en el Melbourne Assessment Prison, en régimen de aislamiento de otros detenidos para evitar represalias.

En diciembre, un jurado condenó por unanimidad a Pell de un cargo de penetración sexual de un niño menor de 16 años, y de cuatro cargos por cometer un acto indecente a otro menor.

Sin duda se trata de un duro golpe para el pontificado de Francisco que había nombrado a Pell su hombre de confianza en la reforma de las finanzas del Vaticano. Pell actualmente es elector en un eventual conclave. 

Sin embargo, Francisco no permitió que Pell se acomodara en el Vaticano totalmente hasta el límite de la inmunidad diplomática y otros obstáculos legales posibles, sino que le invitó a defenderse de las acusaciones ante la justicia de Australia, donde era requerido, luego de darle una dispensa del cargo. 

Hasta octubre de 2018, el cardenal australiano hizo parte del Consejo de cardenales que ayudaba al papa en la reforma de la Curia romana. Francisco lo había nombrado un mes después de subir al solio de Pedro, para luego confiarle la Secretaria de la Economía. 

La acusación por pedofilia contra el cardenal en 2017, indujo a Pell a presentar la renuncia al Papa. Sin embargo, Bergoglio quería justicia, no justicialismo, además porque hasta el final el prelado se declaraba inocente. Así, no acepta la renuncia, pero le da una salida ‘decorosa’ con la obligación de ir a enfrentar la justicia en su país y que le esperaría si resultaba libre de todos los cargos.

Cosa que no sucedió. Los fiscales aseguraron que Pell había abusado de los niños después de una misa en la catedral de Saint Patrick (San Patricio) en 1996, cuando era arzobispo de Melbourne. 

Después de decirles que estaban en problemas por beber vino de consagrar usado en la comunión, Pell obligó a cada niño a cometer actos indecentes, según el tribunal. Abusó nuevamente de uno de los chicos en 1997. 

En el aula del tribunal se escuchó el testimonio de una de las víctimas. El otro falleció por sobredosis de heroína en 2014.

Ante las pruebas, el juez Kidd argumentó que los crímenes de Pell fueron particularmente crueles debido a un desequilibrio de poder “rígido”.

“Usted fue el arzobispo de la Catedral de Saint Patrick (San Patricio), nada más ni nada menos, y abusó sexualmente de dos coristas dentro de esa catedral. […] Incluso usted le dijo a sus víctimas que se callaran porque estaban llorando”, explicó el juez. 

El juez Kidd agregó que la condena no es contra la religión católica y se demostró algo clemente con Pell, pues aseguró no debe “convertirse en un chivo expiatorio” por fallas más amplias dentro de la Iglesia Católica.

La condena de Pell se ubica a pocas semanas después del Encuentro para la Protección de los menores en la Iglesia católica (21-24 de febrero 2019) y en la que participaron 190 expertos, obispos y cardenales de los cinco continentes, convocados por el Papa.

Por su parte, el Vaticano ha anunciado que después de la sentencia en primer grado contra el cardenal Pell, la Congregación para la Doctrina de la Fe se ocupará ahora del caso en los “modos” y con los “tiempos establecidos por la normativa canónica”. 

Caber recordar en esta línea, el procedimiento que despojó de la púrpura al ex cardenal de Washington, Theodore Edgar McCarrick, y la expulsión del estaco clerical después de ser condenado por la CDF por actos indebidos durante la confesión y violaciones del sexto mandamiento del Decálogo contra menores y adultos, con el agravante del abuso de poder. 

En suma, se trata de dos cardenales caídos en desgracia por sus abusos, McCarrick y Pell, que se siguen a otro caso de las semanas anteriores y que ha llenado las primeras páginas de los medios internacionales, la sentencia por encubrimiento contra el cardenal Philippe Barbarin. 

El también arzobispo de Lyon, Barbarin, se encontrará con el Papa el próximo 18 de marzo para presentar su renuncia, tras ser condenado a seis meses con la condicional por no denunciar los abusos de menores cometido en los años setenta y ochenta contra niños scout por parte del sacerdote Bernard Preynat

Por último, los escándalos en Chile siguen conmoviendo la opinión pública y desestabilizan la credibilidad de la Iglesia en el país. Tras el escándalo que involucra al cardenal Ricardo Ezzati, quien ha sido citado a juicio por el supuesto encubrimiento del sacerdote Tito Rivera, discípulo y amigo del agresor sexual en serie, el ex párroco del Bosque, Fernando Karadima.

El caso de Rivera ha causado conmoción en el país debido a que la víctima de abuso ha sido un hombre adulto, 40 años, caído en indigencia, quien narró fue a la Catedral de Santiago a pedir una ayuda para comprar una medicina para su hija enferma. Y en su versión, asegura, que el sacerdote lo violó después de drogarlo dentro de una habitación en los pisos superiores de la misma Catedral. 

El Papa ha establecido que ningún caso de abuso deba ser subestimado y continúa la batalla de la ‘tolerancia cero’, abierta por Benedicto XVI, tras convocar a la cúpula de la Iglesia chilena a Roma y escuchar a las víctimas de abuso del caso Karadima, incluso llamando a una de ellas, Juan Carlos Cruz, a ser escuchada en una sede separada por los organizadores de la Cumbre anti abusos apenas realizada en Roma en el mes de febrero. ¿Caerán más cabezas en el Vaticano en la campaña limpieza exigida por el papa Francisco? 

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