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La pedofilia no es una patología ligada al celibato

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Antoine Mekary | ALETEIA
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¿Se puede ser feliz renunciando a tener pareja para consagrarse totalmente a Dios?

El padre Ronald Rolheiser –Misionero Oblato de María Inmaculada— ha escrito en la revista digital Angelus News un artículo cuyo título define su contenido completo: “Celibato, una apología personal”.

Consciente de que el celibato actual, ya sea por compromiso religioso o por elección vital, “es sospechoso, está bajo asedio y ofrece demasiado poco como una apología útil a sus críticos”, el sacerdote estadounidense se hace la pregunta sobre si se puede creer en el valor del celibato consagrado.

El padre Rolheiser propone que la única respuesta real que se puede dar, debe venir de uno mismo, de él mismo, de su propia vida.

“¿Cuál es mi respuesta a una cultura que, en su mayor parte, cree que el celibato es a la vez una ingenuidad y un dualismo que se opone a la bondad de la sexualidad, hace que sus adeptos sean menos humanos y se encuentra en la raíz de la crisis clerical de abuso sexual al interior de la Iglesia católica? ¿Qué podría decir en su defensa?”.

¿Hay relación entre celibato y pedofilia?

El sacerdote refiere en su reflexión que prácticamente todos los estudios empíricos indican que la pedofilia es un diagnóstico no vinculado al celibato.

“Pero luego déjenme reconocer su inconveniente: el celibato no es el estado normal de nadie. Cuando Dios creó al primer hombre y la primera mujer, dijo que no era bueno que el ser humano estuviera solo. Eso no es solamente una afirmación sobre el lugar constitutivo de la comunidad dentro de nuestras vidas (aunque sea eso); es una clara referencia a la sexualidad, su bondad fundamental y el lugar que Dios pretende en nuestras vidas”.

De ahí, según el padre Rolheiser se deriva que el ser célibe, particularmente el elegir el celibato, lleva en sí mismo peligros muy reales.

“El celibato puede, y en ocasiones lo hace, llevar a un sentido malsano del propio yo relacional y sexual y a una frialdad que a menudo es crítica. Comprensiblemente, también puede llevar a una preocupación sexual poco saludable (…) y proporciona acceso a ciertas formas de intimidad dentro de las cuales puede ocurrir una peligrosa traición a la confianza”.

Más adelante, en su importantísima reflexión, el sacerdote reconoce otro gran peligro, y es que el celibato puede ser un vehículo para el egoísmo.

En pocas palabras, sin las exigencias de constricción que conllevan el matrimonio y la crianza de los hijos, “existe el peligro siempre presente de que un célibe pueda, inconscientemente, arreglar su vida demasiado para satisfacer sus propias necesidades”.

No es popular, porque no es para todos

En la parte central de su reflexión, el padre Rolheiser señala algo que es fundamental: que el celibato ni es para todos ni es para muchos. Contiene algo que el propio sacerdote llama “una anormalidad inherente”.

Con justa razón indica que el celibato consagrado no es simplemente un estilo de vida diferente. “Es anómalo, en términos del sacrificio único que te pide, donde, como Abraham que sube a la montaña para sacrificar a Isaac, se te pide que sacrifiques lo que es más precioso para ti”.

Y algo más: el celibato consagrado, como la música o la religión, debe ser juzgado por sus mejores expresiones y no por sus aberraciones.

El celibato no debe ser juzgado por aquellos que no le han dado una expresión sana, sino por las muchas mujeres y hombres maravillosos, santos del pasado y del presente, que le han dado una expresión sana y generativa.

Se podrían nombrar a numerosos santos del pasado o personas maravillosamente sanas y generativas de la actualidad como ejemplos en los que el celibato ha hecho una vida sana y feliz que inspira a otros: la Madre Teresa, Jean Vanier, Oscar Romero, Raymond E. Brown y Helen Prejean, por nombrar solo algunos.

“Personalmente, escribe el sacerdote estadounidense, conozco a muchos célibes muy generosos, de votos, que envidio y que hacen creíble y atractivo al celibato”.

Enriquecedor y abierto

El padre Rolheiser lleva más de cincuenta años de sacerdote y está en una postura privilegiada para mostrar que, al igual que el matrimonio, aunque de una manera diferente, el celibato ofrece un rico potencial para la intimidad y la generatividad. “Como celibato prometido, estoy agradecido por una vocación que me ha llevado íntimamente al mundo de tanta gente”.

“El deseo natural dado por Dios a la intimidad sexual, a la exclusividad en el afecto, al lecho matrimonial, a los hijos, a los nietos, no los abandona, y no debería hacerlo. Pero el celibato ha ayudado a traer a mi vida una intimidad rica, consistente y profunda. Reflexionando sobre mi vocación de celibato, todo lo que puedo sentir legítimamente es la gratitud”, señala el padre Rolheiser.

Y remata su reflexión con este párrafo: “El celibato no es para todos. Te excluye de lo normal; a veces parece brutalmente injusto; está lleno de peligros que van desde la grave traición de la confianza hasta la vida egoísta; y es una falta en tu misma castidad, pero si se vive con fidelidad, puede ser maravillosamente generativa y no te excluye de la intimidad real o la felicidad real”.

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