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Free Solo: Amor y miedo en una escalada

FREE SOLO

National Geographic Documentary Films

Enrique Anrubia - publicado el 28/02/19 - actualizado el 28/02/19

De entre las muchas respuestas anecdóticas en la historia del alpinismo o la escalada existen dos que sintetizan el esqueleto del documental Free Solo y lo que ha supuesto el reto de Alex Honnold

Cuando un periodista norteamericano le preguntó al británico Mallory por qué quería escalar el Everest (cuando semejante proeza aún no se había realizado), en un tono entre enigmático y jocoso, Mallory respondió: “Porque está ahí”. Mallory hacía gala de cierta injustificación a lo que es difícil de justificar. La escalada es una actividad que se hace o no se hace, pero no se realiza en base a una racionalización previa.

Resulta todo esto algo parecido a por qué a alguien le puede gustar el chocolate: ciertamente puede dar razones de por qué le gusta el chocolate, pero no se lo come propiamente por esas razones, simplemente se le come porque le gusta.

En las actividades montañeras sucede algo similar. Terray, gran escaladory montañero francés, dio cierta respuesta en el título de su gran libro, al explicar que los montañeros son “conquistadores de lo inútil”. La satisfacción del logro, la experiencia en una naturaleza desbordante, las endorfinas disparadas, el efecto placebo y todos esas consecuencias son siempre o bien posteriores o bien laterales a la actividad misma.

Warren Harding fue la primera persona que escaló el Capitán en su pared más difícil (Dawn Wall) en el parque natural de Yosemite (USA). Si Mallory era la personificación del inglés culto y letrado que tiene una intelectualidad de base, Harding era un obrero de la construcción con unos más que obvios problemas con el alcohol.

La proeza de Harding en 1970 se convirtió en mediática porque consiguió lo impensable, porque rechazó cualquier tipo de rescate y porque, en el fondo, él mismo era un personaje mediático. Cuando llegó a la cumbre (y el lector ha de saber que El Capitán es de esas montañas que por un lado es una brutal pared vertical y por el otro es una planicie que se puede subir andando) le esperaban decenas de periodistas. Allí se congregó una improvisada rueda de prensa. “¿Por qué hacéis esto?” le preguntó un periodista. Harding respondió con sonrisa socarrona lo que el periodista quería oír: “¡Porque estamos locos!”.

Free Solo es el documental que ha ganado merecidamente el Oscar al mejor documental, y para un espectador no escalador la historia estará entre una locura y un hecho extraordinario pero de difícil explicación. Jimmy Chin, el productor y director de la cinta junto a su mujer, la también directora Elizabeth Chai Vasarhelyi, ha explicado casi a la perfección lo que la cinta significa.

El documental, como historia narrativa, es simple: se trata de la escalada de la pared del Capitán por parte de Alex Honnold. Lo que convierte a la historia en fascinante es que El Capitán es una pared de casi mil metros (coja usted el edificio más grande su ciudad y multiplíquelo por 5 o 6 o 10), y, además, existe el minúsculo detalle de que Alex Honnold lo escala sin ningún tipo de cuerda o elemento de seguridad. En el castellano más popular: a pelo. Es el estilo de escalada que se llama “free solo”.

Chin explica que para un no escalador el documental será visto como algo tan espectacular como loco, pero para los que son escaladores, es decir, para los que de verdad saben lo que Alex Honnold está haciendo, será algo que les pondrá la carne de gallina, algo impensable, inconcebible y que en cierto sentido les aterrará.

También Chin ha ofrecido una buena explicación para los profanos a la escalada de lo queimplica la escalada de Honnold con el símil de un maratón. Es conocido que la maratón nunca se ha bajado de dos horas. Se cree que es posible hacerlo, pero por ahora es un límite que ningún deportista de élite ha logrado. Posiblemente muchos deportistas hablen constantemente de ello y se estén preparando para lograrlo. Más pronto que tarde ese límite caerá.

Chin (que es también un escalador profesional además de director y fotógrafo) propone ese panorama donde todos los corredores profesionales del mundo hablan de batir ese record de las dos horas, y, de repente, uno de ellos consigue realizar la maratón en menos de una hora. Bueno, pues eso es lo que Alex Honnold ha hecho escalando en free solo El Capitán.

No es que ha batido un record aún inalcanzable, es que ha hecho lo literalmente lo impensable, es decir, lo que ni siquiera en las conversaciones de los grandes profesionales es una meta difícil pero probable. Honnold no ha batido un record, Honnold se ha salido de la tabla de lo posible. No hay nadie, por decirlo así, que puede igualar lo que ha hecho porque el resto están aún intentando bajar, por seguir con la metáfora de la maratón, de las dos horas.

Cinematográficamente el documental es de suyo muy interesante por muchas razones. Aquí vamos a dar solo algunas.

En primer lugar, el documental se basa en una historia que de suyo no se sabe si se va a realizar. Son casi tres años de rodaje sin saber si el final va a ser posible porque la historia gira en función de la vida misma de Honnold. No hay un guión preestablecido. Se rueda sin saber el final. En ese sentido es diferente a todos los documentales, porque ya no es tanto que se sigue el día a día y el guión se escribe según el momento (que también) sino que el fin del documental (la escalada) es absolutamente incierto.

Honnold y Chin son amigos desde hace más de diez años, y cuando Honnold le dijo a Chin que tenía en mente hacer esa escalada, Chin entendió que esa proeza era digna de ser filmada, pero, ahora bien, sabía que era una apuesta ciega porque la escalada era de tal magnitud que nadie sabía si era posible.

En segundo lugar, y como el espectador puede suponer, la escalada de Honnold tiene un componente mental enorme. Si bien la dificultad física es innegable, la mental es la que es extraordinaria. Chin, consciente de ello, sabía que tenía que filmar de un modo concreto: sin molestar la concentración de Honnold lo más mínimo, porque cualquier despiste podía provocar un efecto mortal.

Eso significa (y el documental también lo muestra) una maestría en lo técnico: la no utilización de drones cerca del escalador, la especial situación de micros (Honnold tenía cosida en la magnesera de forma especial la batería del audio), cámaras ocultas (sólo que a mil metros del suelo), etc. Además de contar con un equipo de cámaras que a la vez fueran escaladores profesionales de primer nivel. El despliegue técnico es otra proeza que la Academia de Hollywood ha sabido premiar y ver y se nota mucho el valor de la fotografía (Chin es autor también del documental Meru y fotógrafo oficial del National Geograhic)

En tercer lugar, la cinta tiene un componente ético evidente que también está incluida dentro de la propia trama. Para Chin era obvio que semejante escalada era un hito histórico para filmar. Nadie lo dudaría. Ahora bien, Chin era consciente de que al mismo tiempo podía estar filmando la posible muerte de su amigo. ¿Es ético?

Eso significa que el documentalista no solo tiene que interferir lo menos posible sino que está totalmente (y totalmente significa “totalmente”) al servicio de Honnold, tan al servicio que Honnold ha de tener la potestad de poder decir “no lo hago” echando a la basura tres años de trabajo de Chin. Es Honnold quien va a decidir.

Posiblemente solo Chin podía hacer eso: primero porque es escalador profesional y sabe perfectamente lo que está haciendo Honnold; segundo, porque además son amigos. Si ciertamente solo Honnold podía hacer lo que ha hecho, también cabe decir que solo Chin podía ser el codirector de esa cinta. Uno de los aciertos del documental es que casi de forma imperceptible el espectador también se mete en el papel de Chin, sufre con él y respira aliviado (como Chin lo hace) cuando todo termina.

En cuarto lugar, está la maestría en el montaje y la postproducción de la codirectora Elizabeth Chai Vasarhelyi. Chai supo ver en el personaje de Alex Honnold algo más que un deslumbrante escalador fuera de lo común por sus proezas montañeras. Si Jimmy Chin era el director “de campo”, Chai era la que le daba consistencia y enfoque a la narración. A Chai hay que deberle la perfección del montaje y el guión (es una documentalista galardonada) y la inclusión de la historia de Honnold con su pareja Sanni. Eso hace del documental algo más cercano al espectador pero también le da valor fílmico y profundidad a la historia.

Sin duda es un documental que está entre los mejores de la historia del cine de montaña (ya ha ganado el Bafta británico y ahora el Óscar). La historia en sí, la intrahistoria humana de Honnold y las espectaculares imágenes de la cinta, hacen más que recomendable su visionado. Dejará un regusto fantástico y más de una buena conversación posterior.

Ficha Técnica

Título: Free SoloDirectores: Jimmy Chin, Elizabeth Chai VasarhelyiAño: 2018 País: EE.UU.Duración: 97 min.Música: Marco BeltramiFotografía: Jimmy Chin, Matt Clegg, Clair PopkinReparto: Alex Honnold, Sanny McCandless, Tommy Camdwell.Productora: National Geographic  

Tags:
cine
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