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“¿Qué hacer cuando mi hijo pequeño se toca los genitales?”

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La madre de un niño de 5 años acude al consultorio de Aleteia

— ¡Me apena decirlo, pero estoy desconcertada, mi hijo Toñito de apenas 5 años se toca insistentemente los genitales y me hace preguntas… usted sabe! Se me figura que tiene una extraña malicia. ¡Para colmo, he visto los libros que le han dado en la escuela y traen cada dibujo e información que no me atrevo a verlos con él, y menos explicárselos!  

—Entiendo su preocupación pues en algunas instituciones se está dando a los niños una “educación sexual” nada apropiada. pero es necesario analizar el problema desde diferentes perspectivas: 

Según la manera en que fuimos educados puede parecernos difícil comprender que los niños son seres sexuados y que requieren desde la más tierna infancia de una educación sexual para el desarrollo de su personalidad. Por ello no es conveniente retrasar esta tarea y comenzar a tiempo.

La primera infancia es la edad de la inocencia y el pensamiento mágico, una etapa cuyo pensamiento es concreto y se enfoca en el aquí y el ahora. A través del juego se acercan al mundo en el que viven. Toñito, al igual que los niños de entre 2 y 6 años, comienza a tener curiosidad sexual sobre su propio cuerpo. Es cuando podemos encontrárnoslos tocando sus genitales en busca de sensaciones. No tienen malicia ni se esconden. En tal caso, con naturalidad, sin humillar ni castigar, se debe reorientar conducta distrayéndolo o reconduciéndolo al juego. 

Primeras preguntas

Inevitablemente comenzarán a hacernos las primeras preguntas. Eso es lo más natural y conveniente por lo que nuestra respuesta ha de ser igual: natural y conveniente.

Se deben evitar estos errores a la hora de educar sexualmente a nuestros hijos:

  • Interpretar con ojos de adulto las manifestaciones infantiles de la sexualidad.
  • Atender inadecuadamente las dudas del niño al evadir preguntas, por ejemplo
  • Burlarse de él
  • Cuestionar su comportamiento, no vaya a ser que pierda confianza
  • No llamar a las cosas por su nombre
  • Contestar más de lo que el niño pregunta. 

Lo importante es pues usar un leguaje adecuado a la edad y a la madurez del niño. Conviene ir de lo sencillo a lo complejo, fijándose en la respuesta emocional del niño, que, por lo general, se dará la vuelta y seguirá en lo suyo, el juego.

A nuestros hijos les espera una avalancha de hedonismo que se propaga a través de “inocentes caricaturas”, cine y series acentuadamente eróticas. Estarán expuestos a la pornografía que se cuela en las pantallas que manejen y a través de internet. Además serán el objetivo de modas y costumbres impúdicas muchas veces difundidas por famosos y celebridades.

Los niños de hoy son muy vulnerables y corren el riesgo de una erotización que provoca daños tal vez imperceptibles ahora pero  tarde o temprano saldrán a flote.

¿Qué hacer para contrarrestar su nefasta influencia?

Acciones concretas no negociables

  • Un modo de ser en la familia en el que se cuida y  respeta la intimidad de cada uno
  • Cuidar el pudor entre hermanos y entre padres e hijos.  
  • Evitar que los niños anden desnudos por la casa, por muy pequeños que sean. 
  • Vestirles como niños, o como niñas, no con ropa de moda para adolescentes o adultos
  • Los hermanos no deben de dormir en la misma cama. 
  • Los padres no deben excederse en sus manifestaciones de cariño delante de los niños. 
  • No besar en la boca a los niños. 
  • No ver escenas eróticas delante de los niños. 
  • No escuchar canciones eróticas con niños en casa.

Educación afectiva 

“Ve tan lejos como te alcance la vista que de ahí podrás ver más lejos todavía”, dice el refrán. Y es que la educación sexual ha de abordarse desde la perspectiva afectiva e implicar a los sentimientos. Hemos de enseñarles a amar, porque ha de ser el amor el sustento de la sexualidad. 

Con esta visión el niño aprenderá a valorar su cuerpo en todas sus dimensiones: belleza, salud, expresión y sensibilidad. Aprenderá también a  reconocer la riqueza de la sexualidad a nivel corporal y a valorar el cuerpo como una forma de estar en el mundo y por lo tanto cuidarlo, respetarlo y darle una adecuada dirección.

Por Orfa Astorga de Lira

Escríbenos a: consultorio@aleteia.org 

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