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Concéntrate en tus hijos y aplica el “mindful parenting”

PARENTING
Zodiacphoto - Shutterstock
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Dedica toda tu atención a tus hijos que te necesitan en su día a día

Hay muchos modelos para guiar la tarea de los padres. Uno de ellos se denomina mindful parenting que podríamos traducir como crianza consciente. Este modelo de parentalidad  procede de los conceptos y las prácticas de la mindfulness (atención consciente). Este último concepto se puede definir como “la conciencia que emerge al prestar atención intencional, en las circunstancias presente, y sin juzgar el desarrollo de la experiencia,  momento a momento” (Jon Kabat-Zinn, psicólogo especialista en la reducción del estrés). 

Si estas prácticas las aplicamos al plano de la relación  entre  padres  e  hijos el resultado es el mindful parenting. Estamos ante unos modos de percepción y relación con el otro y con uno mismo que  proceden del Budismo.  Sin embargo esta atención consiente se considera una capacidad inherente a los humanos independientemente de cualquier religión o creencia.

Progresivamente  la  investigación en este campo se ha ido occidentalizando y se ha aplicado como terapia a conflictos y situaciones personales estresantes con buenos resultados. Hay dos aplicaciones: una preventiva y otra, terapéutica, ya más focalizada en casos concretos.

Nos interesa la versión preventiva del mindful parenting porque señala que la vorágine de una parentalidad descuidada y egoísta en la relación padres-hijos acaban convirtiéndose en una situación psicológicamente poco saludable para padres, niños y adolescentes. Hablamos de una relación tóxica donde los padres se relacionan con sus hijos de un modo rutinario, poco consciente de lo qué le sucede al niño, ajenos a sus sentimientos, afectos y pensamientos interiores. Un padre o una madre estresados sobrevuelan la relación con sus hijos sin apenas saber qué le pasa al menor. Tienen la cabeza llena de asuntos que considera más importantes y leen muy mal las señales que emite el pequeño, o el adolescente. Incluso pueden adoptar una actuación aversiva en la que le rechazan las demandas del menor o, simplemente, las ignoran. Son progenitores que siempre tienen  otras prioridades.

El mindful parenting propone detenerse y adentrarse en la relación paterno-filial olvidando todo lo demás. Se trata de observarlo atentamente para saber qué le sucede y responder contingentemente a las necesidades de cada circunstancia concreta. Plantea ganar la serenidad para olvidar toda preocupación y aceptar el momento presente. Exige apartarse de la reactividad y el rechazo, y reclama dispensar una atención plena que implica a todo el cuerpo y toda la mente: somática, cognitiva y comportamentalmente.

La tradición occidental insiste en que hay que atender al otro compasivamente, con cuidado, atento a sus necesidades, amable ante sus problemas, con capacidad de perdón. La práctica del mindfu parenting es muy precisa: hay que respirar de otro modo, moverse de otro modo, mirar de tal manera que el otro es aceptado tal como es sin atribuciones erradas, sin quejas, sin juicios. La dificultad está en que esta actitud dure en el tiempo y nos sea flor de un día.

El objetivo es cambiar la perspectiva global dado que mantener una atención consciente y focalizada es difícil en el ritmo estresado de nuestras vidas. Nos cansamos y la intensidad de estar presentes en la relación al cabo de los minutos se desmorona y perdemos atención. Es entonces cuando “perdemos” al otro: el niño, el adolescente. El hijo desaparece y ya no se le ve: sólo se ve que es un estorbo o un impedimento para nuestros siguientes objetivos.

Nuestros pensamientos, expectativas y evaluaciones distorsionan la realidad del momento presente y se nos llevan mentalmente a otro lugar en el pasado o en el futuro.

Las enseñanzas del mindful parenting se ocupan de repensar estas distorsiones, estas renuncias o prejuicios. La tarea puede ser titánica en los inicios: hay que ejercer una fuerte autorregulación para no “irse” o para no “prejuzgar”. Luego la habituación y el ejercicio constante de estar ahí presente logra un cambio de paradigma: los padres descubren que esa inversión en la relación con sus hijos tiene frutos en la salud psicológica del niño, del adolescente y propia.

No se trata de solo calmarse y calmar al niño sino que se trata de entenderse a uno mismo para entenderle. Gradualmente la confianza crece y la disciplina se suaviza y el inicial esfuerzo se convierta en una tarea asequible y gratificante.  

 

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