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¿Tu vida tiene sentido? ¿Qué haces con tu tiempo de ocio?

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Para muchas personas el tiempo libre es “un tiempo vacío”, visto solo como descanso del trabajo

La gente hoy padece el ocio, se vuelve insufrible el no saber qué hacer con él. En uno de sus últimos ensayos, titulado “Buen entretenimiento”, el filósofo Byul-Chul Han, se detiene a analizar el ocio y la vivencia actual del tiempo libre. Afirma que bajo la presión del trabajo nos hemos olvidado de jugar y el ocio solo sirve en la actualidad como un mero descanso del trabajo.

Ya el ocio no es tiempo gratuito, sino instrumentalizado para descansar con vistas a un mejor rendimiento laboral. Y es que para muchas personas el tiempo libre es “un tiempo vacío” que tratamos de llenar como podamos con entretenimientos que nos atontan cada vez más. El aumento del estrés hace que el descanso no sea reparador, sino una simple pausa para seguir en la carrera productiva.

El filósofo coreano-alemán afirma que el ocio se ha convertido en “un insufrible no hacer nada”, en una “forma vacía de trabajo”. El entretenimiento ya no es juego, sino “desconexión mental” para luego volver a la tarea, pero ya no tiene un valor en sí mismo. 

Tiempo de trabajo vs tiempo de juego

Para Han un peligro que crece es que el único tiempo que exista sea el laboral y así la vida se vuelva fugaz y superflua. El filósofo contrapone al tiempo laboral, el tiempo festivo, donde entiende que el tiempo tiene otra duración, otra vivencia de la temporalidad, donde lo que importa no es la utilidad. Es preciso liberar la vida del tiempo laboral y entrar en un tiempo nuevo, en el tiempo festivo donde la vida recupera el valor de su duración y el gozo de vivir.

En la fiesta la vida se refiere a sí misma y no a los resultados, no al trabajo productivo. Cuando se pierde el sentido de la vida, cuando la finalidad no es otra que optimizar el tiempo, hacerlo más productivo, todo se acelera y todo se vuelve repetitivo.

El filósofo ve en los “atracones de series televisivas” un signo del consumo repetitivo sin fin. Nos apresuramos para pasar de una información a la siguiente, de un capítulo a otro, de una temporada a la siguiente, para no llegar nunca a un final, haciendo de la dinámica serial un hábito de vida. Los atracones de series son vistos por Han como una saturación de lo igual. Los hábitos seriales están pensados para hacernos producir y consumir más.

Muchas veces se nos ofrece “matar el tiempo”, como si tuviéramos la obligación de llenar un espacio vacío con algo, aunque no tenga mucho sentido, o simplemente nos divierta. En lugar de vivir, se nos invita a escapar de la vida.

La crisis del tiempo

En su análisis sobre las vivencias del tiempo, entiende que no es que haya en la actualidad una mayor aceleración como todos parecemos percibir, sino que el verdadero problema es que el tiempo carece de ritmo, carece de orden y de finalidad. No hay un hilo conductor que ofrezca sentido a la vida, sino un montón de instantes fraccionados y desconectados. Por eso hoy cuesta tanto una experiencia de duración, ya nada dura demasiado.

Sin embargo, la duración es lo que da estabilidad a la vida. ¿No será acaso la falta de duración la causa de la inestabilidad emocional en la que vivimos? Si nada dura, todo es inestable e incierto.

Según Han, somos más hiperactivos porque hemos olvidado como experimentar un tiempo pleno. Le quitamos a la vida la capacidad de demorar, de recrearse, de contemplar. Esta vivencia del tiempo para Han es la causa de la intranquilidad con la que vivimos ya naturalmente y es una de las raíces culturales de la epidemia de ansiedad y depresión que padecen millones de personas.

Cuando vivimos en una sociedad del rendimiento y de la productividad, cuando llegan los tiempos de ocio, no se sabe qué hacer con el tiempo libre. 

Cambiar la mirada

Para recuperar la capacidad contemplativa, que devuelve otros ritmos a la vida, se necesita un hilo conductor que de sentido y finalidad a la vida. La pérdida del valor de lo gratuito, del ocio, es una de las causas de la deshumanización de los espacios que nos enriquecen como personas. Nietzsche en la “Gaya ciencia” se lamenta de la abolición del ocio, de lo gratuito: “Se vive con el reloj en la mano (…), vivimos como quien permanentemente podría perderse algo. Mejor hacer algo que nada”.

La pérdida de valor en las relaciones humanas va de la mano con la pérdida de valor de la gratuidad. Cuando pierde su valor el tiempo ocioso, el encuentro con los demás ya no es motivo de profunda alegría, sino una realidad superficial, como una “actividad” más en la agenda. Es como si el tiempo libre estuviera vacío y hubiera que llenarlo compulsivamente con algo. 

Los antiguos filósofos griegos elogiaban el tiempo ocioso como el tiempo para la creatividad y el desarrollo del pensamiento. Tener tiempo libre era un privilegio, hoy parece que cada minuto tiene que estar ocupado para que tenga valor.  Por otra parte, la tradición judeocristiana invita siempre a las personas a vivir desde la gratuidad, y es lo gratuito lo que mueve a la acción de gracias y a la alegría de vivir. Porque lo más importante de la vida es gratis. 

El descanso no es lo opuesto al trabajo, porque el trabajo realizado con sentido también es una forma de descansar. Quien aprende a descansar en la vida cotidiana, a disfrutar de lo pequeño, de lo cotidiano, es capaz de vivir la gratuidad a lo largo de su vida. Un hilo conductor en la vida, una finalidad, un sentido por el que vivir, dan unidad a la existencia y nos rescatan de la atomización y de la aceleración que no va en ninguna dirección.  

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