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Pablo Ferrari, el informático que busca casa a los 'homeless' de San Francisco

PABLO FERRARI

nomads.ai

Jorge Martínez Lucena - publicado el 22/02/19

La solidaridad de este ingeniero se plasma en apps, softwares y otros proyectos informáticos como Félix, el Siri de los sin techo de San Francisco.

Pablo Ferrari estudió ingeniería informática en ICAI-ICADE y cine en la New York University. Fue al colegio en Madrid con los jesuitas, a excepción de cuando a los 15 años se marchó a Nebraska con los benedictinos a aprender inglés antes del bachillerato. Con 36 años ha protagonizado una carrera profesional que muchos se jubilan sin ni siquiera imaginar. Ha trabajado como productor cinematográfico y como consultor estratégico en Bain & Company, una de las grandes consultoras a nivel global. Ha sido emprendedor.

Fundó varias empresas, entre ellas Ibercheck, que sigue funcionando en España. Después se fue a California, a buscar nuevas oportunidades. Para conseguir el visado buscó trabajo allí y estuvo trabajando como Head of Cognitive en Verbio, una empresa española de inteligencia artificial y voz que quería asentarse en Silicon Valley. En sus ratos libres seguía con su pet project, consistente en ayudar a los homeless de su ciudad, San Francisco, y del resto de la bahía. Ahora, además de estar trabajando en la creación de una empresa de inteligencia artificial aplicada al e-commerce, ha sido esponsorizado por la ONG Matter of Trust para lanzar varios proyectos inteligentes solidarios con las personas sin hogar. Ha convertido su hobby en un proyecto tecnológico y empresarial non-profit.

Aprovechando su visita fugaz a España con su familia, para que su mujer dé a luz a su segunda hija, me encuentro con él en un bar, donde el hilo musical es de bossanova. Él va mucho más acelerado que eso. Cuando habla se percibe una indomable positividad. Su cabeza es un hervidero de ideas que lucho por sintetizar en esta entrevista. Su determinación se hace evidente: es un emprendedor nato y parece que nada pueda interponerse ya en la realización de su visión.

¿De dónde te surge este interés por los más pobres?

Es una cuestión de evidencias. En las calles de USA se está viviendo una crisis humanitaria gravísima. En San Francisco tenemos 7.000 personas viviendo en la calle. Si sumamos Berkeley y Oakland, hacia donde nuestro alcalde está echando a los homeless, hablamos de 10.000. En California sobreviven a la intemperie unos 150.000. Hay tantos porque hace buen tiempo y porque es un lugar rico, donde hay más recursos.

¿Cuánto llevas ayudando a personas sin hogar en tus ratos libres?

Cuatro años. En ese tiempo habré ayudado a 250 personas. Ha sido una cosa lenta. No puedo ayudar a más de cuatro a la vez, porque cada uno de ellos pide mucho tiempo. Mi propósito era que saliesen de la calle. No lo he conseguido en todos los casos, pero con el tiempo he ido depurando lo que llamo el método Campeón, que me ha dado un 71% de éxitos.

¿Qué perfil tienen las personas que te encuentras viviendo al raso?

Es curioso porque el 40% han pasado en algún momento por orfanatos o casas de acogida. En USA muchas familias acogen a estos chicos porque se les paga para ello. De modo que cuando éstos cumplen la mayoría de edad y dejan de recibir esos ingresos, los chavales vuelven a la calle. Tras eso, muchas veces llega la cárcel y la droga. Aunque cada uno tiene su historia. La mayoría de ellas muy duras.

¿Cómo funciona el método Campeón?

Me voy al Tenderloin o a donde sea y entro en relación con ellos en su habitad. Les doy un dólar y les pregunto para qué lo van a usar. Si detecto que tienen en mente algún proyecto tiro de ahí y quedo con ellos la semana siguiente. Si se presentan ya sé que tienen unas mínimas capacidades para organizarse. Les invito a comer y seguimos hablando de ese proyecto, que va a ser la excusa que voy a utilizar para ayudarles a organizar su vida.

¿Y solo con eso ya salen de la calle?

Sí, es sencillo. Se trata de tener paciencia, ir ganando su confianza y, poco a poco, poner en su conocimiento los recursos existentes en el sistema de beneficencia para que puedan organizarse y realizar su proyecto. Así, un buen día salen de la calle y, curiosamente, la mayoría deja inacabado el proyecto.

Llegado ese día, ¿mantenéis el contacto?

Algunos desconectan de todo el mundo anterior y no los vuelvo a ver. Yo lo entiendo. Se sienten un poco avergonzados de la vida que han llevado y quieren dejar atrás el pasado. Con otros, sin embargo, sigo manteniendo un cierto contacto.

¿Por qué has decidido meter la tecnología en todo esto?

Porque soy informático. Llevo ya varios años haciendo esto, embarrándome con esta gente y creo que ahora ha llegado el momento de escalar este método con la tecnología. Yo puedo hacer poco directamente. Además, hacerlo tiene un coste emocional que yo no sé qué tiempo podré sobrellevar. No puedes estarte toda la vida así. En cambio, desde el mundo de la tecnología se puede hacer mucho más evitando una implicación emocional que no siempre es posible.

¿Y cómo vas a seguir ayudando a los homeless de la bahía?

He dejado mi trabajo y me he puesto a dedicarle mucho tiempo a distintos proyectos que voy a ofrecerle a la ciudad de San Francisco para mejorar la vida de esta gente. Por un lado, me gustaría conseguirles a los homeless una casa, porque en la calle no se duerme y si no descansas no tomas una sola decisión acertada. Por el otro, estoy con nomads.ai, un software que es inteligencia artificial para ayudar a los trabajadores sociales con estas personas, y con Félix, una especie de Siri para los sin techo.

¿Cómo vas a conseguirles casa?

El ai ayuda a los case managers a encontrar el alojamiento más adecuado para cada uno de los homeless, teniendo en cuenta su perfil y maximizando, con la información que tiene, las posibilidades de reinserción en el sistema. También hemos fabricado casas móviles sobre ruedas que se enganchan a una bicicleta, por ejemplo, y que pueden usar como cama y trastero. Aunque no estoy contento con esta solución, porque les hace sentir demasiado cómodos viviendo en la calle y no salen de ella. Y, por último, hemos creado un sistema de ensamblaje de casas muy sencillo, con piezas completamente planas que no precisan de herramientas ni de conocimientos previos. Es ideal para montar y desmontar campos de personas sin hogar. En un camión te caben 150 casas desmontadas. Hemos dado respuesta a la plegaría de los políticos.

Explícanos un poco más de Félix, el Siri de los homeless

Es una aplicación que damos gratuitamente a las personas que viven en la calle. Tras el Obama-phone, todos los vagabundos tienen un teléfono móvil android. Félix lo que hace es darles información sobre los recursos disponibles en su entorno en función de sus necesidades. Si tú le dices: “tengo hambre”; él te dice dónde puedes ir a comer gratis a un lugar cercano. Si tú le dices: “Me quiero duchar”; él te contesta en qué lugares lo puedes hacer…

¿Seguís trabajando en nuevas versiones?

Sí, vamos añadiendo funciones. Estamos, por ejemplo, conectando Félix con nomads.ai, de modo que los case managers de la ciudad puedan ayudar a los homeless en el caso de que Félix no haya conseguido satisfacer sus demandas. Además, esto nos permitirá crear una especie de sharing economy del reciclaje solidario, en el que la fuerza de trabajo serán los vagabundos de la ciudad con Félix en su móvil, que podrán recoger plásticos y llevarlos a reciclar a los smart camps que queremos montar.

¿Sharing Economy?¿Smart Camps?

Sí, lo que queremos es organizar a los vagabundos como en Uber o Airbnb. Gracias a su teléfono sabemos dónde están. El ayuntamiento dice dónde hay que recoger plásticos y, una vez recogidos, se llevan a los campos inteligentes. Allí instalaremos unas máquinas de reciclar holandesas muy pequeñas que valen 2000 dólares. Si las alimentas, te devuelven una bobina de plástico para impresoras 3D que se convierte en el producto estrella de los homeless.

Así conseguís que empiecen a trabajar.

Sí, se trata de algo muy fácilmente comercializable. Nosotros nos podemos encargar de la distribución a precio de mercado. Aunque otra opción es que les instalemos impresoras 3D en el campo y ellos puedan utilizar ese plástico enrollado para fabricar objetos que necesiten. En ambos casos los tenemos ya trabajando en un proyecto y eso es un primer paso importantísimo para salir de la calle.

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