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¿Somos libres en las redes sociales?

WOMAN PHONE
By HBRH | Shutterstock
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Las personas cuanto más dominadas son, más libres se creen.

Muchos analistas de la sociedad, la cultura y la comunicación, debaten sobre las redes sociales y su impacto en la vida de las personas, donde la pregunta por la libertad se ha vuelto central: ¿somos más libres por el acceso a las redes sociales o más bien lo contrario? Pensadores contemporáneos como Zigmunt Bauman, Gilles Lipovetsky y Byul-Chul Han, no demonizan los medios digitales, reconocen su potencial emancipador, pero advierten de la ilusión de libertad que pueden crear.

La comunicación a través de los medios digitales es eminentemente emocional y donde podemos verlo mejor ejemplificado es en la política. Las redes sociales se ha vuelto un vertedero de emociones más que un lugar para pensar y discutir en serio. La cultura del acceso directo que generan las redes pone en crisis toda mediación y representación política.

Creemos que accedemos a todo y en realidad no tenemos una real injerencia en los cambios sociales y políticos por escribir frases en twitter, firmar declaraciones en Facebook, o poner fotos en Instagram. Nos sentimos bien creyendo que cambiamos el mundo dando nuestra opinión y en realidad el compromiso concreto con los cambios puede reducirse a algo meramente declarativo y pasamos a otro tema con gran facilidad. 

Paradojas de internet

Mientras que nos sentimos libres de publicar lo que queremos y comunicarnos con todos a la vez, entregamos voluntariamente una incontable cantidad de información personal, hasta detalles de nuestra intimidad, con un gran sentimiento de libertad, cuando en realidad estamos cada vez más controlados. El filósofo coreano-alemán Byul-Chul Han afirma que la dominación se ha consumado en el momento en el que se la hace pasar por libertad. Las personas cuanto más dominadas son, más libres se creen.

Las personas desnudan su vida en redes sociales, sin reparar en que están alimentando a quienes harán un gran negocio con toda su información personal. Por otra parte, reconoce que se pueden utilizar los medios digitales en forma razonable y con fines políticos, interactuando con otros en acciones comunes. Pero no deja de señalar el uso narcisista de los mismos, donde cada vez más, las personas en lugar de convertirlos en un espacio político, de discusión pública, desnudan su vida para satisfacer su egocentrismo y sentir que son vistos y atendidos por multitudes que le entregan sus “likes”. 

No se le puede echar la culpa a las redes, porque los medios son simples instrumentos. El problema es el uso que hacemos de ellos. Lipovetsky entiende que no es el mundo digital que nos hace mas narcisistas, sino que amplifican el narcisismo postmoderno. 

Cuando se confunde autenticidad con exhibicionismo

Hace pocos años, los estudiosos de la comunicación veían en las futuras transformaciones de internet un gran potencial de liberación, igualdad y empoderamiento de los más desfavorecidos. Pero el narcisismo postmoderno se ha apoderado del mundo digital, donde la “selfie” es una metáfora de nuestro tiempo. El mundo y los demás son un decorado del ego atrofiado.

El narcisismo creciente es un gran peligro para la convivencia social, donde cada uno se realiza a sí mismo, se produce a sí mismo, generando un culto al yo. Se disfraza de autenticidad lo que en realidad es exhibirse a sí mismo, aunque no se tenga nada significativo para decir. Incontables “youtubers” son seguidos tan solo por mostrar cualquier cosa insignificante de su vida cotidiana.  

La respuesta al narcisismo postmoderno es recuperar el sentido del “nosotros”, enseñar a salir de uno mismo para ver al otro, al diferente, al que piensa distinto. Construir un mundo más humano, más justo y más solidario requiere de personas que piensen menos en sí mismos y más en los demás.

La transformación social y la acción política requieren no solo de especialistas y de una comunicación eficaz, sino de acciones concretas en la vida de las personas. Para eso es preciso salir del mundo de las pantallas hacia el mundo real donde encuentro el rostro del otro que me interpela. 

Tomar el control de nuestra vida digital

Es ampliamente conocida y denunciada la creciente adicción a las redes sociales y la dependencia del smartphone, así como sus consecuencias devastadoras en la vida de niños, jóvenes y adultos, especialmente en lo que tiene que ver con sus vínculos. Se aconseja a los padres el control de las redes sociales de sus hijos, así como la importancia de la “desconexión” en momentos de encuentro familiar, evitando la dependencia que nos hace estar siempre pendientes de las redes. Para ello es preciso limitar el tiempo de uso de los medios digitales.  

En una entrevista del año 2016 al filósofo polaco Zygmunt Bauman, al respecto de las redes afirmó: “La gente (en las redes) se siente un poco mejor porque la soledad es una gran amenaza en estos tiempos de individuación. Pero en las redes es tan fácil añadir amigos o borrarlos que no necesitas habilidades sociales”. Muchas personas hoy no desarrollan habilidades básicas para la convivencia, refugiados en un mundo virtual donde creen poder controlar quien entra en sus vidas y quienes no. 

Para tomar el control es necesario tomar conciencia de los límites, posibilidades y riesgos del uso de las redes, no confundiendo el mundo real con el virtual. Si bien los dispositivos nos permiten aproximarnos a la realidad de muchas maneras, el entorno digital es siempre una representación de lo real. Aunque muchos lo vivan como “su realidad” y haya una retroalimentación entre la vida real y la vida en el mundo digital, lo cierto es que siempre es una creación artificial que incluso puede alterarse hasta distorsionar y falsear completamente la realidad.

Muchos creen que si una noticia es “tendencia” en las redes es un reflejo de lo que le interesa a la mayoría de las personas; pero no es cierto. La tergiversación y manipulación de la información alcanza en el mundo digital proporciones inimaginables. El desafío de encontrar en la avalancha informativa un contenido confiable, es una tarea titánica para muchos.

Hoy no solo se publican noticias falsas, sino que hasta se producen documentales sobre historia que tienen más de ficción y leyenda que de investigación histórica. Millones de personas consumen a diario información falsa sobre una interminable lista de intereses. La libertad va de la mano con la posibilidad de saber la verdad; nadie puede obrar libremente si permanece engañado.   

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