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6 actuaciones eficaces para educar a un hijo único

FAMILY
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El hijo único (o el nacido mucho tiempo después de otro hermano) crece en una situación psicológica particular: los padres deben ser conscientes de esas peculiaridades

Un hijo único (o uno nacido mucho tiempo después de otro hermano) tiene características especiales y crece en una situación psicológica particular, que es necesario que los padres comprendan con claridad.

El sitio Hacer Familia publicó un interesante artículo de la psicóloga y orientadora familiar Lucía Herrero, del que extraemos 7 consideraciones importantes y 6 actitudes que hay que alentar en los padres de hijos únicos:

7 aspectos a considerar

1 – Por un lado, la educación del hijo único tiende a ser simplificada y enriquecida por la relación más “exclusiva” con los padres, lo que hace que el niño, con frecuencia, madure y avance intelectualmente más que una persona que tiene muchos hermanos. Por escuchar con más frecuencia a adultos que a otros niños, el hijo único tiende a aprender más precozmente a construir frases, a razonar con más rapidez y a desarrollar un vocabulario abundante.

2 – Por otro, está privado de la riqueza de convivir con hermanos, en la que vienen “embutidas” experiencias importantes como la de lidiar con los sentimientos de envidia y rivalidad, así como la de compartir, pensar en el otro y convivir con las diferencias de personalidad.

3 – Además de eso, el hijo único puede tener una excesiva tendencia a la imaginación desbordante, pues la menor convivencia con otros niños le lleva a construir un mundo imaginario en el que no se ve solo.

4 – Por la misma razón, puede tener dificultades para adaptarse a los juegos colectivos, para integrarse en el mundo de los compañeros de su edad y superar el complejo de Edipo.

5 – Por el contrario, suele hacer que sus padres se unan más como pareja, ya que el cuidado de un hijo único es generalmente una preocupación compartida más intensamente entre esposa y marido.

6 – Esa misma relación de mayor proximidad, que es muy positiva, conlleva también el riesgo, sin embargo, de mayor inseguridad para el niño, ya que probablemente será más observada y vigilada – y se dará cuenta de ello.

7 – Por otro lado, el hijo único no tarda en darse cuenta de su propia posición privilegiada: con una vida más llena de cuidados, mimos e incluso caprichos, el riesgo que corre es el de sentirse el centro de las atenciones de toda la familia, volviéndose una persona difícil de satisfacer.

6 actitudes que hay que adoptar

En este panorama de pros y contras, los padres de un hijo único tienen que trabajar con él algunas cuestiones específicas, visando equilibrar las ventajas y desventajas de no tener hermanos:

1 – Compensen la excesiva convivencia del niño con los adultos, posibilitando que se relacione frecuentemente con otros niños de su misma edad.

2 – Llévenlo a la escuela desde pequeño, porque la vida de relación social con otros niños es la mejor “terapia” para un hijo único. Es importante, por ejemplo, que aprenda a compartir sus juguetes con amigos, vaya a casa de otros niños y también les invite a la suya.

3 – Tengan cuidado con la adulación y los mimos: en especial, los abuelos y los tíos suelen exagerar en los elogios y en la satisfacción de los caprichos del niño, pero incluso los propios padres no son inmunes a esta tendencia, que reduce la autoconfianza del niño. Hay que tener un cuidado especial  de no hacer las tareas que el propio niño puede hacer por sí mismo.

4 – Muy ligada a la postura superprotectora está también la actitud de codependencia entre padres e hijos. Debe existir una gran confianza mutua, no una gran dependencia mutua. El niño que es demasiado dependiente de los padres tendrá dificultades para formar una personalidad definida y para asimilar criterios propios a la hora de tomar decisiones. Por eso, los padres deben evitar que su opinión sea preponderante en las tomas de decisión del hijo: eso solo le lleva a siempre dudar entre o que él quiere y lo que los desearían.

5 – Pero cuidado: el otro extremo por parte de los padres también es muy frecuente y perjudicial. Con la buena intención de criar a un hijo independiente y seguro, muchos padres acaban cayendo en el error de ser demasiado rígidos o, en todo caso, de ser un tanto fríos en el trato al niño. Las muestras de afectividad, cariño y presencia amorosa son fundamentales para que el niño crezca confiado y sano: lo que se deve evitar no es el afecto, sino el sentimentalismo y la superprotección. El afecto y la convivencia amorosa son imprescindibles, en armonía con el respeto de la autonomía y la maduración confiada es sana para el hijo.

6 – Por esa misma razón, eviten entrometerse en las peleas tontas y normales que tendrán lugar en la convivencia de su hijo con otros niños de su edad, sean compañeros, amigos o parientes próximos. Dejen a su hijo aprender a resolver solo sus pequeños problemas cotidianos y sólo intervengan cuando juzguen que es realmente necesario.

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Adaptado a partir de material del sitio Hacer Familia

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